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Música

Joan Roca: «El jazz es libertad, expresividad, creatividad, riesgo»

Conocido por su militancia en Antònia Font, grupo que el día 15 ofrece el último de sus conciertos programados para 2022, el bajista mallorquín acaba de publicar ‘Minialien’, primer disco de Geometrical Sardine, trío que completan el batería Pep Aspas y el guitarrista Jaume Rosselló

Joan Roca, libertad, creatividad y riesgo

Joan Roca, libertad, creatividad y riesgo Bernardo Arzayus

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Joan Roca, libertad, creatividad y riesgo Gabi Rodas

‘Minialien’ es el título del primer disco del trío Geometrical Sardine, en el que también militan el batería Pep Aspas y el guitarrista Jaume Rosselló, pero en ningún caso es su primera aventura jazzística. ¿Fue el jazz la primera música de la que bebió?

No, yo soy un músico que comencé en la calle, en plan chusquero, aprendiendo con una banda, descubriendo cosas a través de los libros y discos, tocando con otros músicos que te enseñaban acordes… Empecé a los 17 años, ahora tengo 49. No había YouTube ni nada parecido, y encontré un camino en la música gracias a mi hermano, ocho años mayor que yo, que llevó a arreglar una guitarra española que andaba por nuestra casa. Mi primer recuerdo musical es el sonido de una flauta y mi primer instrumento fue un bajo eléctrico pero con el contrabajo me obligué a estudiar. Con el tiempo fui a profesores particulares, entré en el conservatorio, primero el profesional y luego el superior de clásica, y ahora últimamente he hecho el superior de jazz. Así que hará diez o doce años que estoy entregado al jazz.

¿Qué encontró en este lenguaje musical para entregarse a él?

Podrá venir alguien de otro país que no hable tu mismo idioma pero nos pondremos los dos a tocar juntos y se establecerá una comunicación. El jazz también es libertad, expresividad, creatividad, riesgo… Es una música en la que normalmente nunca te repites, y te fuerza a perfeccionar, a investigar, y por las armonías y melodías que tiene es una fuente expresiva muy grande. Así como el pop son faves comptades, es decir, estructuras muy claras donde la letra es muy importante y el papel como bajista es funcional, en el jazz encuentras un espacio enorme y abierto para la improvisación, es una música que se crea sobre todo en el directo.

¿Se siente encorsetado en el pop?

No. Uno como músico tiene que saber dónde está su lugar, no se puede hacer de jazzero en un grupo de pop ni tocar jazz basándote en el pop. Son lenguajes diferentes. Con Antònia Font yo he vivido momentos irrepetibles de mi vida que a estas alturas no experimentaré con el jazz, porque el pop es una cultura de masas, por llamarlo así, y el jazz está más limitado. 

Lenguajes diferentes, el jazz y el pop, que se dan la mano en el estreno de Geometrical Sardine.

Se puede decir que con este proyecto intentamos fusionar el lenguaje del jazz, rico y muy expresivo, con conceptos más de sonoridad pop, intentando encontrar aquellos elementos comunes que tenemos en nuestro imaginario donde puedan confluir lo que la gente del pop tiene en el coco y que el jazzero también se sienta identificado. Lo importante de la música es comunicarte, conectar con el oyente, de lo contrario, en mi opinión, la música no tiene sentido. 

¿Qué papel juega el directo en sus composiciones?

La mayoría de temas han sido paridos en el local de ensayo, en mi casa de Son Sardina. Algunas veces venimos con ideas preconcebidas pero son simplemente semillas que luego desarrollamos en el local. La creación es directa, entre los tres, sin prejuicios ni límites. Queremos mostrar nuestra visión de la música. Nos conocimos en el conservatorio superior de clásica y luego coincidimos en el de jazz, así que tenemos un lenguaje y unas vivencias comunes. Cuando ponemos en común todo el bagaje que tenemos cada uno —Jaume toca mucho rock y con Pep coincidimos en Dinamo, un grupo de ska— vemos que la química funciona y que hay alguna cosa original que decir. Nosotros buscamos una propuesta original.

¿Algo difícil de encontrar en la escena actual?

Veo que hay mucha gente que sigue unos patrones, eso no quiere decir que sean copias, pero al final creo que hay poca innovación, investigación y pocas aportaciones nuevas en la escena actual. Cuando estudiaba tenía un profesor que me decía: tú escucha a los que saben, copialos pero la gente ya no quiere oír a Paul Chambers, y si lo quiere escuchar le escucharán a él. Uno tiene que ser uno mismo. Buscar esa personalidad a veces es difícil porque te enfrentas a ti mismo y eso es un riesgo.

¿Cuál fue la respuesta del público en su estreno, hace unos días, en Can Alcover?

La verdad es que las sensaciones fueron muy buenas. Es un proyecto que todavía es desconocido pero vemos que a través de redes estamos enganchando a público de diferentes mundos musicales. En Can Alcover conectamos, y esperamos repetir el próximo sábado día 8 en Son Sardina, en la possessió de Rosa Tugores, a partir de las 19.30; el 26 de noviembre, a la misma hora, en el Convent de Sant Domingo de Pollença; y en el club de jazz s’Escat de Manacor en una fecha todavía por concretar. La idea es mostrar lo que hacemos fuera de Mallorca, pero eso ya será en 2023. Queremos dar pequeños pasos dirigidos a la consolidación del grupo. El trío te permite una movilidad que no te dan otros formatos.

Lo dice alguien que ha tocado en no pocos grupos.

En unos cuantos… El primero fue de rock y se llamaba Sang Espessa. La ilusión ya estaba y sigue ahí. Cuando uno empieza a perder la ilusión y comienza a pensar que eso es un trabajo y aparece la profesión y la facturación por encima de la creatividad y las ganas de renovarse creo que hay hacer un replanteamiento. Luego pasé por Tedeum, Antònia Font, Dinamo, U Jazz, The Machins… 

¿Ya se pueden decir los lugares en los que actuará Antònia Font en 2023?

Serán seis conciertos pero todavía no se puede decir dónde. Mallorca será uno de ellos, eso es seguro. Los conciertos de 2022 han sido para mí muy emotivos. Antònia Font es el proyecto de mi vida, ha ocupado casi la mitad de mi vida y me ha dado momentos espectaculares.  

Joan Roca, bajista Bernardo Arzayus

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