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Ingeniero técnico de telecomunicación jubilado

José Manuel Grandela: «La huella que todos reconocemos en la Luna no es la de Armstrong, sino la de Aldrin»

«Las últimas horas mientras el Apolo 11 se acercaba a su destino fueron intensas, conteniendo incluso el ánimo y la respiración»

José Manuel Grandela, ingeniero técnico de telecomunicación, trabajó para la NASA. | PERE ESTELRICH

¿Cómo vivió aquellos momentos históricos, del gran paso para la humanidad?

Si bien vivimos unos instantes históricos, sin duda, la experiencia empezó muchos meses atrás con toda la preparación muy profunda y muy seria. Eso no lleva que las últimas horas, mientras el Apolo 11 se acercaba a su destino fueran intensas, conteniendo incluso el ánimo y la respiración. Piense que todo estaba milimétricamente estudiado, pero había mil cosas que controlar y alguna podía salir mal y con riesgo para los tripulantes.

¿Por qué la estación de Fresnedillas fue tan importante?

Había muchos puntos de estudio y de seguimiento. Pero había tres en toda la Tierra que tenían un papel prioritario y una era la de Fresnedillas, que se construyó para la ocasión en año y medio. Y es que, al ser la Tierra esférica, la NASA no podía estar siempre en contacto con la nave desde un solo punto las veinticuatro horas del día, así que se eligieron tres centros, situados cada uno a ciento veinte grados de longitud para hacer el seguimiento: uno en el desierto de California, otro en el hemisferio sur en Australia y el tercero fue el español. Y Fresnedillas tenía condiciones óptimas para ello, pues no había cerca otras instalaciones que pudieran estropear o interceptar las señales que venían directamente de la nave.

¿Cómo llega usted a formar parte del equipo?

De forma casual. Vi el anuncio en un periódico y me presenté, sin tener muchas esperanzas. Y la cosa fue que me eligieron, a mí y a otros seis para sumarse a los ciento veinte trabajadores americanos. Las condiciones eran que, además de una formación concreta, los aspirantes dominaran perfectamente el inglés, eso era primordial, pues incluso te pedían conocimientos del habla americana coloquial. Y he de decir que ese contrato cambió mi vida radicalmente.

¿Es cierto que inicialmente no era Neil Armstrong el elegido para poner el primer paso?

Sí. Inicialmente era Edwin Aldrin el que tenía que bajar primero, pero por su situación en la nave, que hacía difícil que pudiera abrirse bien la compuerta y el temperamento de los dos, se cambió, unos meses antes, por Armstrong. Cosa que creó ciertos disgustos. Ahora bien, como que el que ya estaba en la Luna debía tomar fotos, la imagen que vemos del primer astronauta no es la de Armstrong sino de la Aldrin. Armstrong sale reflejado en la escafandra de su compañero, pero no en primer plano. Incluso, la huella que todos reconocemos no es la de Armstrong, sino la de Aldrin.

¿Cómo fue el momento del alunizaje?

Armstrong tuvo sus problemas. En un momento antes de alunizar se dio cuenta que no estaba en el sitio que se había calculado desde la Tierra y al que le había mandado el ordenador. Cambiar era arriesgado pues disponía solamente de un minuto de combustible y las órdenes que recibió eran que, si en cuarenta segundos no se había conseguido llegar a la superficie, se abortara la misión. Lo que hizo fue eliminar el sistema automático y empezó a pilotar manualmente, mientras Aldrin le cantaba los parámetros. Así que el alunizaje se hizo de forma manual, no de forma automática.

¿Podría haber sido la URSS la que llegara primero a la Luna?

Las pruebas que hacía la Unión Soviética estaban muy avanzadas. Había una pugna y una rivalidad enormes entre ellos y los americanos. Kennedy había prometido que antes de acabar la década de los sesenta, los Estados Unidos llevarían un hombre a la Luna y que además regresaría, pues había bulos según los cuales la URSS, que solamente anunciaba los éxitos y no las tentativas, lo había intentado y los astronautas habían muerto en el intento. Lo cierto es que en el lado soviético pasó una enorme desgracia: una enorme explosión durante una prueba de lanzamiento, en la que murieron astronautas, políticos y técnicos, frenó el avance en este sentido. Eso aceleró el proyecto Apolo.

¿Volverá el hombre a la Luna?

Sí. Y además será necesario si se quiere viajar a Marte, pues en la Luna tendrá que instalarse una base en la que las naves deberán parar para repostar alimentos y otros materiales. Piense que ir a Marte y volver es una odisea que durará tres años. Sin parar en la Luna es impensable. Y aun así es muy difícil.

Cuando usted mira la Luna, ¿qué ve: poesía o ciencia?

Curiosa pregunta. Pues mire, a veces empiezo leyendo o comprobando datos científicos sobre los vuelos tripulados para derivar hacia lecturas poéticas, tiernas, o que cuentan historias sobre nuestro satélite natural. Desde aquel día de julio, sí, la veo de otra manera, incluso veo la parte que no se muestra de ella, por motivos astronómicos. Piense que siempre vemos la misma cara de la Luna ya que su rotación y traslación duran lo mismo.

¿Qué piensa cuando ve películas sobre el espacio estelar?

Las miro con ojos técnicos, aunque en algunas veo ciertas similitudes con la realidad. Es el caso de Apolo 13, a la que me acerqué de manera crítica, pues yo había vivido la historia en directo, trabajando en la base, pero que al final salí del cine pensando que Hollywood se había acercado a lo que realmente había pasado. En cambio, otra que también es recomendable cinematográficamente, aunque demasiado larga, es El primer hombre, sobre la vida de Armstrong. La vi con López Alegría y al final nos miramos y él me comentó: «Es una película».

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