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Nadal Suau: «Hay que conseguir que Cristóbal Serra sea ‘trending’»

La antología 'El viaje pendular' reúne los textos esenciales del autor mallorquín, definido como el más original de la literatura española

Nadal Suau, ayer en la librería Rata Corner con ‘El viaje pendular'

Nadal Suau, ayer en la librería Rata Corner con ‘El viaje pendular' / B. Ramon

Raquel Galán

Raquel Galán

Palma

El escritor mallorquín Cristóbal Serra, definido como el autor más original de la literatura española, «es desconocido para numerosos lectores a los que seguro que les gustará», afirma el crítico literario Nadal Suau. Ahora tienen una oportunidad de acercarse a él con la antología El viaje pendular, que acaba de editar el especialista en su obra a raíz del centenario del nacimiento y los diez años de la muerte de quien fue tildado de raro y heterodoxo. «Lo primero que debería interesar es que es raro y original. Esta efeméride es un buen momento para ofrecer una mirada completa de él y que a los hipsters les apetezca tenerlo en casa. Es un autor muy bueno y hay cierta injusticia en que no se encuentre del todo en el mapa de la literatura», afirma Nadal Suau, que este viernes presentará el nuevo volumen, publicado por WunderKammer, en la librería palmesana Rata Corner.

«Durante mucho tiempo no se ha sabido muy bien en qué lugar ubicarle, aunque creo que ahora hay varias generaciones lectoras que tienen curiosidad y a las que les puede atraer que sea original. Creo que están en condiciones de disfrutar del espectáculo de un independiente, por lo que hay que conseguir que Cristóbal Serra sea trending», ríe Nadal Suau. Y continúa: «Este libro tendría que convertirlo en un must, que sus lectores pudiesen decir: ¿Pero no conoces a Serra? Pues no estás en la onda». De nuevo serio, el autor de la introducción del libro y las notas, además de la selección de las obras, explica que «no solo fue un gran escritor, que como voz poética era extraordinario, sino que también destaca por ser un ejemplo de libertad espiritual», dice sobre este referente.

Explica que, «aunque en algún sentido podía ser conservador y cristiano a su manera, mucho más importante era lo que tenía de casi, casi, anarquista». Habla de «su desconfianza ante un exceso de tecnología, ante la codicia que provoca el dinero, ante una vida excesivamente veloz», por lo que es más actual que nunca. «Si todo esto no continúa vigente, que baje Tòfol y lo vea». Asegura el editor que Cristóbal Serra no hubiese admitido jamás su anarquismo político. «No le gustaba ninguna fórmula, ni el capitalismo, ni el comunismo... Lo miraba todo con una especie de antimodernidad y lo que le gustaba era la infancia, la poesía y la inocencia». Pese a ello, Viaje a Cotiledonia «se consideró en la década de los 70 una fábula anarquista y era uno de los libros que tenía en su celda Salvador Puig Antich cuando lo asesinaron a garrote vil», recuerda.

Nadal Suau destaca que «en Mallorca recibió cariño personal y respeto literario con independencia de bandos o lenguas». Él «siempre creyó en hacer lo que consideraba sin atender a modas ni al discurso político que tocaba en cada momento». En el ámbito puramente literario, «defendía la brevedad, que los libros sean capaces de volar ligeros, como lo son las aves, es decir, conseguir que la literatura tenga un vuelo mágico que la haga brillar, algo que es especialmente vigente en estos momentos».

Los imprescindibles

La «antología definitiva», como remarca el subtítulo, incluye sus tres imprescindibles: Péndulo, Viaje a Cotiledonia y Diario de signos; le siguen otros tres que amplían el universo que creó en sus primeros libros: Con un solo ojo, La noche oscura de Jonás y Augurio Hipocampo; continúa con sus peculiares memorias: Tanteos crepusculares y Las líneas de mi vida; y termina con Saverio el servicial, un pequeño cuento de regalo, enumera Nadal Suau.

«Para quienes le conocimos, tener esta obra es una celebración de Cristóbal», añade quien pudo disfrutar de las conversaciones y las bromas del autor mallorquín «sin encaje en el sistema literario español». Él y sus amigos dan fe de que «por un lado, sabía reírse como nadie, aunque al mismo tiempo arrastraba una profunda soledad», concluye.

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