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Diario de Mallorca

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Arte

La aportación de un vecino de Valencia renombra un cuadro de Sorolla

El museo del pintor añade la denominación 'fanalets' al lienzo 'Los farolillos' y enmienda un error en la explicación de esta costumbre valenciana a raíz de las explicaciones de un vecino de Bocairent

El cuadro 'Los farolillos o fanalets', pintado por Joaquín Sorolla en 1891.

Hace un mes, Antoni Pascual aprovechó una estancia en Madrid para visitar el Museo Sorolla, donde descubrió un cuadro que le transportó directamente a la infancia. Se llamaba 'Los Farolillos' y escenificaba una tradición valenciana muy arraigada en su municipio, Bocairent, a través de la representación de un hombre de campo acompañado de dos niños que portan con unas cuerdas dos sandías vaciadas y decoradas, con una vela iluminada en el interior, en el patio de una casa.

Cuando accedió a la explicación oficial que ofrecía el museo para contextualizar el lienzo, sin embargo, Pascual advirtió de un error que no pudo dejar correr: en el vídeo se señalaba que los farolillos estaban hechos de papel, sin ahondar demasiado en la antigua costumbre popular, tan extendida a lo largo y ancho de la Comunidad Valenciana. Ni corto ni perezoso, este bocairentí que trabaja en el mundo de las finanzas y está enamorado de la pintura de Sorolla, se decidió a enviar un escrito a los responsables del museo para trasladarles en qué consisten los 'fanalets' y cómo se confeccionan, evocando los recuerdos de los tiempos en los que él era pequeño y su abuelo se encargaba de hacérselos cada verano en la casa de campo familiar. Su objetivo únicamente era poner la información en conocimiento de la institución e intentar enmendar el fallo.

La sorpresa llegó pocos días más tarde cuando revisó su correo electrónico y encontró una respuesta escrita por Covadonga Pitarch, conservadora del Museo Sorolla y una de las dos comisarias de 'La Edad dichosa', la exposición sobre la infancia en la pintura del artista en la que se incluye la obra datada de 1891, perteneciente a la colección de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). La carta agradece a Antoni Pascual sus explicaciones y le anuncia que han sido incorporadas a la muestra en su nueva sede ubicada en la Fundación Bancaixa de València, donde puede visitarse desde el 15 de julio y hasta el 13 de noviembre. Pero los efectos de la misiva enviada por el visitante han ido más allá. A partir de sus aclaraciones, el museo ha decidido modificar el nombre del cuadro para incorporar la denominación en valenciano de la tradición que tan bien retrata. La pieza, así, ha pasado a llamarse 'Los farolillos o fanalets'. El correo de la comisaria termina reiterando el agradecimiento del museo madrileño a Pascual por acercarle los entresijos de la costumbre valenciana y deseando que la misma pueda recuperarse más.

Visibilizar la tradición

El artífice de este pequeño pero a la vez gran cambio se muestra más que satisfecho con que la entidad haya aceptado su modesta petición, que permite visibilizar los 'fanalets' y su verdadera composición, hecha de sandías. El cuadro no era demasiado conocido en tierras valencianas hasta que ha regresado con 'La edad dichosa' y su primera experiencia cuando dio con él por casualidad le causó una gran impresión, por la fuerza con la que plasma una realidad pasada y a la vez aún presente en muchos municipios. A su juicio, lo más importante es que un museo ubicado en Madrid repare en la costumbre valenciana —"si el museo estuviera aquí no pasaría", desliza—, la incorpore y la difunda a todos sus visitantes, ampliando su conocimiento, teniendo en cuenta que ha ido perdiendo peso y desapareciendo en algunos lugares.

Pascual subió la obra a su perfil de Twitter y en poco tiempo ha alcanzado las 40.000 visualizaciones. "Había mucha gente que no lo conocía y a la que le recuerda la costumbre de cuando eran pequeños en el pueblo", observa. Sorolla pintó esta escena campestre que juega magistralmente con las luces en una estancia en su tierra natal cuando su hija estaba enferma. El cuadro fue un obsequio dedicado a su amigo Luis Simarro Lacabra, originario de Jàtiva. El catedrático de Psicología Experimental dejó en manos de su Fundación el legado, asumido más adelante por la Complutense.

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