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Diario de Mallorca

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En contra

Eva Baltasar: «Sin un euro y con una hija, no caí en el victimismo»

La civilización tal como la entendíamos se ha desvanecido, y la escritora Eva Baltasar (Barcelona, 1978) ha recogido los cascotes en el tríptico con protagonistas femeninas compuesto por ‘Permagel’, ‘Boulder’ y ‘Mamut’, la novela con la que culmina el ciclo de la incomodidad

Eva Baltasar RICARD CUGAT

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Es usted feminista?»

Jajaja. Las etiquetas limitan a un libro y a su autora. Soy una persona que vive en este planeta, contenta de que sus novelas tengan una lectura feminista.

Una generación de escritoras ha hecho de la maternidad el objetivo primordial de su obra.

No lo sé, leo básicamente autores muertos. En mi caso, la maternidad me ha acompañado siempre, y es el hilo conductor de mi tríptico.

¿Es usted una mujer dura?

Me cuesta definirme. Comparto con mis protagonistas el sentido de incomodidad ante una sociedad en la que no me encuentro a gusto. Vamos hacia el precipicio y nos acabaremos tirando, yo quiero hacerlo en conciencia y en armonía con la gente que me acompaña.

¿Y qué fin del mundo elegiría?

A ser posible, uno que provocara poco padecimiento. Y que lo que viniera después, sean animales o plantas, suponga una gran paz.

‘Mamut’ no hace prisioneros.

Es la novela más austera de las tres, con una protagonista dura y salvaje. Como poeta, cuido el ritmo y la musicalidad, y en Mamut he tenido que podar muchísimo.

¿Prostituirse es una opción?

Depende de las personas. Hay mujeres para quienes puede serlo, y otras se ven metidas sin haberlo querido. Lo ideal es que cualquiera pueda elegir con libertad y garantías.

¿El sexo está sobrevalorado?

No tengo ni idea. Hay cierta pornografía por todo, pero valoro el sexo y está muy presente en mi obra de personajes periféricos y limítrofes.

«Decente significa solitario», predicaba Gabriel Ferrater.

Mis tres protagonistas se encuentran muy bien en soledad, la valoran por el autoconocimiento que aporta. Por eso mismo, la soledad está estigmatizada socialmente, porque puede ser peligrosa para los canales del poder. Con la comunicación irreal de las redes sociales, crees que nunca estás solo.

Umberto Eco hizo un estudio sobre el precio del contenido de las novelas, el presupuesto de producción.

Mi protagonista es una mujer sin nombre que al aislarse en el campo puede prescindir de muchas cosas materiales. Vive en una casa destartalada, con arroz, vino, trigo, un poco por encima del nivel de autosuficiencia, sin preocupaciones ni la perspectiva de enriquecerse.

¿Cómo es no tener ni un euro?

Depende de cómo lo vivas. He estado sin un euro y con una hija pequeña. En lugar de hundirme en el victimismo, despliegas más serenidad y consigues dinero de la manera que sea, sin robar. De este modo se crece, era una licenciada y limpiaba casas.

Y claro, ‘Mamut’ le sucedió a una amiga suya.

No me gusta hablar de autoficción, sino que arranco de pasajes de mi propia vida y los ficciono. De joven vivía en Barcelona y lo dejé todo para instalarme en la Cataluña rural. Mi casa era peor que la de Mamut, ni siquiera tenía luz.

En su libro y en ‘Ràbia’ de Sebastià Alzamora aparecen sendos pastores.

Es la atracción por la figura del gran solitario. Trabajé durante un año de ayudante de pastora, nunca sola porque los perros no me hacían caso. Es otro conocimiento que tengo.

¿Cómo es no tener un cuerpo al lado?

Depende. Hay gente que lo lleva muy bien, otros necesitan un cuerpo al lado, alguien, y no hablo de una relación.

‘Mamut’ no es lo mismo para un hombre que para una mujer.

No puedo hablar como lectora, pero no veo una gran diferencia en la recepción. Refleja la incomodidad que sienten tanto los lectores como las lectoras, es transversal.

¿El impacto de ‘Permagel’ es una carga?

Yo venía de muchos años de poesía, un mundo muy minoritario y a cuyos círculos también era ajena. De repente llega el éxito y vives de otra manera. Lo recibo con agradecimiento, pero sabiendo que todo sube y baja. Después del tríptico seguiré escribiendo, porque lo que me interesa también me da paz.

¿Siente que ha dicho lo que quería transmitir?

No, y tampoco tengo gran cosa que decir. He encontrado una voz que me seducía para conocer a tres mujeres a las que quería amar a través de la literatura.

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