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Diario de Mallorca

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El mundo no soportará un nuevo superhéroe de cómic

La sexta etapa de la historia del cómic, la Antiheróica, es la respuesta a una sociedad hastiada de superhéroes virtuosos, idealizados y perfectos. Los lectores buscan protagonistas ambivalentes, complejos, atormentados por su pasado y repudiados por la sociedad que se alejan del patrón clásico del viaje del héroe, característico de las etapas anteriores

Deadpool, un ejemplo de antihéroe moderno.

El anuncio de la creación de un Día del Cómic y del Tebeo, que quedará fijado el 17 de marzo, invita a la reflexión sobre la rápida evolución de un género que, en sus poco más de 100 años de historia, ha logrado situarse como una referencia imprescindible para entender la cultura contemporánea. Tal es su vitalidad, que en estas líneas me aventuraré a proponer la inclusión de una sexta etapa en su historia, establecida en cinco según la literatura especializada.

La primera etapa es la Edad de Platino, datada en 1890 con el nacimiento de las primeras tiras cómicas en Inglaterra y EEUU. Eran historietas de tono humorístico y desenfadado, aunque también convivían con relatos de aventuras y detectives. Formaban parte de periódicos y dominicales, hasta que en la década de los 30, aparecieron las primeras editoriales exclusivas, como DC Comics.

En 1938, DC Comics lanza el primer cómic de ‘Superman’, el superhéroe más poderoso y reconocible, iniciando así la Edad de Oro, caracterizada por los superhéroes como Batman, Linterna Verde o Namor y la aparición de la primera heroína, una sexualizada Wonder Woman. Igual que el Capitán América, viste los colores nacionales de EEUU, presentados como símbolo patriótico y antifascista durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, durante la posguerra, decayó la aceptación de los superhéroes y creció el interés por historias más sociales y humanas.

El inicio de la Edad de Plata se concreta en 1957, con la explicación científica de los súper poderes en lugar de la magia o el misticismo. En 1961, con el surgimiento de Marvel Comics (anteriormente Atlas Comics y Timely Publications) y el ascenso a editor jefe de Stan Lee, la industria del cómic vivió el primer retorno a los superhéroes. Sin embargo, Marvel apostó por personajes más humanos, con problemas personales y relacionales, combinados con temas más contextuales, como el interés por la ciencia, la astronomía y las enfermedades surgidas por la radiación atómica. Este panorama resultó idóneo para la aparición de ‘Los cuatro fantásticos’, ‘X-Men’, ‘Hulk’ o ‘Spider-Man’.

Desde principios de los años 70 y hasta finales de los 90, se produce un cambio progresivo respecto de la temática y sus protagonistas. Estamos en la Edad de Bronce. Los superhéroes dejan de tener el interés de los lectores y se empieza a demandar la introducción de temas más reales. De esta forma, los cómics se hacen eco de problemas sociales como las desigualdades, los conflictos internacionales y las grandes crisis, la drogadicción, el abuso de poder o la discriminación racial. Sus historias muestran protagonistas más complejos, profundos y comprometidos. Asimismo, surge Dark Horse Comics, una editorial de temática más adulta, violenta y radical que traería personajes como Hellboy, diametralmente opuestos a los superhéroes convencionales. En esta época, los cómics reflejan la invasión cultural japonesa polarizada en el anime y el manga. Se modifican el interés y los gustos de los lectores, un público más exigente y segmentado.

En el siglo XXI, con las redes sociales y la democratización digital de la cultura, el cómic experimenta el advenimiento de una nueva etapa caracterizada por cuatro elementos: el resurgir de los relatos tradicionales gracias al éxito de las narrativas audiovisuales transmedia de Marvel y DC Comics en cine, series y videojuegos; la inclusión social de todas las etnias y sexos; la ruptura conceptual con los estereotipos clásicos, buscando que los temas sean más representativos y universales y no locales y patrióticos; y, finalmente, el surgimiento de los antihéroes y antiheroínas.

El cómic entiende que el mundo no soportará a un nuevo superhéroe, sino, al contrario, demanda antihéroes como Venom, Deadpool, Punisher o Wanda Maximov. Esta sexta y actual etapa, que bautizaremos aquí como Antiheróica, responde a una sociedad hastiada de superhéroes virtuosos, idealizados y perfectos. Unos lectores que buscan a protagonistas ambivalentes entre el bien y el mal, seres sin escrúpulos, expeditivos y brutales, complejos, atormentados por su pasado y repudiados por la sociedad, que se alejan del patrón clásico del viaje del héroe, característico de las etapas anteriores.

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