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Diario de Mallorca

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Literatura

Harry Potter, con la historia a cuestas

El 26 de junio de 1997 llegó a la sección de novedades de las librerías del Reino Unido la historia de un niño mago llamado Harry Potter. Nadie podía imaginar que ese día estaba a punto de pasar a la historia

Portada de la primera edición de ’Harry Potter’. Wikimedia

Hace 25 años se publicó 'Harry Potter y la piedra filosofalque, aparte de marcar un antes y un después en la literatura juvenil (y no solo juvenil), también transformó la cultura de masas para siempre. Y es que el 26 de junio de 1997 llegó a las librerías británicas el primer volumen de las aventuras escritas por J.K. Rowling.

En este mismo periódico ya explicamos que el universo Potter tiene muchos puntos de contacto con la Historia como disciplina, porque las biografías de sus personajes solo pueden entenderse si se tiene en cuenta su pasado y para resolver las tramas los protagonistas muy a menudo deben consultar documentos antiguos.

Pero más allá de reflexiones abstractas, en las páginas de las novelas también hay referentes históricos de aquellos que salen en las enciclopedias. Es habitual que, a la hora de crear, los autores tomen prestadas referencias del mundo que les rodea. A veces lo hacen como un simple divertimento, buscando la complicidad de los lectores, y en otras ocasiones lo utilizan de fuente de inspiración para dar mayor verosimilitud a la ficción que construyen. Es un mecanismo que ha existido siempre porque, a pesar de que a menudo se cree que la creatividad surge de la nada, ocurre justo lo contrario puesto que el proceso de elaboración surge a partir de los conocimientos previos que tiene el autor. Y el universo Potter no es una excepción.

Ya se puede apreciar desde el título del primero de los siete volúmenes de la saga, porque la piedra filosofal es el elemento clave de la alquimia medieval. Según sus postulados, era un objeto capaz de convertir cualquier metal en oro o plata y ofrecer el elixir de la eterna juventud. En torno a esta leyenda siempre aparece la figura de un francés del siglo XIV, llamado Nicolas Flamel. Un personaje que, según la narración de Rowling, habría sido amigo de Albus Dumbledore, director de Hogwarts.

En la vida real, Flamel fue un rico hombre de negocios de París y como poseía una gran fortuna sin tener un origen noble nació el rumor que había descubierto la piedra filosofal. Esto fue el caldo de cultivo para que se le atribuyera la autoría de numerosos tratados de alquimia que circularon en los siglos posteriores. En realidad Flamel fue un hábil inversor que había sabido capitalizar sus inversiones, pero ya se sabe que una buena historia siempre gusta más que la realidad.

A los seguidores de las aventuras de Potter no hace falta que les explique que quien quiere conseguir la piedra filosofal es Lord Voldemort, el enemigo mortal de Harry a lo largo de todas las novelas. O sea, el malo que necesita toda buena historia. Este malvado personaje aspira a dominar el mundo mágico, eliminar a los muggles (que es como se llaman los no magos) e imponer la pureza de sangre prohibiendo los matrimonios mixtos entre personas con poderes mágicos y los muggles.

Ante este planteamiento es imposible no realizar la analogía con Hitler y la ideología nacionalsocialista. Basta con cambiar los magos por la raza aria y pensar en los muggles como si fueran los judíos. Además, a la hora de trasladar las novelas a la gran pantalla, el paralelismo se hizo aún más evidente con la caracterización de algunos seguidores de Voldemort, que salen ataviados con chaquetas negras, similares a las que llevaba la temida Gestapo. O a que el actor Tom Felton encarnase a Draco Malfoy, descendiente de una familia de magos de sangre pura y admirador de Voldemort. Su cabello rubio y la pose altiva evocan el cliché nazi que todos tenemos en mente.

Ahora bien, la grandeza de las historias que se convierten en clásicos es que mientras se basan en referentes previos para inspirarse, al mismo tiempo también inspiran al presente y los lectores se apropian de ellos para ayudar a explicar su propia realidad. Se vio en Tailandia en 2020 cuando un grupo de universitarios se disfrazaron de Harry Potter para protestar contra la monarquía totalitaria y hacer un conjuro simbólico para intentar acabar con su particular Voldemort y reclamar la democracia. Como decíamos al principio, Potter ha tenido una inmensa influencia en la cultura popular global de este siglo XXI. Y la seguirá teniendo.

Peregrinaje a King's Cross

Los fans de Harry Potter viajan a Londres y peregrinan hasta la estación de King's Cross para intentar encontrar el andén 9 y ¾ e ir a Hogwarts. Y cuando van a París, visitan el lugar donde vivió el auténtico Nicolas Flamel. Ahora es un albergue que lleva su nombre. Si quieren ir, preparen la cartera porque es un sofisticado establecimiento con estrella Michelin.

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