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Diario de Mallorca

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Literatura

Barcelona, capital de Latinoamérica

Este jueves abre sus puertas Km Amèrica, un nuevo festival dedicado a la literatura latinoamericana

Barcelona, capital de Latinoamérica.

El pasado 28 de mayo se inauguró en Barcelona la espectacular Biblioteca García Márquez, joya de la corona de la red municipal, un espacio donde este jueves –junto con Casa Amèrica Catalunya- abre sus puertas Km Amèrica, un nuevo festival dedicado a la literatura latinoamericana que se une a los ya consolidados BCNegra, Barcelona Poesia, Kosmópolis, Barcelona Novel.la Històrica y el nuevo 42 dedicado a los géneros fantásticos. Aunque esta ciudad fue la cuna del fenómeno comercial más exportable de las letras latinoamericanas del siglo XX, el tan traído y llevado ‘boom’, no parece que este haya dejado mucho poso en el tejido cultural de la ciudad. Hoy, con un sinfín de autores y un número de lectores creciente, hay muchas señales que indican que los tiempos están cambiando.

La ciudad donde se gestó el ‘boom’

Impulsado por la agente Carme Balcells y el editor Carlos Barral, el 'boom' fue un movimiento eminentemente masculino de escritores que formaban parte de una desahogada clase social, propulsados por una ambición literaria y ciertas veleidades políticas. Eran Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y Carlos Fuentes, más el quinto ‘beatle’, el chileno José Donoso, empeñados en crear las más musculosas novelas. Durante un tiempo vivieron en Barcelona, especialmente el colombiano y el peruano, muy integrados entonces en el tejido intelectual del momento. Vargas Llosa, por ejemplo, que definió aquellos años como los más “ricos e interesantes” de su vida, fue uno de los que en 1970 se encerraron en Montserrat para protestar contra el proceso de Burgos. Un día todos abandonaron la ciudad y lo que vino después fue el absoluto olvido oficial. Mientras en Nueva York, Londres o París los bendecían, Barcelona se olvidó de ellos. Han tenido que pasar casi 50 años de aquel esplendor para que la ciudad le dedique a García Márquez una biblioteca. Miguel Aguilar, editor de Literatura Random House, un sello con una importante vocación latinoamericana -con un proyecto específico, ‘Mapa de las lenguas’, que actúa como puente cultural-, constata un histórico desamor institucional: “Es verdad que por una tema de política lingüística o de ciertas reticencias a aceptar el castellano como un idioma propio de Cataluña, esa realidad no ha tenido un reconocimiento oficial”. Hoy solo Miguel Ángel Asturias y Roberto Bolaño tienen placa oficial recordando sus días en la ciudad.

La labor de resistencia de las editoriales barcelonesas

Quizá los lectores se olvidaron un tanto de la literatura latinoamericana tras el ‘boom’, pero no las editoriales. El primer título latinoamericano de Anagrama fue político, ‘Los tupamaros’ , que en 1971 secuestró la censura. Desde entonces, los contactos de Jorge Herralde en librerías de México, Argentina y Colombia y la amistad con Sergio Pitol, Carlos Monsivais y Margo Glantz trajeron con normalidad a los nuevos autores al catálogo de la editorial. “Para el tardofranquismo, Latinoamérica fue el territorio de las editoriales creadas por exiliados españoles y hubo una fuerte conexión”, cuenta la hoy editora de Anagrama, Silvia Sesé.

Biblioteca Gabriel García Márquez, en Sant Martí de Provençals, en Barcelona. Ricard Cugat

El auge de los nuevos sellos independientes trajo también una cierta especialización. Candaya ha apostado desde el principio, su creación es del 2003, por las letras del otro lado del Atlántico. “Cuando empezamos recuerdo que en la librería Laie alguien me dijo que no le interesaban las novelas donde las mujeres volaban y comían yeso. Nosotros acabábamos de editar al gran Sergio Chéfej , que muy poco tenía que ver con ese modelo”, recuerda Olga Martínez Dazi, fundadora de la editorial junto a Paco Robles. Si hay una palabra que defina su empeño ha sido el de resistencia : “Hemos apostado por una literatura nueva, arriesgada y comprometida que ha unos interesantes vasos comunicantes entre la literatura que se escribe en España y los diferentes autores latinoamericanos”. Otras editoriales 'indies' con idéntica vocación son la barcelonesa Las afueras y las madrileñas La navaja suiza y, en buena medida, Páginas de espuma.

Los autores que viven en la ciudad

La lista de los escritores que han decidido instalarse en Barcelona es ingente. Si en los 60 y 70, la política obligaba al exilio, ahora son la economía y la inseguridad las que llevan a los autores a venirse a Europa. No hay un común denominador en la escritura de la nómina mestiza integrada por Rodrigo Fresán, Javier Argüello, Santiago Roncagliolo, Laura Restrepo (que vive en un pueblo de Girona), Pola Oloixarac, Matías Néspolo, Bruno Muntaner, Carlo Vitale, Edgardo Dobry, Juan Pablo Villalobos o Eduardo Ruiz Sosa (comisario de Km Amèrica), entre muchos otros. Todos ellos se benefician de vivir cerca de la poderosa industria editorial barcelonesa. “Barcelona es sin duda la capital europea de las letras latinoamericanas”, asegura Martínez Dasi. Al tiempo que reivindica la labor de librerías como Lata Peinada, en Barcelona, y Librerío de la Plata, en Sabadell y, por supuesto, de Casa de Amèrica Catalunya (coordinadora del festival), que, aunque menos poderosa desde el punto de vista institucional que su homóloga de Madrid, ha hecho una importante labor para reconocer a autores situados en los márgenes.

Efervescencia actual

En los últimos 15 años, con autores tan leídos y admirados como Mariana Enriquez, Juan Gabriel Vásquez, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda o Guadalupe Nettel, las letras latinoamericanas han protagonizado una gran visibilidad y una significativa conexión con los lectores españoles. Ya no solo llegan a nuestras librerías desde los tradicionales focos culturales, como Argentina, Cuba, México o Colombia, sino que también de países como Ecuador y Bolivia. Posiblemente su característica más significativa es la aparición de una potente generación de nuevas voces femeninas que a su vez han reivindicado a autoras (Marosa di Giorgio, Armonía Sommers, Marta Aponte o Aurora Venturini) opacadas bajo el cuestionable brillo de sus colegas masculinos. El mexicano Ruiz Sosa –que sabe bien de lo que habla en un país donde se asesinan 10 mujeres al día- se anima a hacer un análisis social de esta irrupción: “Creo que las luchas sociales y determinados procesos culturales han permitido que las mujeres escritoras sean más aceptadas, leídas y estudiadas. Muchas han llegado a la academia y desde su posición de autoras, editoras y agentes literarias han reivindicado a las que fueron ninguneadas en el pasado. No me gusta la palabra pero creo que se entiende si digo que la literatura latinoamericana se ha democratizado”.

Lo que aporta Km Amèrica

Podría decirse que el festival nace de un terreno bien abonado y una situación particularmente dulce. Una veintena de autores se darán cita en las jornadas que repasarán temas como las literaturas insulares, la América desplazada, la escritura híbrida, las periferias, la identidad y la violencia. Serán 20 autores entre los que destacan Laura Restrepo, Selva Almada, Carlos Fonseca, Martín Caparrós, Cristina Rivera Garza y Ariana Harwicz. “Queremos que sea un festival que arraigue en Barcelona –desea Ruiz Sosa-, una carrera de largo aliento que no pretende ser un mero escaparate temporal. No es nuestra intención dar una visión de América Latina sino establecer una constante comunicación entre países, estando atentos a las distintas formas de contar América Latina que constantemente están cambiando". 

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