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El Amplificador

Tolo Servera, elegancia y personalidad

Reconocido productor, con trabajos para Tomeu Penya, Still Morris, Fora des Sembrat o Buika, publica en unos días ‘Nu’, el disco que «mejor me representa», una colección de canciones interpretadas a voz y guitarra

El Amplificador | Tolo Servera, elegante y con personalidad

El Amplificador | Tolo Servera, elegante y con personalidad Bernardo Arzayus

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El Amplificador | Tolo Servera, elegante y con personalidad Gabi Rodas

Elegante y con personalidad, guitarrista y productor, compositor y cantante, en grupos —como Avalon o Contraband— o en solitario, Tolo Servera (Palma, 1971) acumula más de 30 años de experiencia al servicio de la buena música. Este 2022 presentará Nu, su primer disco en mallorquín, grabado en su estudio Renou de Fons, el mismo por el que han desfilado artistas como Tomeu Penya, Still Morris, Fora des Sembrat o Buika, entre otros. 

Si quiere que su hijo, o su nieto, se dedique a algún instrumento musical dígale aquello de «això no es toca». Eso le decía a Tolo Servera su abuelo, que tenía una guitarra, La abuela, que todavía conserva. «No me la dejaba, hasta que un día le pedí que me enseñara un par de acordes, esos que empleaba para sus boleros», recuerda. Aquello resultó ser un descubrimiento, un camino a explorar, así que decidió probarse en «clases extraescolares» y lograr tocar «cuatro cancioncillas». 

Quo Vadis fue su primera banda, nacida en el colegio La Porciúncula, en s’Arenal, donde la familia de Servera se había instalado tras residir primero en el barrio palmesano de Son Canals y luego en el Coll d’en Rabassa. Tenía 14 añitos y no dejaban de ensayar en el garaje de casa de sus padres. Llegaron a presentarse a un Concurs, «el del año 87, creo», dice dubitativo. «A nuestro bajista le gustaba mucho Pink Floyd y Genesis y tiramos por ese camino, en castellano, con temas de hasta siete minutos. Fue divertido. Quo Vadis despertó en mí la vocación de músico. Por aquella época me encantaba Mark Knopfler y mi padre me compró una Strato, roja y blanca, como la del líder de los Dire Straits. Recuerdo que la enchufé directamente a la mesa, no al ampli, y claro, aquello sonó como el culo. No teníamos ni idea. Eran otros tiempos, sin internet, ni YouTube, ni tutoriales, pero con mil bares donde ponían música en directo». Quo Vadis duró un par de años y solo hicieron cuatro bolos pero dejó huella en el inquieto Servera.

Fue al cumplir los 17 cuando decidió dar un golpe de timón a su vida y tomarse «en serio» lo de la música. «Ella me eligió a mí», afirma. Aconsejado por Gabriel Rosales entró en el Aula de Música Moderna de Barcelona y a su regreso continuó con las clases con este maestro, que marcó a una generación de músicos como docente y grabó y viajó con Serrat, Lluís Llach y otros ilustres, como guitarrista. 

A los 19 llegaría Avalon, un grupo con «músicos de verdad»: Toño Márquez a la batería, Manolo Barrado al bajo, Toni Menguiano a la voz, y Xisco Bota —también conocido por su pertenencia al grupo Express— a los teclados. «Un día me llamó Toño y me pidió si me apetecía ir a una jam en su local, para ensayar. ¿Quién viene, le pregunté? Toni Cuenca y Rubén Rebolleda, me dijo. No les conocía», admite sobre un encuentro que resultaría determinante en su carrera, porque poco después Cuenca le propuso entrar en un grupo que estaba montando, Contraband, con Miquel Figuerola a la batería, Manolo Rodríguez al piano y Molly Duncan, de los Dire Straits, al saxo. «Avalon, cuya primera etapa duró unos diez años, me obligó a ponerme las pilas, porque tocaban muy bien, y Contraband me permitió tocar en muchos bolos», comenta.

La crisis de 2008 le obligó a mover ficha, como a tantos otros músicos, que se convierten en parias cuando soplan malos vientos. Por aquel tiempo habían refundado Avalon en formato trío, con Toño Márquez y el bajista Joan Antoni Torrandell. Actuaban en eventos y hoteles, pero con la recesión «la cosa se puso chunga y empezaron a caer las contrataciones. Oye, ¿y tu solo con la guitarra no harías algo?, me empezaron a pedir. Al final me salía más trabajo solo que con el trío», confiesa. Desde 2009 cabalga en solitario, y en solitario publicará Nu, una colección de canciones interpretadas a voz y guitarra, con títulos como Ha valgut la pena, Res és per sempre o Tant de bo. Temas marinados con percusiones, guitarras españolas y segundas voces, y presentados de forma íntima, minimalista. No es su primer disco. Con Norbert Fimpel, que colabora en uno de los temas nuevos con su armónica, publicó en su momento dos cedés. También tiene otro en solitario, en castellano, que se llama Servera, aunque advierte: «El que mejor me representa es Nu».

Tolo Servera, guitarra en mano BERNARDO ARZAYUS

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