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Ouka Leele y la felicidad encontrada en Mallorca

El artista Miquel Barceló , 1986–1987. |  OUKA LEELE

El artista Miquel Barceló , 1986–1987. | OUKA LEELE / Ana Ortas

Ana Ortas

Sonó mi teléfono un domingo por la mañana y me dijo simplemente «hola, soy Bárbara», como si estuviéramos a punto de continuar una conversación iniciada horas antes.

Bárbara Allende Gil de Biedma, Ouka Leele, inauguraba el pasado mes de marzo una muestra de pintura y fotografía en la recién abierta galería Espinasse31 de Madrid y su galerista y admirador Antonio Castiglioni me había pedido que la convenciera para hacer alguna entrevista o algún reportaje con motivo de la inauguración. Creía y cree Antonio que las nuevas generaciones en España no conocen bien la obra de Ouka Leele, ni lo que supuso en su momento tanto para el panorama artístico de la Movida como para el contexto del arte europeo de los ochenta y noventa del siglo pasado.

Bárbara comenzó a hablarme de su reclusión buscada y de cómo el confinamiento le había dado más tiempo para reflexionar. De alguna manera, me dijo, nos ha pasado a todos un poco, nos recluimos más.

Y con esta reflexión empezamos a hablar de todo un poco, de la exposición, de su fotografía y de la pintura. Yo prefiero la pintura, me dijo. Empecé a enfocarme en la pintura cuando estuve viviendo en Mallorca y mi hija era pequeña. Era más fácil tenerla conmigo, cuidarla y pintar a la vez, la época en que me centré en la pintura viviendo en la isla fue de las más felices de mi vida.

Precisamente estoy en Mallorca, le dije yo, y en ese momento la conversación fluyó de otra manera, más cercana, más entrañable.

Arriba, la fotógrafa Bárbara Allende Gil de Biedma, conocida como Ouka Leele. Abajo, el disco de Peor Imposible cuya portada retrató la fotógrafa.

Arriba, la fotógrafa Bárbara Allende Gil de Biedma, conocida como Ouka Leele. Abajo, el disco de Peor Imposible cuya portada retrató la fotógrafa. / Ana Ortas

Yo vivía en el campo. En la isla parecía que el tiempo iba de otra manera. Podía pintar durante horas y a la vez ocuparme de mi hija. Yo he sido muy feliz en Mallorca y me gustaría volver alguna vez. Luego, cuando volví a Madrid, seguí pintado, pero ya no era lo mismo. Me seguían reclamando fotografías y me las siguen reclamando cuando yo como soy feliz es con un lienzo.

En ese momento de la conversación el motivo de la llamada ya no importaba mucho. Invité a Bárbara a mi casa de Palma y ella me contestó ilusionada, me encantaría.

Y me preguntó sobre mi propia vida, a caballo entre las dos ciudades. Hablamos de nuestras hijas, me preguntó por las mías y sus aficiones. Y no recuerdo cómo hablamos de yoga, de alimentación y de muchas otras cosas. Habíamos llegado a ese punto en el que no sabes cómo despedirte.

Muere Ouka Leele, fotógrafa de la Movida Madrileña

Agencia ATLAS | Foto: EFE

Bueno, Bárbara si te parece, dejamos pasar la exposición y retomamos la idea de hacer alguna entrevista, le dije. Lo vemos con tiempo, le dije. Y te llevaré una postal de una foto tuya que compré en el rastro cuando era estudiante de periodismo.

Se rió y nos emplazamos a vernos pronto o al menos a volver a hablar de la posibilidad de hacer una entrevista o un reportaje.

Como siempre que la vida te da estos sustos, lo que no ha habido es tiempo. Ni el tiempo que se estira en Mallorca, ni el tiempo que se encoge en Madrid. Hasta siempre, Bárbara.