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Diario de Mallorca

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Entrevista

Rosa Montero: "La normalidad no existe, es una construcción estadística"

La escritora y periodista madrileña presenta en Zaragoza su último libro, 'El peligro de estar cuerda'

La escritora ha presentado esta tarde en la capital aragonesa su último trabajo.

Además de periodista y escritora, Rosa Montero siempre ha sido una apasionada de la ciencia en general y de la neurociencia en particular. Su última obra, 'El peligro de estar cuerda' (Seix Barral), se define muy bien en el título y en la primera frase del primer capítulo. Más de 350 páginas de anécdotas personales, reflexiones interesantes y lecciones de vida, con un toque de humor y un estilo muy propio y reconocible. La escritora ha atendido este martes a este diario, en su hotel de Zaragoza, horas antes de presentar su trabajo al público esta tarde en el IAACC Pablo Serrano.

Al abrir el libro, lo primero que se puede leer es un anuncio de lo que viene después: "Siempre he sabido que algo no funcionaba bien en mi cabeza".

Es algo que llevo pensando toda la vida, una duda que me ha perseguido y resonado en mi cabeza, y que se hizo mucho más ruidosa cuando a los 16 años tuve mi primera crisis de pánico. Te queda la sensación que algo no está bien, y también otra más crítica en la que piensas que estás loca y necesitas volver a la realidad. He escrito sobre salud mental en muchos artículos, varios personajes de mis libros tienen trastornos. Esas reflexiones están también en mis libros más híbridos como 'La loca de la casa' o 'La ridícula idea de no volver a verte'.

¿Cuándo decide escribir sobre ello?

Hace cuatro años, de repente, apareció en mi cabeza la orden de escribir este libro, porque tú no escoges las historias que haces, sino que las historias te escogen a ti. Es como si el inconsciente te mandara un telegrama. Empecé a leer y releer al respecto, tomé muchas notas con el objetivo de responder no solo a esta pregunta, sino también al porqué los escritores tenemos esta imaginación. Saber porqué nos pasamos lo mejor de nuestras vidas escondidos en una esquina escribiendo mentiras. Ha sido un proceso interesantísimo, una especie de investigación casi detectivesca. Me he sentido Sherlock Holmes, y lo estupendo es que he conseguido contestar a ambas cuestiones.

En este proceso creativo, ¿qué es lo que más le ha sorprendido?

Me he encontrado cosas increíbles. Por ejemplo, en 'La loca de la casa', hace 20 años, ya observaba que los novelistas somos como niños, cuando tenemos una imaginación frondosa. Pensaba que, al llegar a la pubertad, todo el entorno y ese proceso de socialización provocaban que se cortaran esas imaginaciones, salvo unos cuantos que no madurábamos. Ahora, leyendo libros de neurólogos, me he enterado (casi aplaudo con las orejas de emoción) de que hay una base fisiológica. El cerebro no madura hasta los 30 años, y uno de los pasos se produce al principio de la pubertad, cuando se produce una poda de la sinapsis, es decir, de las uniones de las neuronas, para concentrar al cerebro en lo útil: cazar mamuts, recolectar sin envenenar a la tribu, etc. Es muy bueno para la supervivencia de la especie, pero calculo que un 15% de la población nos saltamos ese paso. Según los neurólogos, en ese grupo están las personas con un trastorno y los creadores.

"Cuanto más te entiendes, más sereno estás frente a la vida, frente a los miedos más básicos: a la muerte, a la frustración, a la decadencia"

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¿Ha sido un desahogo?

Más que un desahogo, ha sido una epifanía, un modo de entenderme. Cuanto más te entiendes, más sereno estás frente a la vida, frente a los miedos más básicos: a la muerte, a la frustración, a la decadencia. Cuanto más te entiendas, más protegido estás.

Aborda un tema tan serio como la salud mental con un toque de humor, lo cual lo naturaliza.

La cuestión es que es súper natural. El dolor psíquico es brutal, no creo que haya otro igual en el mundo. Pero los trastornos mentales son una parte esencial de la experiencia humana. La OMS, en una estimación que creo que es muy conservadora, afirma que el 25% de la población va a experimentar antes o después un trastorno mental. ¿Qué quiere decir esto? Pues que todo el mundo, o bien lo va a vivir en sus carnes, o bien en alguien muy cercano. Hasta ahora, lo hemos estigmatizado, negado y ocultado. La pandemia , con el coste de que la salud mental ha empeorado mucho, ha hecho saltar ese tabú. El hecho de que estemos empezando a hablar tan abiertamente sobre ello nos va a hacer cambiar nuestra relación con el mundo para siempre, nos va a hacer menos enfermos como sociedad. Si al trastorno mental, que ya de por sí lleva implícito un encierro personal, le añades la condena social, mandas a esa persona al infierno. Si le das la mano, sin embargo, puede tener una vida perfectamente hábil.

De hecho, se han banalizado mucho los términos loco o esquizofrénico.

Sobre todo, tenemos que dejar de referirnos a ellos como los 'locos', igual que no nos referimos a los enfermos de cáncer como los cancerosos, porque su enfermedad no representa toda su vida.

Como especie, ¿nos da más miedo no estar cuerdos o reconocerlo?

Reconocerlo es un paso extraordinario. Cuando alguien tiene mucho miedo, lo que hace es decir: "yo soy normal". Es otra de las tesis del libro, la normalidad no existe. Todos somos raros en diversos niveles. En la Universidad de Yale (EEUU), una de las mejores del mundo, se hizo un estudio científico en 2018 y llegaron a esa misma conclusión. La normalidad es una construcción estadística. Nadie en el mundo atina todos los parámetros de su vida con esa media, siempre divergimos en algo. Lo que sí existe es un abanico de rarezas, que debemos aceptar, y buscar la manada de raros que se parezca más a ti para estar protegido y feliz.

"Lo que sí existe es un abanico de rarezas, que debemos aceptar, y buscar la manada de raros que se parezca más a ti para estar protegido y feliz"

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También habla de la salud física, denomina al alcohol como una «musa malvada».

Una de nuestras características es que tenemos un temperamento adictivo, la historia de la literatura está llena de casos de todo tipo. Por ejemplo, Balzac se bebía 50 tazas de café al día. En la escritura se ha llevado la palma el alcohol. Lo llamo la musa malvada porque, al principio, todas esas adicciones parece que te ayudan a crear, amordazan al yo consciente, que es el principal enemigo de la creación, pero luego acaban con tu obra y contigo. Como decía Bukowski: "El alcohol te ayuda a escribir, pero yo no lo aconsejo".

¿Ha sido complicado hablar de neurociencia con esa sencillez y ese toque de humor?

Me encanta la ciencia en general, y la neurociencia me chifla, he leído muchísimo. Me da mucha pena que nos hagan escoger, con 14 años, entre ciencias y letras. A los buenos divulgadores científicos les entiendes perfectamente, y si hay algo que te resulta interesante, lo puedes explicar para que al resto también le fascine.

¿Cuál es el objetivo final del libro?

Entender. Antes de empezar este libro no tenía las respuestas, y lo alucinante es que he conseguido encontrarlas. He sabido explicarme como funciona mi cabeza y conocer porqué creamos. He conseguido entenderlo de una manera suficiente para mí, en ese sentido, ha sido un descubrimiento.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Tengo tres libros por delante, el próximo será otra Bruna Husky, uno de los personajes a los que más cariño les tengo. La siento muy cerca de mí, en el fondo nos parecemos mucho. En la tercera novela, 'Los tiempos del odio', la dejé en una situación muy peculiar y rara, y me muero de curiosidad por saber qué le pasa. Para mí, escribir es vivir. 

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