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Diario de Mallorca

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El gallinero

Nos vemos en los bares

Gener y Oliva en una obra de Teatre de Barra. Jaume Salom

¿Cuánto teatro cabe en 10 años? ¿Cuántos momentos reflejados en 20 ediciones de Teatre de Barra, en el centenar de piezas que han llenado los bares de una Palma complicada? Desde Santa Catalina a Blanquerna, pasando por Canamunt, resulta que esta ciudad con tendencia a languidecer también es anfitriona de unos cuantos valientes que se empeñan en convertirla en un lugar interesante. Los de Órbita Produccions son de esos: se inventaron una derivada del Microteatre y metieron en las tabernas historias exprés, ocurrencias, joyas de consumo rápido y a una representación máxima de los intérpretes de nuestro entorno. Y ahí siguen. Para celebrar toda una década han ido a tiro fijo, encargando cuatro textos a Salvador Oliva, Irene Nuibó, Álex Tejedor y Ferran Bex.

El primero, que nunca falla, dirige Blues, Browns & Grays, una comedia-homenaje a Canción triste de Hill Street y, de paso, a esos polis que transitan los límites, quemados por el tiempo y la presión, incapaces de ver con claridad los márgenes de la ética. Oliva también interpreta y se hace acompañar de Rodo Gener. ¿Qué podía fallar? Son quince minutos de tributos a una época, a todo un género cinematográfico y televisivo, salpicado de dardos políticos, marca de la casa.

Niubó ha optado por un ejercicio estimulante, una versión del Whodunit? que para evitar spoilers resumiremos en la pregunta: ¿A quién estamos viendo? En Fraules, Aina Compte y Lina Mira reinan, juegan entre ellas y con los espectadores, se lo pasan bien y exhiben una química que ya han demostrado otras veces.

Tejedor tira de sensibilidad –la que ya demostró en aquella maravilla del Microteatre que fue Sergi & Irina– para hablar del amor nostálgico, la amistad y el tiempo. El Somni de les Crisálides es delicada y precisa y una oportunidad para disfrutar de un inmenso Joan Bibiloni desplegando todo un catálogo de registros y de Marina Font, impecable en un papel nada fácil.

Y para acabar, la de Bex, puro talento condenado en un cuarto de hora de ciencia-ficción, de doppelganger y espejo roto; aprovechando la extrema sintonía –casi simétrica a primera vista– que demuestran Aina Jagla y Aina Zuazaga. Reflex contiene filosofía, humor y cierto misterio, y es un perfecto ejemplo de cómo sacar petróleo de una representación breve en un terreno no diseñado para el hecho teatral.

El Teatre de Barra se moverá, colonizará otras zonas, puede que hasta se reinvente, pero (¡oh, milagro!) tiene toda la pinta de haber crecido para quedarse. Nos vemos en los bares… y en los teatros, por supuesto.

En un par de semanas han recalado en el Principal de Palma tres montajes poderosos, de lo mejor que se ha podido ver últimamente; apuestas del Centro Dramático Nacional combativas, ideológicas, duras, redondas. El cuaderno de Pitágoras, sobre las fallas del sistema penitenciario, N.E.V.E.R.M.O.R.E, a cuenta del desastre ambiental y político de la tragedia del Prestige, y las dos partes de Shock, multifocal sátira sobre quién y por qué mueve los hilos en el tablero geopolítico. Tres ejemplos de cómo invertir bien el dinero en cultura, produciendo y programando.

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