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Diario de Mallorca

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MÚSICA CRÍTICA

Orquestra Simfònica de Balears: Coherente Cohen

Orquestra Simfònica de Balears

Lugar: Trui Teatre de Palma (24-03-22)

Valoración: ★★★★

Liza Ferschtman, violín

Jonathan Cohen, director

Obras de Schubeet, Haydn, Vivaldi y Mendelssohn

En la pasada sesión que ofreció la Simfònica en el Trui Teatre de Palma, la segunda parte estuvo dedicada a Schubert. Pocas veces, por no decir nunca, he escuchado en directo una versión tan elegante de esa joya de la música sinfónica como es la Quinta de Schubert, una obra que desde el principio hasta el fin rebosa energía positiva, con sus temas y sus momentos cantabiles y juguetones, enlazados casi sin descanso como pocos compositores saben hacer. Y es que, para Schubert, la melodía es lo que cuenta. Melodía, melodía, melodía. En esa sinfonía, Schubert mira al pasado, a Mozart en concreto, para componer una obra a modo de homenaje a su admirado salzburgués.

Jonathan Cohen es un director que domina la música hecha con sentimiento. Lo ha demostrado todas las veces que ha venido a la isla, bien sea para acercarse a Bach, a Mozart o ahora a Schubert. Su manera de conseguir un sonido compacto, pero a la vez lleno de matices, es única. ¡Cómo nos hace vibrar con su manera de entender cada movimiento, sea un Allegro, sea un Andante, sea un Minuetto! Dan igual el tempo y el ritmo: la elegancia y la coherencia por encima de todo. Música en estado puro, en definitiva. Y todo ello lo consigue con maestría, haciendo que los músicos disfruten de lo que están haciendo, de lo que están tocando. Se nota en sus caras, en sus disposiciones, en sus maneras de tocar. Los intérpretes se sienten bien, cómodos, con el maestro.

Pero Schubert no lo fue todo, ya que el concierto empezó con la interpretación de unos fragmentos instrumentales tomados de Thamos rey de Egipto, una partitura que Mozart escribió para acompañar la obra de teatro del mismo título a modo de banda sonora o música incidental, como suele llamarse. También aquí Cohen demostró esos valores y cualidades que lo convierten en director de referencia para el repertorio barroco y clásico.

Y entre los dos Mozart, el original y el de Schubert, dos conciertos para violín, uno de Haydn y el Groso Mogul de Vivaldi, junto a la violinista Liza Ferschtman, poseedora de una técnica impecable y prodigiosa, cosa que demostró, sin duda, en el concierto de Vivaldi, para el que se necesita ser una intérprete de primera clase, como es ella. Solamente tocando como ella lo hace es posible salir airosa de ese reto que representa tocar en directo el RV 208 vivaldiano, que no da ningún compás de respiro a la solista. Muy bien Ferschtman, que llenó el teatro de un sonido y una técnica sobresaliente y una musicalidad de notable. Y como plus, Bach.

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