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El Amplificador

Jon Cilveti, un 'Tupè' con mucho ritmo

La diversidad de estilos marca el primer álbum de este guitarrista donostiarra instalado en Mallorca desde el 2000. Incluye nueve canciones, todas instrumentales salvo una, y han sido grabadas junto a cuatro grandes músicos

El Amplificador | Jon Cilveti, guitarrista y compositor

El Amplificador | Jon Cilveti, guitarrista y compositor Bernardo Arzayus

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El Amplificador | Jon Cilveti, guitarrista y compositor Gabi Rodas

Después de 14 años centrándose en la música en vivo, Jon Cilveti (San Sebastián, 1975) entra en la creación discográfica con Tupè, una muestra de su trabajo como compositor con la que pretende «aportar alegría, fiesta, que ahora nos viene muy bien, energía, baile y mucho positivismo. Y espero que también algo de belleza, de sentir el viento en la cara, de volar plácidamente», señala el músico donostiarra afincado en Mallorca desde hace 22 años.

Su ‘Tupè’ se mueve al ritmo de diferentes estilos, pero predomina una inspiración en la ‘rumba’ balcánica, «sin copiar en absoluto su armonía ni melodías». En sus canciones, nueve en total, se incluye un medium swing, «inspirado en la música de Nino Rota», y ritmos latinos, como el frevo, la chacarera y la cumbia. También hay momentos jazzísticos, gracias a las armonías y la influencia de Miquel Àngel Rigo, maestro en la improvisación, y una triste balada, En poques paraules. No es un título al azar, porque todos sus temas, salvo uno, son instrumentales, con los que busca expresar «desparpajo, alegría vital y otras vivencias personales». El único corte con voz es una adaptación de un tema de los Toy Dolls, una canción infantil inglesa interpretada en catalán que contiene un importante mensaje: «Conocer quién eres y emprender tu propio camino, liberarte de la cadena que dicta lo que tienes que hacer para triunfar y gustar a los demás», subraya.

Su camino musical y vital le ha llevado por distintas ciudades y territorios sonoros. «Nací en San Sebastián, con dos años nos trasladamos a Bilbao y con cinco, a Premià de Mar. Con 10 a Canarias y con 11 a Barcelona, donde viví hasta los 25. Luego me vine a Mallorca», resume. En la casa en la que creció la música siempre estuvo muy presente: su padre era «un gran melómano» y además de tocar —de joven oficiaba misas con el acordeón— también llegó a componer música religiosa como autodidacta; y su madre también «es una gran amante de la música y entiende muchísimo, tiene un criterio excepcional. La música callejera de las txarangas, que tenía que escuchar «con la boca abierta porque metían un ruido tremendo y me dolían los oídos», los coros espontáneos durante las comidas familiares y un grupo de rock llamado De Kalle fueron episodios musicales que le marcaron en su niñez. Una banda sonora, la de su infancia, que incluye el folk vasco, los boleros mexicanos y cubanos, el rock and roll y los Beatles.

Jon Cilveti, entregado a su guitarra

Sus primeros pasos en el mundo de la música fueron «muy dispersos y raros». Estudiaba piano clásico en Barcelona pero le gustaba el blues, el punk más bestia, el rock and roll, el hardcore, el grunge de los Pixies, el funk y el hip hop. «No veía una unión entre los dos lenguajes. No entendía nada. Sobre todo, no me veía yo haciendo ninguna de esas músicas», confiesa. «Fue la música brasileña la que le dio sentido a todo. La que me hizo unir los dos extremos, por la sonoridad que tiene. Al principio creía que era imposible de tocar para un europeo. Me puse a estudiarla, y vi que no, que hasta un guitarrista zurdo, que toca como diestro, y que viene del piano, con mucha dedicación puede llegar a hacer cosas con ella y disfrutar, transmitir».

El piano fue su primer instrumento hasta que se fijó en la guitarra que tocaba su hermana. «Cuando ya no di más como autodidacta me recomendaron ir a estudiar con el maestro Gabriel Rosales, y entonces se desarrolló la verdadera pasión por hacer música. No solo por la guitarra, pero sí a través de ella. En el fondo y de forma muy tímida quería que a la larga fuera complementaria. A lo que quería llegar era a tocar y cantar como João Gilberto y Caetano Veloso», se sincera.

Su estreno en la música fue para un espectáculo de circo, y precisamente de esa etapa surge Tupè. «Es volver a esa música donde la había dejado, y grabarla con grandes músicos». Algo que ha hecho con su quinteto, en el que militan Pablo di Salvo (bajo), Pep Lluís García (batería y percusiones), Miquel Àngel Rigo (saxofón) y Samuel Martínez (trompeta), y colaboradores como Sebastián Tesouro (violín), Jordi Tugores (laúd) y Xema Borràs (trombón). En la actualidad considera que sus instrumentos son la voz y la guitarra. Con el primero sigue aprendiendo, «noto que mejoro y quiero seguir haciéndolo»; y con las seis cuerdas, lo mismo, continúa entregándose a ellas, estudiando «con la esperanza de que algún día consiga esa habilidad y disfrute tocando de manera totalmente personal».

Los ibicencos La Banda del Exceso, Toni Verd, Kiko Barrenengoa y Txus Santana fueron algunos de los músicos que le arroparon al llegar a Mallorca. Al instalarse en la isla tuvo que empezar «de cero» y uno de sus primeros experimentos fue La alegre rebeldía, un grupo de percusión y danza, ya extinto, que «tuvo bastante repercusión en su momento». Entre 2007 y 2014 se enroló en el Circ Bover. Al margen de su Tupè, que en unas semanas verá la luz, Cilveti también gira con La Petita Orquestra dels Bards, proyecto que mueve en solitario en centros educativos y que está enfocado al público infantil y familiar; y con la Jon Cilveti Band, con la música brasileña como bandera. 

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