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Diario de Mallorca

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Israel Fernández Cantaor

«Cuento lo que mi corazón siente y lo que mis ojos ven, aunque no exista»

«El cante que llevo dentro que es el que vale, el que tengo que defender porque los sentimientos no se pueden copiar»

El cantaor Israel Fernández.

Después de empaparse bien de los clásicos y cantarlos en discos como Universo Pastora (Universal, 2018) dedicado a la Niña de los Peines, Israel Fernández consiguió entrar en el Top 7 de las listas oficiales de ventas con Amor (2020) su primer álbum con composiciones propias. El joven cantaor actuará el 11 de marzo en Palma dentro del primer festival Paco de Lucía. Le acompañará el guitarrista Diego del Morao.

¿Qué se va a encontrar el público que acuda a su concierto?

Sobre todo, un corazón sincero, cante flamenco gitano que es lo que soy junto a Diego del Morao. No soy de prepararme muchas cosas pero haré los cantes que suelo utilizar: por seguiriyas, por soleá, bulerías, tangos...

¿En qué cantes se siente más cómodo?

Eso depende de la inspiración, del momento en el que esté, también de la voz, pero si yo estoy bien me siento cómodo en cualquier cante. Me atraen más los fandangos porque en mi familia se han cantado mucho y por bulerías. Si estoy inspirado y estoy bien, me da igual el palo.

Ha mencionado a Diego del Morao, el guitarrista que le acompaña. ¿Cómo es la relación artística entre cantaor y guitarrista?

Un guitarrista para un cantaor es la mitad. En mi caso, Diego me inspira mucho, me da mucha salvación. Y según el guitarrista, así canta el cantaor y a la inversa. Yo creo que guitarrista y cantaor tienen que ser uno, es muy importante. La comunicación y la intuición no se ensayan. Lo primero que tiene que haber es una complicidad natural, no buscada. Si no, se nota mucho. Es como un flechazo, pero no momentáneo. Un flechazo de un mismo sentir.

Se acuesta y se levanta con flamenco. ¿Es para usted una obsesión?

El flamenco es como mi propio cuerpo, es una obsesión natural, no pretendida. Lo llevo desde que nací, lo he vivido tanto en mi familia, en tantas fiestas y tantas juergas en mi casa. No había que celebrar nada para cantar o tocar. Simplemente lo había, como el que pone un plato de comida diario. Es una lucha constante también porque es una responsabilidad muy grande, una música muy respetada en la que se han hecho cosas muy buenas.

¿Qué piensa cuando le comparan con Camarón?

Camarón no hay más que uno y es irrepetible. En el manantial de cantaores y cantaoras que ha dado el flamenco, Camarón es la piedra fundamental lo mismo pasa con Paco de Lucía. Cuando me comparan me alegra, pero creérmelo no me lo creo porque Camarón está a años luz, hablando universalmente. Siempre es un orgullo y es bonito, porque artísticamente Camarón es como mi padre, pero nada que ver. Ojalá, aunque fuera en la afinación, en un ¡ay!

También se le alaba por permanecer fiel a la raíz.

La música, igual que la vida y que las personas, tiene que ir evolucionando tiene que estar viva, moverse. Yo he estado muchos años escuchando cante clásico, desde niño, pero llega un momento que buscas crear. Ahora estoy en un momento en el que, partiendo de los cimientos de tantos años de cante, estoy buscándome a mí mismo y el cante que llevo dentro que es el que vale, el que tengo que defender, porque los sentimientos no se pueden copiar. Estoy en esa búsqueda, pero siempre desde la base.

En su trabajo La inocencia (2021) ha colaborado con El Guincho, productor de El mal querer de Rosalía. ¿Le atrae la fusión?

La fusión y los experimentos los respeto, se han hecho cosas muy bonitas, pero yo lo que intento es familiarizarme con otras músicas y culturas. Si me voy a cruzar con ellas tengo que entenderlas, quererlas y, a partir de ahí, se forma una familia musicalmente hablando. Lo clásico del flamenco son palmas, voz y guitarra. Después el maestro Paco [de Lucía] incorporó la percusión y ya se han sumado todo tipo de instrumentos. Todos tienen pureza, pero hay que acoplarlos bien. Los instrumentos solo pertenecen a quien los toca, el género se lo da el músico que es el que está vivo.

A partir de su disco Amor compone sus propios temas, ¿Cómo ha llegado a ese momento?

Desde pequeño siempre me ha gustado escribir, lo que pasa es que no tenía nada que contar. Con el tiempo he vivido y me he atrevido a escribir. A partir de Amor todo lo que he publicado son composiciones mías. Cuento lo que mi corazón siente y lo que mis ojos ven, aunque no exista. El mayor privilegio de la escritura o la pintura es que puedes crear algo que no exista, y lo tienes ahí. La verdad en la música es todo. Sentirlo de corazón, no por querer sorprender o por querer buscar fama. Hay muchos factores que están fuera de la verdad o son verdades pequeñas, por no decir que son mentira. Cuando uno canta o toca tiene que ir con mucha verdad y ahí ya no tienes culpa de que no guste porque ya estás con tu verdad.

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