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Diario de Mallorca

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Metropolitan Museum de Nueva York

Disney, el genio de la animación que se nutrió del rococó francés

La pinacoteca neoyorquina se vuelca por primera vez en uno de los fenómenos más influyentes del siglo XX

’Le Chateau de la Belle au Bois Dormant’ (1988), obra de Frank Armitage, artista de Dinsney.

"Es Disney pero ¿es arte?" La pregunta que se lee estos días en una de las paredes del Metropolitan Museum de Nueva York no es nueva. Aparecía de una manera u otra en titulares y artículos de ‘The New York Times’ ya allá por 1939 y 1940, poco después del estreno de ‘Fantasía’ y de que la pinacoteca sumara a su colección una de las imágenes de ‘Blancanieves y los siete enanitos’, el primer largo del estudio de animación, concretamente un gouache en celuloide con la imagen de dos buitres esperando el final de la malvada reina.

Como escribió el diario neoyorquino entonces, con aquella donación Walt Disney se unió "a los inmortales". Y aunque desde entonces el interrogante sobre si la creación es arte sigue sin estar resuelto para algunos, y la figura icónica y a la vez amorfa de Disney fluye entre definiciones de artista, emprendedor y 'entertainer', no hay dudas para el Metropolitan. Mucho después de que el MoMA en los años 30 y el Whitney en los 80 dedicaran exposiciones al padre de Mickey Mouse, por primera vez en su historia el Met se ha decidido con su propia muestra: 'Inspirando a Walt Disney: la animación de las artes decorativas francesas', abierta en el enciclopédico templo del arte hasta el 6 de marzo.

'Sleeping Beauty' (1959), obra del animador Eyvind Earle. DISNEY

La exposición pone el foco en la fascinación personal que tenía por Francia y por la cultura francesa Disney, que fue por primera vez a París en 1918 con apenas 17 años para conducir una ambulancia tras la Primera Guerra Mundial y volvió con su familia en 1935, llevando de retorno a Los Ángeles 300 libros ilustrados que se convertirían, antes de internet, en la biblioteca y archivo documental del estudio que fundó con su hermano Roy en 1923.

Ante todo, no obstante, la exposición explora cómo los artistas del estudio de animación tuvieron en el arte del siglo XVIII fuente de influencia e inspiración, poniendo en un dinámico diálogo 60 piezas del Met (y prestadas) con 150 del estudio. Y queda manifiesto cómo los artistas de Disney han bebido del rococó francés, aquel movimiento que dio respuesta al barroco con ornamentación, paleta pastel, asimetría dinámica, sentido del movimiento e ironía y alegría; cómo se imbuyeron también del arte medieval y del estilo temprano de los Países Bajos para ‘La bella durmiente’ o de la arquitectura del renacer gótico para la ‘Cenicienta’.

En la exposición aparecen junto a imágenes y células de películas o de los cortos de 1931 y 1934 que fueron los primeros en animar objetos las delicadas porcelanas de Sèvres y Meissen, los relojes de André-Charles Boulle, candelabros, muebles...

Ilustración de Mary Blair para 'La Cenicienta'. DISNEY

Y se aprende. Las ropas que se diseñaron para ’La bella y la bestia’, por ejemplo, no siguieron los modelos de la época no solo porque resultaran demasiado complicados de animar (algo que ahora permitirían las técnicas de ordenador) sino porque los ejecutivos de Disney pensaban que el público no se identificaría con pelucas y encajes y un estilo demasiado afeminado.

Y no fue solo Disney un potenciador del rosa. El color fue excepcionalmente popular en el rococó, impulsado por Madame de Pompadour, amante de Luis XV y patrona de las artes. Y ya hace siglos Jean-Baptiste Marie Pierre, principal pintor del rey, expresaba su frustración con artistas que volvían de prepararse en Italia "con color y vigor, que pierden poco a poco, llevados por la necesidad de contentar a una nación que quiere todo de color de rosa".

Genio creativo del siglo XX

"No es un ejercicio de promoción", asegura sobre la exposición en una entrevista telefónica Wolf Burchard, su comisario. Él tuvo la idea de la muestra hace cinco años cuando estaba en el Reino Unido. Se dio cuenta de que los libros y exposiciones hechos hasta entonces de Disney estaban hechos por historiadores de cine y no de arte, y pensó "que el material se beneficiaría de ser visto desde esa perspectiva histórica de arte". La planteó inicialmente a la Colección Wallace de Londres (que colabora en la organización y acogerá la exposición de abril a octubre) y luego, al llegar al Met, la acabó proponiendo y montando en Nueva York.

"Si sigues la línea argumental de que ningún museo serio debería hacer una exposición dedicada a Disney eso representaría ignorar uno de los fenómenos más influyentes del siglo XX", razona también Burchard, especialista en las artes decorativas de los siglos XVII y XVIII, que define a Disney como "uno de los grandes genios creativos del siglo XX y se puede decir que uno de los artistas más influyentes del siglo XX y que ha producido nunca Estados Unidos".

El comisario hace hincapié también en que "no es una exposición sobre Walt Disney la compañía y ni siquiera sobre el hombre, sino sobre los artistas" que empleaba el estudio. Y lo cierto es que en el Met se puede ver, por ejemplo, el trabajo de Mary Blair, la mujer que fue la fuerza motora tras el estilo visual de ‘Cenicienta’; el de Eyvind Earle, el estilista de ‘La bella durmiente’ que emulaba el estilo de Jan van Eyck o la escala cinematográfica de los tapices; el de Glen Keane, fundamental para la imagen de ‘La bella y la bestia’, tres de las cintas fundamentales en el recorrido de la muestra.

Los grandes talleres

Hay más nombres propios sin los que Disney no sería Disney: Bianca Majolie, Mel Shaw, Kay Nielsen... Y precisamente el gran número de artistas que trabajaban en la animación crea otro paralelismo con esas artes decorativas europeas. Separados por dos siglos, los artistas, artesanos y animadores compartían una ambición: insuflar vida, personalidad y encanto a lo inanimado, pero más allá de lo visual ambos funcionaban con prácticas similares.

"A principios del siglo XVIII en Europa en los grandes talleres de porcelana franceses y alemanes se crearon y desarrollaron jerarquías, se identificaba talento... Y lo mismo sucede con la animación dibujada a mano", explica Burchard, que también en ese funcionamiento encuentra un argumento para cuestionar a quienes cuestionan lo apropiado de que Disney esté ahora en el Met. "No necesariamente llamaríamos desde nuestro punto de vista de 2022 artistas a la gente que hizo ese otro arte que se exhibe en la muestra, la porcelana, los muebles... Les llamaríamos artesanos, ceramistas, mueblistas... Al final, no importa; lo que produjeron son poderosas e inspiradoras obras de arte". 

Aplauso y crítica

Son muchos quienes coinciden con Burchard y el Met. En artículos sobre la exposición se han podido leer calificativos como "fascinante" y "magnífica". Una mañana reciente la recorrían visitantes de las más diversas edades, parándose y observando atentamente piezas que quizá de otro modo no habrían ganado su tiempo en una visita al inabarcable museo.

También ha habido críticas negativas. En ‘The New York Times’ Max Lakin se ha planteado "si una gran institución dedicando programación a un gigante corporativo multimillonario es lo que mejor sirve al público". Y más duro aún ha sido en ‘The Wall Street Journal’ Eric Gibson, que cree que la exposición "señala la problemática nueva dirección que ha tomado el museo", que con la muestra, en su opinión, "rompe con su pasado ilustre y lo pone en el camino de un futuro indigno". "Es otro ejemplo del proyecto del posmodernismo de erradicar todas las jerarquías, distinciones y parámetros estableciendo falsas equivalencias entre opuestos", escribe.

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