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Diario de Mallorca

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Spider-Man trepa hacia los Oscar

Tom Holland, en un fotograma de ‘Spider-Man: No way home’, de Jon Watts.

En poco más de tres semanas, la Academia de Hollywood debe dar a conocer las películas candidatas al Oscar en su 94ª edición. Algunas parecen tener más que garantizada su presencia, en especial Belfast, de Kenneth Brannagh, El poder del perro, de Jane Campion, y West Side Story, de Steven Spielberg. Pero en las últimas semanas, y al modo sigiloso de las ondas sísmicas previas a un gran terremoto, ha ido tomando fuerza la posibilidad de que Spider-Man: No way home, de Jon Watts, se cuele el 7 de febrero entre las 10 nominadas a la mejor película. Y no solo eso: que acabe dando el golpe y se lleve la estatuilla dorada del tío Oscar, al estilo de lo que ya hizo en 2003 El señor de los anillos: El retorno del rey, de Peter Jackson.

No es una boutade para júbilo de la ruidosa legión de fans de Marvel y, en especial, de las aventuras del joven Hombre Araña. El filme, como las dos entregas previas de la saga protagonizadas por Tom Holland, no solo ha sido un éxito planetario en taquilla desde su estreno el pasado 16 de diciembre, sino que ha recibido la ovación de la crítica, entregada a la rutilante vitalidad de las peripecias de Peter Parker en los pliegues del multiverso. ¿Por qué no podría ganar el Oscar a la mejor película Spider-Man: No way out? Intentamos responder aquí a la pregunta, y analizar de paso el fenómeno global que ha supuesto.

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Tercera entrega de una estupenda trilogía. No way home es, lo recordaremos, la tercera de las películas en las que el joven trepamuros es interpretado por Holland, tras dos sagas previas con Tobey Maguire y Andrew Garfield bajo las mallas. El personaje había hecho su presentación con su nueva encarnación en Capitán América: Civil war (Anthony y Joe Russo, 2016), antes de su aparición estelar como protagonista en Spider-Man: Homecoming (Jon Watts, 2017) y su reaparición en Spider Man: Lejos de casa (Jon Watts, 2019). Nadie habría dado un duro por la enésima reinvención del Hombre Araña, pues el personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko parecía plenamente amortizado en el cine; pero Sony y Marvel la clavaron: ambas entregas fueron un fabuloso éxito de público y, por supuesto, se hizo inevitable una tercera entrega con la que cerrar a lo grande no solo este tercer ciclo, sino los dos anteriores, en una simbiosis perfecta, casi alquímica, entre el presente de Marvel y su vieja memoria. «Una carta de amor», como la ha definido de forma primorosa su productora ejecutiva, Amy Pascal.

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Magia autorreferencial. La acción de Spider-Man: No way home empieza justo donde acaba la de Spider Man: Lejos de casa: después de que la identidad de Peter Parker fuera expuesta por el villano Mysterio (Jake Gyllenhaal), la vida de nuestro héroe arácnido y sus carismáticos amigos MJ (Zendaya) y Ned Leeds (Jacob Batalon) queda literalmente patas arriba. Decidirá, entonces, contactar con el doctor Stephen Strange (Benedict Cumberbatch) para que le ayude a ocultar su identidad con magia. Pero el encantamiento sale mal y provocará una fractura en el multiverso por la que entrarán diversos villanos que se habían enfrentado a Spider-Man en otras realidades alternativas.

A partir de aquí, eludiremos más comentarios de la trama para evitar spoilers que arruinen las muchas sorpresas que los fans irán hallando por el camino. En todo caso, no hace falta llevar la enciclopedia superheroica a cuestas: cualquier profano en el mundo Marvel, salvo que tenga una piedra en lugar de corazón, se podrá divertir -y emocionar hasta la lágrima- en este arrebatador ejercicio de cine autorreferencial que es Spider Man: No way home.

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Sony, dispuesta a todo. La película ha reventado la taquilla mundial hasta extremos inimaginables en estos tiempos de alta volatilidad y escasa asistencia a las salas de cine. No solo es, con creces, la película más exitosa de la era pandémica, sino que ha llegado a ser la octava más taquillera de la historia, con más de 1.500 millones de dólares recaudados hasta esta semana, por delante de Los Vengadores (2012) y muy cerca ya de la séptima, El rey león (2019), y de la sexta, Jurassic World (2015). Solo en España, el filme ha superado en menos de un mes desde su estreno los 16 millones de euros de recaudación, doblando en el acumulado a sus inmediatas perseguidoras, Fast 9, Venom 2: Habrá matanza y A todo tren: destino Asturias, que apenas han superado los ocho millones.

Un éxito de público que, unido a las excelentes críticas que ha recibido (acumula un 93% de votos positivos en Rottentomatoes, la influyente web que reúne las reseñas publicadas en EEUU), ha impulsado a su compañía responsable, Sony, a echar el resto en su intento de hacerla visible entre los académicos de cara a las principales nominaciones de los Oscar, incluida, por supuesto, la de mejor película. «Los académicos deberían votar por nuestra película porque es una de las 10 mejores del año», afirma Tom Rothman, CEO de Sony Pictures, en The Hollywood Reporter. Para tal fin, la compañía no escatimará los esfuerzos: los académicos podrán ver la película de lunes a jueves en salas de cine de forma gratuita, así como en streaming a través de su canal propio de visionados. Además, claro, de las habituales campañas en publicaciones de la industria solicitando el voto a los académicos.

En este sentido, los astutos capos de Sony y Marvel ponen la mirada en El retorno del rey, apoteósico cierre de la trilogía de El señor de los anillos que en 2003 se llevó los 11 Oscar a los que optaba, incluido el de mejor película y director para Peter Jackson. «Aquella fue una celebración y culminación del increíble trabajo que se hizo en esa trilogía. En nuestro caso, es una celebración de nuestra última trilogía de Spider-Man y de las dos anteriores», observa Kevin Feige, presidente y director creativo de Marvel Studios. «Es fundamental que la Academia no pierda su conexión con el cine comercial de calidad», añade Rothman. Y eso es lo que es, por encima de todo, Spider-Man: No way home: un eficaz arma destructiva contra los prejuicios y la condescendencia que suelen rodear al cine de superhéroes.

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Al (buen) gusto del público. En un momento en que el desinterés del público, en especial el de las nuevas generaciones, por la ceremonia de los Oscar es cada vez mayor, con audiencias televisivas cada vez menores, nada tendría un efecto más rejuvenecedor que la explosión de vitalidad de los dos protagonistas de Spider Man: No way home, Tom Holland y Zendaya, rutilantes ídolos juveniles que, por si fuera poco reclamo, han confirmado que mantienen una relación sentimental. Lozanía y guapura para tiempos de aflicción, hasta el punto que Holland suena como ya posible presentador de la gala de este año.

Directores como Martin Scorsese llevan tiempo vituperando a Marvel y lamentando la muerte del viejo cine, o al menos su mutación en algo más trivial. «El cine ya no existe. El cine con el que crecí y el que sigo haciendo ya no existe», se lamenta el director de Uno de los nuestros, nostálgico de un tiempo que ya no volverá. Scorsese tiene toda la razón, y la prueba de ello es que una exaltación del cine clásico como la maravillosa West Side Story de Spielberg ha sucumbido por KO técnico en su combate en taquilla con Spider-Man: No way home.

El cine que hoy sigue atrayendo al público a las salas es, en efecto, comercial hasta los huesos, basado en infalibles fórmulas de éxito, fundamentalmente franquicias, remakes y revisiones. Y la película de Watts responde a ese perfil como anillo al dedo. Pero Sony y Marvel han sabido leer los gustos del público que sigue yendo al cine aun en tiempos de pandemia y, desafiando los prejuicios sobre el género, le ha ofrecido un producto de entretenimiento espléndido, dotado de ritmo trepidante, personajes carismáticos, profundidad moral, emotividad sincera y autohomenajes que quitan el hipo. Te interese o no el rollo Marvel, te atraigan o no las cuitas y aventuras de los superhéroes.

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Malos precedentes, pero menos. No nos engañemos: los precedentes no son buenos. De momento, esta semana se ha quedado fuera de las nominaciones de los premios BAFTA. Y el cine superheróico, pese a su apabullante sentido del espectáculo y su pasmosa capacidad taquillera, no suele estar presente en las ceremonias de los Oscar salvo en las categorías técnicas (efectos visuales o montaje de sonido), diseño de producción o animación. Aun así, algunas puertas se han abierto en el último lustro: en 2018, Black Panther, de Ryan Coogler, hacía historia al convertirse en el primer título del género que optaba al Oscar a la mejor película, el mismo año en que Spider-Man: Un nuevo universo, de Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman, rompía siete años de aplastante dominio de Disney en la categoría de animación.

Casilla aparte merece Joker, de Todd Philips, con sus dos Oscar y sus 11 candidaturas en 2019, entre ellas, por supuesto, la de mejor película y dirección. Pero este acercamiento a la némesis de Batman era, en verdad, un filme casi político, premeditadamente arisco y oscuro, situado a años luz de los estándares festivos del cine de superhéroes y, claro está, de Spider-Man: No way home. En cualquier caso, los universos de Marvel o DC, con su inabarcable catálogo de héroes y villanos en pie de guerra, han dejado de ser, por fortuna, cuerpos extraños en la gran fiesta de Hollywood.

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