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Diario de Mallorca

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Saltarse la dieta en Navidad es ‘bueno’

Siete comidas fuera de la dieta no van a echar a perder los anteriores meses de trabajo

Una mesa vestida y servida para celebrar la Navidad.

Turrón, cochinillo, alcohol, canelones... A pesar de que muchos los vienen esperando desde el pasado enero, estos alimentos pueden provocar sentimientos encontrados en algunas personas. Sobre todo entre quienes están acostumbrados a llevar dietas muy restrictivas o tienen objetivos de pérdida de peso muy seriamente marcados. Aunque parezca una contradicción, saltarse la dieta en Navidad es bueno.

Los compromisos, las comidas fuera de casa y las cenas con amigos y compañeros de trabajo pueden hacer descuadrar los planes, pero no tienen por qué arruinar todo el proceso. Objetivamente, las fiestas navideñas se reducen a unas seis o siete citas ineludibles a las que quien más quien menos termina por asistir. Siete comidas fuera de la dieta no van a echar a perder los anteriores meses de trabajo. Siempre y cuando los haya habido. También hay que ser realista con uno mismo.

A pesar de que este cambio de rutina puede tener sus beneficios, hay que tener medida. Desconectar tiene la capacidad de hacer que se vuelva con más fuerza a perseguir el objetivo permitiendo despejar la mente y coger fuerzas, pero muchas veces la cabeza juega malas pasadas y complica este proceso. Tanto es así que para algunas personas las fiestas navideñas se convierten en un pico de estrés emocional y de ansiedad muy elevado, y pierden el control con atracones o compensaciones extremas. Vayamos por partes.

Ansiedad por Navidad

La ansiedad es una activación física y mental que se produce cuando hay circunstancias tanto propias como ajenas que el sujeto no puede controlar. Para algunas personas, generalmente gente que está llevando a cabo una dieta estricta para bajar de peso, las comidas navideñas en las que no podrán controlar la ingesta calórica se convierten en una de esas circunstancias que escapan de su control y causan ansiedad. «En general, las personas que tienen tendencia a sufrir de ansiedad en esta época son gente que sigue dietas muy restrictivas o que tiene alguna dificultad de aceptación con la propia imagen y el peso», asegura Josselyn Sevilla, psicóloga sanitaria del Instituto Claritas. «Siguiendo esa tendencia, son personas que en muchas ocasiones siguen dietas de internet muy restrictivas que acaban generando una concepción errónea de lo que significa cuidarse», explica. En la mayoría de casos subyace un problema de base, pero no es condición sine qua non para sufrir por la comida.

En estos casos, para este tipo de personas, realizar comidas fuera de lo estipulado en sus dietas implica un desastre. «Desviarse un poco de los resultados y objetivos es para ellos destructivo. En gran medida esto se debe a la falta de información y de ayuda profesional», asegura Sevilla. Este estado de ansiedad, de angustia y malestar psicológico puede acabar por crear una mala relación con la comida e impedir disfrutar de otros aspectos clave de las fiestas.

«Igualmente debemos tener en cuenta que el peso no es un medidor fijo ni indiscutible, que fluctúa, y que estar saludable o cumplir el objetivo puede pasar por ganar un cierto peso y perderlo después», explica Sevilla. «De hecho, tener esta serie de pensamientos ya debería encender algunas luces rojas y hacernos ver que necesitamos ayuda, tanto de un nutricionista o entrenador como quizá psicológica, para dejar de sentir esta ansiedad», dice la psicóloga.

Más allá de lo que podemos hacer cada uno por nosotros mismos, también es importante saber actuar cuando vemos a alguien que lo está pasando mal. «Siempre hay que tratar de hacerle ver que las cosas son relativas y que no es tan grave, así como desviar la atención de las comidas para centrarla en la familia, el momento o las reuniones, por ejemplo», explica Sevilla.

Es habitual vivir escenas de presión o cuestionamiento hacia las personas que toman una actitud distinta frente a la comida en estas fechas, pero poner el foco en ellas y sus errores, o actitudes, no ayudará a solucionar sus problemas con las calorías, sino quizá contribuirá a reforzar un sentimiento de vergüenza y culpa por no comer como los demás. Si existe una preocupación, es positivo acercarse a la persona e interesarse por su estado sin presionar. Tratar los trastornos alimentarios con naturalidad ayuda a tomar conciencia, pero ello no debe convertirse en un señalamiento de la persona. Tampoco se debería hablar desde la perspectiva de que el otro hace las cosas mal. «Una buena forma de ayudar es contribuir a que esa persona se sienta partícipe del momento presente y deje de lado la obsesión con la comida», insiste la psicóloga.

Al final, es importante ser conscientes de que la Navidad es una época del año, y que volviendo a la rutina tras los excesos y retomando hábitos saludables recuperaremos el estado anterior. Es muy importante no tratar de compensar estos excesos con restricciones o dietas milagro: sería contraproducente y suele conllevar el temido efecto rebote.

Volver a la rutina

Enero es el mes de los propósitos, de los nuevos comienzos y, en muchas ocasiones, de la frustración. De nada sirve apretarse el cinturón con las comidas, restringir todos los caprichos y matarse en el gimnasio si esa actitud va a durar tan solo un par de semanas. Es mucho más efectivo, y recomendable, diseñar un plan de acción si es lo que realmente se quiere, y acudir a profesionales para hacerlo de tal forma que sea fácil de cumplir y llevar adelante.

Esa será la clave de que el resto del año se pueda transigir en ocasiones como la Navidad, las vacaciones o incluso de vez en cuando «porque sí». La buena salud y la buena forma física van de la mano del hábito, por lo que cuidarse a diario, entrenar habitualmente y ser conscientes de lo que se come han de ser hábitos tan cotidianos como lavarse los dientes. Esa es en realidad la clave del éxito.

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