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Diario de Mallorca

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Entrevista
Miquel Bennàssar Organista

Miquel Bennàssar: «Me considero un discípulo de Bach, un seguidor de su obra y de toda la relacionada con él»

«Para realizar un concierto a la semana en Alaró, hay que tener un amplio repertorio, ya que se trata de dar a conocer piezas nuevas»

Miquel Bennàssar, el impulsor del ciclo de conciertos ‘Els Matins de l’orgue’, que se celebra en la iglesia de Alaró. | JOAN RIERA

El organista de sa Pobla ha conseguido mantener un ciclo de conciertos, Els Matins de l’orgue, en Alaró, durante quince años, llegando, el pasado sábado, a la sesión número setecientos.

¿Qué representa haber llegado a esa cifra de conciertos?

Un gran honor y un orgullo, sin duda, pues era inimaginable pensar que llegaríamos tan lejos hace quince años cuando empezamos la andadura. En aquel momento nadie hubiera pensado que la iniciativa llegaría hasta aquí, mirábamos a unos meses vista, máximo a un año, y mira por dónde, estamos en década y media.

¿Esta era la primera iniciativa en este sentido que usted proponía?

No, hubo una anterior en Inca que duró, como suele decirse, «de Nadal a Sant Esteve», ya que el Ayuntamiento no quiso implicarse en el proyecto. Fue entonces cuando la casualidad hizo que supiéramos que en Alaró querían recuperar el órgano, así que decidimos unir intereses estableciendo un ciclo semanal de conciertos coincidiendo con el día de mercado. De hecho, en otros lugares europeos, también se combina la música y el comercio popular.

Si bien usted es el organista titular y el alma del ciclo, otros artistas han pasado por Alaró.

Cierto. Hemos podido contar, de forma puntual, con músicos de otros lugares, muchos de ellos de fuera de Mallorca, incluso uno de Japón. Pero sí, yo he sido el que de forma constante he dado los conciertos.

¿Cómo es el día a día de un organista que ofrece un concierto semanal?

Para poder realizar este tipo de conciertos el organista debe tener un amplio repertorio, pues no se trata de repetir cada semana lo mismo, sino al contrario, dar a conocer piezas nuevas. Luego es importante también poder ensayar, cosa que yo sí puedo hacer con regularidad, llegando a un mínimo de dos días a la semana y a veces incluso más.

¿Cómo es su relación con ese instrumento histórico?

Bueno, lo que es el mueble del órgano sí que es histórico, hecho por Pere Josep Bosch en el siglo XVIII, en 1758, pero el instrumento en sí, los tubos y el mecanismo son modernos, pues la reforma la hizo Gerhard Grenzing en la primera década del presente siglo, inaugurándose en 2006. Mi relación con él es estrecha, lo toco un mínimo de tres veces a la semana, aunque de tarde en tarde debo dejarlo, pues es bueno dejar que repose.

Siendo pues un órgano moderno, ¿dispone de avances tecnológicos como ordenadores y otros elementos similares?

No, el órgano es moderno, pero sigue con esa parte artesanal que le da un sabor antiguo. No es programable, podemos decir que el organista debe poner todos los registros de forma manual, lo que le da un valor añadido. Es mucho mejor así, pues en los programables, el intérprete se pasa más tiempo programando que ensayando.

¿Cómo podemos situar ese instrumento en cuanto a su calidad?

El de Alaró es un gran instrumento, es un órgano de tamaño medio. No es de los más grandes pero sus dimensiones permiten mucho repertorio y además manteniendo un muy buen sonido. De todas maneras, eso de calificar un órgano no es fácil, pues uno puede ser pequeño, tener pocos registros, no permitir obras grandes, pero en cambio tener una sonoridad muy especial que lo hace único. Y otro, en cambio, puede que sea muy grande, disponer de mucha trompetería y muchos recursos, pero no ofrecer un buen sonido.

¿Cómo cambia una obra de un órgano a otro?

Pues mucho. Depende de los registros que tenga, de las posibilidades tímbricas. Una misma obra suena diferente de un órgano a otro. Si bien se suelen dar pautas para utilizar un sonido concreto, al no tener el instrumento para el que se creó la obra, no es lo mismo.

Usted incluye en sus programas obras que van desde el Renacimiento hasta la música contemporánea, con estrenos, entre otros, de Xavier Gelabert. ¿Con qué repertorio se siente más cómodo?

Lo de mostrar obras nuevas siempre ha sido una constante en mi trayectoria como intérprete. Últimamente he estrenado partituras de Gelabert, pero antes hice lo mismo con las de otros compositores actuales, como Sánchez Verdú, uno de los grandes, o Xavier Carbonell. Muchas de esas obras que he estrenado han sido pensadas expresamente para un órgano concreto, con lo que suenan mejor tocadas en él. Ahora bien, dicho esto, me considero un discípulo de Bach, un seguidor de su obra y de toda la relacionada con él. En cada programa incluyo, para finalizar, una pieza de Bach.

Y, desde hace un tiempo, usted también suele incluir en sus programas sabatinos improvisaciones sobre temas populares o de otros compositores.

El órgano permite muy bien hacer improvisaciones. Piense que a la hora de acompañar un oficio litúrgico es necesario improvisar, pues no siempre los espacios en los que el sacerdote no dice nada duran lo mismo. Así que improvisar en un órgano no es una novedad. Un organista que se precie debe saber hacerlo. Y después está el tema de la variedad tímbrica, que hace que puedas ofrecer la misma melodía, aunque con colores y cromatismos diferentes, lo que la hace también diferente. Es bueno, pero remarcar que, si bien el instrumento no nació en el seno de las iglesias, ha sido en los templos donde ha crecido, llegando a su esplendor. Y todavía más, es en la iglesia luterana donde ha tenido más importancia; para los protestantes el órgano siempre ha sido protagonista musical de las celebraciones, en cambio en la iglesia católica es un elemento de relleno, un sirviente, un acompañante que, en sus inicios, alternaba con el canto gregoriano e improvisaba sobre sus melodías.

¿Qué le queda por incluir en los próximos setecientos programas?

Me gustaría poder invitar a organistas concretos para que puedan conocer de primera mano este instrumento, que, siendo de un organero muy reconocido, tiene algunos elementos armónicos que lo convierten en único. Hemos tenido la suerte de poder hacer un seguimiento regular a este órgano, revisándolo y afinándolo las veces que hace falta, algunas incluso mensuales y otras generales cada año o año y medio. Es un órgano, sin duda, excelente.

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