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Diario de Mallorca

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Crítica de Música

Música no hay mas que una

Yes la buena, la que está hecha con profesionalidad y sentimiento, la que lleva implícito el sello de la coherencia. Lo demás no es música, es otra cosa, puede ser comercio, interés o bodrio.

Pero aquí hemos venido a hablar de Música, en mayúscula. Por tanto, hemos venido a hablar de buena música. Como la que sonó el pasado jueves en el Auditòrium de Palma, con una Simfònica adaptándose a otros parámetros que no son sus habituales, con una Big Band de enormes cualidades, así como unas voces que transmiten energía, unas cuando cantan otras cuando improvisan. Y es que en la sesión que comentamos, tuvimos la oportunidad de ver dirigir a uno de los ya grandes del jazz. Nos referimos a Toni Vaquer, un referente que poco a poco y a base de su buen hacer, se convierte en leyenda. Vaquer versionó, para ese enorme grupo instrumental formado por orquesta, piano, banda y cantantes, algunos de los temas del repertorio popular de las islas: La Dama de Mallorca, Sa Mort de na Margalida, Vou-Veri-Vou, Ses Pomes e incluso La Sibil·la. Haciendo que todos ellos se nos aparecieran como nuevos. Llenos de nueva savia.

Vaquer es un sabio inteligente, que convierte esa inteligencia musical innata en un enorme valor, uniéndola a una sabiduría difícil de definir, para obtener un producto apto para todos los públicos. O, mejor dicho, apto para todos los públicos deseosos de conocer nuevas fronteras y no apto para públicos que solamente miran hacia atrás.

Los que tuvimos la oportunidad de asistir a ese concierto pudimos reafirmar el valor de talentos consolidados como el guitarrista Josep Munar, el pianista Marco Mezquida, las cantantes Júlia Colom y Joana Gomila o el glosador Mateu Xurí; pero también descubrir o redescubrir otros como las cantantes Clara Fiol y Anna Ferrer y la glosadora Maribel Servera. Todos en un enorme estado de gracia artística y satisfechos de verse formando parte de ese proyecto tan ecléctico. Y es que se notaba que todos ellos se sentían cómodos sobre el escenario; transmitían su gozo. Lo mismo podemos decir de los miembros de la Simfònica, a los que debemos agradecer y aplaudir la manera de situarse ante unas partituras nuevas, llenas de cambios rítmicos y sorprendentes y con sus momentos dados a la improvisación tan propios del jazz. Y es que pasar de la llamada clásica al sonido swing no es fácil. En la primera todo está cuadrado, en el segundo nada es lo que aparece en el pentagrama.

Tarde curiosa esa en la que debemos también elogiar la labor de los miembros del equipo técnico, con Toni Puig al frente, que consiguieron un sonido claro desde la primera hasta la última nota.

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