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El gallinero | Viva el caos, muera la política

Ingold en ‘P-Acte idiota’. |

Un espectáculo de Hermanas Picohueso es una actividad de cierto riesgo intelectual. Tanto en Excalibur y otras historias de animales muertos como en P-Acte idiota, que cerró hace unos días la FiraB, ponen a prueba el acervo del espectador, su capacidad para discernir si lo que están viendo pasó de verdad o se lo han inventado Gal·la Peire, Diego Ingold y Lluki Portas.

Porque dentro del aparente caos de sus propuestas, en medio de un hábil despliegue de recursos técnicos y efectos ingeniosos manufacturados, hay mensajes -potentes, actuales, más o menos limpios o encriptados– y por supuesto una ideología. En este caso, asistimos a un acto de reparación, una suerte de refundación de una presunta comunidad idiota que acogió mentes brillantes. La apuesta parte de la etimología del concepto –aplicado a aquel que se apartaba de las reglas, que se petaba las convecciones, lo público… que vivía al margen– se retuerce para pasar por grandes mujeres que se rebelaron contra el molde patriarcal y acaba, en un salto abismal, cayendo sobre las cabezas de algunos de los ‘idiotas’ actuales que más lucen en nuestro entorno (Miguel Bosé, Pablo Motos, Bertín Osborne y otros a los que no sé ponerles nombre). En el camino hay risas, ciertas dosis de provocación, mucha interacción con un público que se deja, gadgets y un enorme trabajo físico de los intérpretes. Sin duda la compañía ha encontrado un camino y un público bastante amplio.

Entré con ciertas prevenciones a ver Alguns dies d’ahir (la programaron en Manacor y en el Principal de Palma) y salí con el convencimiento de que ese retrato retrospectivo y voluntariamente equidistante del antes y después del referéndum del 1-O contiene la clave de lo ocurrido: la gran derrotada fue la política. Lo sintetiza a la perfección uno de los personajes, al pedirle a su padre (‘indepe’ decepcionado) que no hable del ‘tema’ en las comidas familiares. Puede que sea un poco pronto para abordar un serial al que aún le faltan varios capítulos por escribir, pero hay que reconocer que tirando de cuatro arquetipos y de un repaso casi periodístico de los momentos claves, Jordi Casanovas (autor) y Ferran Utzet (dirección) consiguen resumir un marco sociopolítico tan complejo y a la vez tan manipulable.

Acabemos rindiéndonos a dos teatros modestos. El Teatre del Mar, que sigue programando joyas como Heredarás la lluvia –un Esperando a Godot con alma triste y dos actorazos (Carles Castillo y Carles Montoliu) sobre el escenario– y el Teatre Sans, que ha lanzado un S.O.S. ante las dificultades de mantener vivo el local. Como alguien ha dicho en uno de los múltiples mensajes de apoyo que circulan por las redes, Palma no se puede permitir el lujo de perderlo.

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