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Entrevista
Ferran Cruixent Compositor

«Con parte de mi música denuncio el peligro del Big Data»

«Me gusta decir que todos somos cíborgs, ¿acaso no son nuestros teléfonos móviles extensiones de nuestra memoria?»

El compositor catalán Ferran Cruixent. | F.C.

La Simfònica interpretará una de sus obras, ‘Solaria’, en el concierto del próximo día 4, con Leonard Slatkin en el podio. En dicha partitura, los  músicos deben utilizar sus teléfonos móviles para crear efectos

¿Qué es Solaria?

Se trata de una obra con un solo movimiento, inspirada por la preocupación que siento hacia la dependencia que tiene el ser humano de la tecnología. El nombre proviene de un planeta que ideó Isaac Asimov en su obra La Fundación y que como característica tenía el hecho de depender totalmente de la tecnología, de los robots. En Solaria existían más de diez mil robots por cada ser humano, lo que hacía muy difícil la comunicación entre las personas. Mi obra viene a ser una metáfora del mundo en el que vivimos. No se trata de un estreno absoluto pues fue un encargo italiano y se interpretó por primera vez en Bolzano en el 2015.

¿Cómo está estructurada musicalmente?

Intento que la orquesta describa paisajes desiertos de una civilización no humana. Y se les pide a los intérpretes que, además de su instrumento, utilicen sus móviles a través de una aplicación que deben bajarse y en la que he introducido sonidos diversos que se escuchan mientras ellos van tocando, es lo que llamo Cyber Canto. Primero se escucharán las palabras de Neil Armstrong a su llegada a la Luna y luego unas citas musicales a través de la canción Daisy bell de 1892 y que fue utilizada en 1961 para presentar el programa IBM 704. Curiosamente Arthur C. Clarke estuvo presente en esa sesión y por eso ese tema musical es el que canta el ordenador HAL 9000 en el filme 2001 Una Odisea del espacio, cuando lo desconectan, como queriendo decir «vuelvo a mi niñez».

Háblenos de ese concepto, el Cyber Canto. ¿En qué consiste?

Lo introduje por primera vez en una tetralogía titulada Cíborg y consiste en mezclar el sonido tradicional de los instrumentos de la orquesta con la tecnología, haciendo que se cree una comunicación entre intérprete y oyente que va más allá de la partitura. En el fondo no es más que llevar al escenario lo que hacemos en la vida real, pues cada uno de nosotros utiliza su móvil en su trabajo. Por otra parte, me gusta decir que todos somos cíborgs, pues, ¿no son nuestros teléfonos extensiones de nuestra memoria? ¿No llevamos gafas o aparatos auditivos para ver u oír mejor?

¿Podemos hablar de una obra tonal?

No sería correcto hablar de tonalidad pues los ruidos y sonidos no la tienen, ahora bien, mi obra sigue unas armonías que la hacen intuitiva. Como compositor no renuncio a la tradición.

¿Estamos todavía en la era de la experimentación sonora?

La experimentación se estudiaba en los conservatorios con las partituras de Stokhausen o Berio, pero yo prefiero otra línea, que llega más al corazón, que es la de Strauss, Bártok o Stravinski, esos no han experimentado, no se han escondido, han escrito para la gente. Muchos de esos compositores experimentales se han escondido tras una cierta arrogancia que no me interesa ni me seduce. Yo sigo la intuición. Mis referentes son compositores que no han roto con el pasado. Siento la necesidad de explicar, de ir hacia algún sitio. Me gusta trabajar con amor y entusiasmo. Ese ha sido mi camino, aunque puedo entender que no sea el único, pero es el mío. La música experimental no ha sido una meta para mí.

«Muchos compositores experimentales se han escondido tras una arrogancia que ni me interesa ni me seduce»

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¿Por qué el público va a exposiciones de pintura contemporánea y en cambio le cuesta más entender la música de su tiempo?

Muchas obras pictóricas tienen la ventaja de ser directas y no necesitan el tiempo, se pueden ver a partir de un corto impacto que dura un momento. Los sonidos necesitan un tiempo para ser escuchados en su totalidad, con lo que se requiere dedicarles atención durante más rato.

¿Debe un compositor estar comprometido con su época?

Sin duda, al cien por cien. Y es que el arte es esto, estar comprometido con tus días, hacer tuyas las preocupaciones actuales y la filosofía de tu época. Me gusta que la gente reflexione a través de mi música y un debate que se da hoy y que me interesa reflejar en mis partituras es el del uso de la tecnología. La máquina no tiene autoridad, la tiene el ser humano. El humano es un ser tan supremo, tan exquisito, que por mucho que lo analicemos nunca dejará de fascinarnos. Somos dioses. En cada uno de nosotros hay una religión, humilde si quieres, pero holística. Las inteligencias artificiales que creamos son solo algoritmos, y no podemos dar autoridad a un algoritmo. La ciencia ficción es una herramienta muy potente para entender lo que vendrá. Asimov, Kubrick, Clarke han sido visionarios, nos han mandado mensajes. La tecnología cambia muy rápido. Debemos estar prevenidos, controlar, no perder el control, no darle autoridad al robot. El Big Data no debe tener poder. Con parte de mi música denuncio el peligro del Big Data.

A usted le han hecho encargos diferentes formaciones orquestales. ¿Es este el camino a seguir, el de trabajar por encargo?

He tenido la suerte de tener suficientes encargos y no escribir para mí mismo. He orquestado unas sesenta películas (algunas dirigidas por Joan Carles Martorell, de IB3), cosa que me ha ayudado a conocer cómo funciona una orquesta, pues en la composición, la mitad de la profesionalidad se adquiere con la práctica. Y es difícil hoy tener una orquesta a tu disposición. Los tiempos de Haydn o Vivaldi, que disponían de formaciones instrumentales, ya ha pasado. De poco o nada servirían mis estudios si no pudiera coger experiencia. Ese es el motor para aprender a componer.

«Las inteligencias artificiales son solo algoritmos y no podemos dar autoridad a un algoritmo»

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Héctor Parra, Bernat Vivancos, ¿podemos hablar de una generación de compositores catalanes nacidos en los 70?

Sí. De hecho, y gracias al Conservatorio Municipal de Barcelona, que era muy duro, salimos muy preparados. Sin miedo a nada, y con mucho que decir.

Hace unas semanas estrenó La victòria de la dona Lluna con textos del poeta mallorquín Jaume C. Pons Alorda. ¿Cómo surgió la idea de utilizar un texto de un autor mallorquín?

Fue un encargo del Palau de la Música, del que Pons y su mujer son, este curso, los poetas residentes. Me propusieron un texto suyo y aproveché para hacer un homenaje a Lilit, la primera mujer, la que marchó del paraíso por no querer estar sujeta al hombre. Recordar y celebrar la figura de Lilit es recuperar lo que hemos escondido como humanidad, es recuperar el espacio de la mujer y ayudar al hombre a deshacerse de la presión de ser hombre.

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