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Diana Coca: «En China aprendí a usar el cuerpo como herramienta política contra el poder»

Provocación y denuncia social son los principales conceptos de la exposición ‘Vuelo, luego existo’, el proyecto de la mallorquina que se inaugura este jueves en el Casal Solleric

Diana Coca, junto a sus obras, en el Casal Solleric.

¿Cuál es el hilo conductor de la exposición? 

La idea es que la narrativa de la muestra acompañe al espectador en un viaje, visual y textual, que, en realidad, es el viaje de mi vida con los cambios en mi interior y en mi cuerpo. Desde 1998 me fui de las islas. Mi manera de crear, fotografiar, escribir, vivir, amar, trabajar está completamente vinculada a la idea de viaje. 

¿Cómo ha influido en su arte los años vividos en China?

De forma radical y contradictoria. Llegué a una China muy libre entre 2010-2012, gracias a un premio de la Fundació Pilar i Joan Miró de Palma, para residir en el Three Shadows Photography Art Center. Quería aprender más sobre fotografía performativa, destrucción y reconstrucción. Gané mucha confianza en mi faceta como performer, podía hacer lo que quisiera en el espacio público llevando mis posturas corporales hasta extremos antes no experimentados. Me encontré una ciudadanía sin prejuicios y mucho respeto donde personas anónimas en la calle me ayudaban con el disparador de la cámara para no perder el flow. A partir de 2013 todo cambió y se puede ver en la exposición. Hay vigilancia panóptica, cámaras grabando, policía por todo, control y redadas para expulsar a los artistas extranjeros y detener a los artistas locales subversivos o contestatarios. Mi creatividad aprendió a ser rebelde y utilizar el cuerpo como herramienta política para cuestionar al poder.

¿Y México?

En 2014-2015, la frontera de Tijuana volvía a estar hirviendo. Para mi arte, se tradujo en lo que se ve en esta muestra: representación de la violencia con todas las contradicciones éticas que supone: dolor, supervivencia, superación, pero siempre con un toque de humor, ironía y cierto cinismo. La experiencia latinoamericana te lleva a entender el cuerpo de una manera más política y empática. Las teorías decoloniales me han ayudado a comprender la perspectiva racial, de clase y de género , desde el otro lado del océano. Ser una privilegiada occidental no me hace estar ciega, sorda y muda ante el dolor de los demás. 

Sus fotografías son performáticas, ¿puede explicar el concepto?

Son acciones de un cuerpo inserto en el espacio abierto que se mueve ante la máquina fotográfica, presentándose ante los demás y ante la naturaleza, afectando y siendo afectada, que luego se convierte en impresión fotográfica. Soy fotógrafa y performer. Me gusta mucho la improvisación y no saber qué te vas a encontrar. Trabajar con un helicóptero de la Border Patrol norteamericana encima de la cabeza no es muy agradable, pero es excitante. La narrativa es muy underground. El referente teórico es Judith Butler, la filósofa más cañera del siglo XX-XXI, con su teoría de la performatividad cuestionando los roles de género cerrados y las performances interiorizadas que son pura ficción social.

¿Es fundamentalmente revolucionaria y reivindicativa?

Totalmente. Reivindico un cuerpo que es mío, unas calles que son nuestras, unas fronteras que son artificiales, no hay seres humanos de primera y de segunda, y una naturaleza que no es de los seres humanos. Somos los invitados temporales a un universo que no nos pertenece y no respetamos. 

¿Las imágenes que muestra son una responsabilidad ética?

Sí, las presentaciones y representaciones que ponemos en el mundo son una responsabilidad ética enorme, lo que decido mostrar o lo que decido ocultar y por qué. Eso es una responsabilidad muy grande que puede llevar a la manipulación y abuso de poder. De eso sabe mucho el fotoperiodismo, al que admiro y está muy maltratado.

¿Cuál es el planteamiento feminista de la obra?

Cada vez me interesa más el ecofeminismo, que vincula la explotación del cuerpo femenino con la de la naturaleza, como si cuerpo y paisaje explotado fueran lo mismo, y se encuentran en el mismo estado de vulnerabilidad ante el exceso de edificaciones, de expropiaciones, de sustracciones, de conquistas y de toda la basura patriarcal que ha servido para llevarnos hasta el momento histórico actual, de pandemias y destrucción medioambiental.

¿Hay otros conceptos involucrados?

En la muestra también aparece la idea de retorno del viaje, que es poética y bella. Un poco de relax tras tanta distopía. Hablo de una vuelta a los orígenes, que proporciona la renovación y la salud, el mito del eterno retorno, volver al origen de las cosas para subsanarlas y reconstruirlas. También está involucrado un deseo de comunicación, como fuerza o poder que te empuja a llevar los proyectos hasta sus últimas consecuencias.

¿Hay que viajar más para eliminar prejuicios?

A mí me ha funcionado y lo necesitaba. Quizás la insularidad me empujara, aunque las islas son un lugar muy cosmopolita y cuanto más viajo más lo valoro. El viaje me ha servido como liberador de prejuicios y vía de escape para no ser siempre idéntica, aburrida, previsible…. pero estoy convencida de que hay muchas personas que tienen un gran mundo interior y el cuerpo no les pide viajar, su construcción como persona es interesante y desprejuiciada, como Kant que no se movió de su ciudad.

Sus representaciones de la mujer, ¿son retos?

Sí, totalmente, y precisamente llevo un pasamontañas - al estilo Pussy Riot o guerrilla zapatista - que hace que mi identidad personal quede difuminada, porque soy yo pero podría ser otra mujer. Me gustaría que otras mujeres y también hombres o personas que no se identifican con ningún género se sintieran identificados con este reto para derribar prejuicios, muros y protocolos sociales, políticos, culturales, religiosos, que nos limitan e incluso nos pueden hacer enfermar.

¿Es la fotografía un mejor medio que otras expresiones artísticas para transmitir emociones y mensajes?

En mi caso particular sí, pero entiendo que cada creador es un mundo y necesita encontrar sus propias herramientas de expresión. Me fascina el modo de vida que implica llevar la cámara al cuello, viajando. Encerrada dentro del estudio al estilo de los pintores, me siento incapaz de crear, me faltan estímulos y me siento como un animal atrapado.

¿Debería existir una carrera universitaria de fotografía?

Sin duda. Hoy en día, viviendo rodeados de aparatos tecnológicos y reproducciones de imágenes, me parece más que nunca una materia obligatoria que aprender en la universidad pública. No todo el mundo puede pagarse una escuela privada. Hablo no sólo de aprender a realizar imágenes, la parte creativa, sino comprender la responsabilidad ética que conlleva hacer (o no) una foto, todo lo que hay detrás a un nivel mucho más grande, sociopolítico, y las implicaciones humanas.

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