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Entrevista
Manuel Martínez Cantante de Medina Azahara.

«He visto amanecer muchas veces en Magaluf»

El músico Manuel Martínez, uno de los padres del rock andaluz, presume de peluco. | DIARIO CÓRDOBA

El veterano vocalista, de 70 años, regresa a Mallorca, donde trabajó en su juventud como camarero, para rendir homenaje a Triana, hoy en el Auditorium de Palma (21 horas)

Vuelve a Mallorca, una isla que conoce bien, en la que estuvo viviendo algún tiempo hace ya unos añitos.

Tengo muchos recuerdos de Mallorca. Cuando tenía 14 años entré a trabajar en un hotel de la isla, en el que estuve mucho tiempo, el hotel Magaluf, que no sé si todavía existe o no. También recuerdo la primera vez que tocamos con Medina Azahara, en el Auditorium, y un festival en el que estuvimos, en Can Picafort, en 1980, con Eric Burdon, Kevin Ayers y otros.

¿De qué trabajó en ese hotel de Magaluf?

En el restaurante, de camarero. Tenía experiencia, porque en verano siempre me buscaba trabajos por hoteles de Barcelona o Salou, y decidí probar en Mallorca. Lo que pasa es que la gente se pensaba que era Jesucristo Superstar, te lo digo en serio. Iba con un abrigo largo de piel y el pelo largo, suelto, y me confundían todo el rato. «No soy Jesucristo, soy Manuel», les decía yo. Fue una etapa muy divertida, sobre todo por las noches.

¿Cómo eran las noches de Magaluf, a finales de los 60?

Eran increíbles, y más divertidas. Íbamos a las discotecas a escuchar música y bailar, y después, a la playa, donde amanecíamos. No causábamos problemas pero sí arrastrábamos sueño todos los días.

¿Todavía le divierte la noche?

Hace ya mucho tiempo que no me dedico a trasnochar. Es cierto que tocamos casi siempre de noche pero cuando termino el concierto casi siempre me voy al hotel a dormir porque al día siguiente tenemos otra actuación en otra ciudad, que igual está a 500 kilómetros de distancia o más. Mi cuerpo necesita descansar para ofrecer al público lo que se merece.

¿Cómo es el público que viene a verles?

Viene gente muy joven y algunos lo hacen porque sus padres son seguidores de Medina Azahara. También viene gente mayor. Llevamos en la carretera 42 años y aquellos chicos que empezaron con nosotros tienen hoy como mínimo 65 años. En nuestro público hay gente de todos los tipos y de todas las regiones.

Muchos de esos jóvenes no conocerán a Triana. ¿Cómo nació la idea de este homenaje?

Juanfran Senabre [productor] pensó que quién mejor que Medina Azahara para rendir un gran homenaje a Triana. Estuvimos muchas veces tocando los dos grupos en el mismo escenario y nos conocíamos perfectamente. Nuetro mánager por entonces, Javier García-Pelayo, era compadre de Jesús [de la Rosa Luque, el cantante, teclista y compositor principal de Triana, fallecido en 1983]. Nos unía una gran amistad que se ha reflejado en este homenaje, que a Eduardo [Rodríguez Rodway, el guitarrista de Triana, el único que queda vivo] le ha parecido perfecto, magnífico, un proyecto que apoya en todos los sentidos.

¿Cómo se manejaba Triana en los directos?

Sus conciertos eran muy bonitos. La mayoría de las veces ellos tocaban los tres [los citados Jesús y Eduardo, y Juan José Palacios, ‘Tele’] solos. Triana era muy limpio, musicalmente hablando y también la puesta en escena, pero la verdad es que ellos llenaban el escenario. Cuando Jesús abría la boca... ¡madre mía! Cuando nos contrataban a los dos grupos juntos anunciaban: «Mano a mano Triana y Medina Azahara». Todo mentira, porque nos llevábamos estupendamente, éramos amigos y compañeros. Nos reíamos de eso. Lo vendían así para darle más morbo a la actuación.

¿Qué unía y qué diferenciaba a ambos grupos?

La diferencia estaba en la forma de hacer la música. Medina Azahara siempre ha sido un grupo más de fuerza, con un mensaje muy claro en las canciones, con una música más fuerte. ¿En qué nos podíamos parecer? Bueno, los dos éramos andaluces y bebimos de las mismas fuentes. Quizá ellos bebieron más de King Crimson, de Pink Floyd, de grupos más sinfónicos que los que escuchaba yo. A mí me gustaban más Deep Purple, Uriah Heep, Grand Funk.

¿Qué haría hoy Triana?

Si Triana hubiera seguido hoy sería un grupo de culto, con un montón de admiradores, en todo el mundo. En España tuvieron mucho éxito y fueron número 1, y la gente no se olvida fácilmente de todo aquello. Otra cosa es que hubieran seguido, porque tenían varios proyectos.

¿Qué aprendió usted de ellos?

A mí me enseñaron a ser más humilde en mis textos, y que a veces hay que decir las cosas con menos fuerza para que la gente se entere y le llegues al corazón. Nuestra amistad siempre fue sana, limpia y eso se reflejaba cuando nos encontrábamos por Madrid alguna vez de fiesta, cuando nos tomábamos alguna cervecita sin alcohol y poco más (risas).

«Triana y Medina tocamos muchas veces juntos, éramos amigos y nos conocíamos perfectamente»

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¿Triana entra a la primera?

En directo resultaba fácil la escucha, porque solo estaban Jesús tocando el mellotron, ‘Tele’ a la batería y la guitarra flamenca de Eduardo. En estudio eran mucho más enrevesados, metían muchos más instrumentos, aunque sus melodías siempre eran preciosas, unas melodías que siempre dieron mucha vida a Triana.

Seguro en primera fila, en el Auditorium, se encuentra con Luis Massot, de Taifa.

Seguro. Estuve colaborando en un disco con él y además en mi primer disco en solitario [En cuerpo y alma] hice una canción de ellos, Con el corazón, un pedazo de tema, inmenso, que me encantó en cuanto la escuché. Como estábamos en la misma compañía, la grabé. Taifa es un súper grupo, ha bebido mucho de las fuentes del rock andaluz, de lo árabe, de lo que nosotros tenemos, esa chispa distinta que nos define y nos diferencia. El problema de Taifa es que no está en la Península. Si no estuvieran en la isla tendrían más recorrido.

¿Quién hace hoy rock andaluz?

Los mismos que antes. Hay nuevos grupos, con nuevas propuestas, como Derby Motoreta’s, que hacen experimentos con lo que fue el rock andaluz, pero en definitiva sigue siendo rock andaluz, porque se basan mucho en lo que hicimos nosotros y en cómo lo hicimos. Me gusta, porque intentan que el rock andaluz siga vivo y yo no quiero quedarme solo en la carretera.

Con 70 años cumplidos, ¿qué le mantiene en la carretera?

La alegría de poder estar en un escenario, y que la gente te diga «olé», o simplemente te aplauda.

¿El camino recorrido, en la música, ha sido duro?

Ha sido difícil. Vivimos de nuestros fans, ellos son la fuerza y la alegría que necesitamos para resistir. La relación de Medina Azahara con la industria ha sido agridulce. Tuvimos la suerte de firmar nuestro primer contrato con la CBS, con ellos estuvimos tres años, llenos de éxitos, y cuando decidimos irnos no nos pusieron ningún impedimento. Con Avispa también tuvimos una época gloriosa, pero luego las relaciones se enfrían, y pasas del amor al amor/odio, o al amor agridulce, como quieras llamarlo. Ahora estamos con una nueva compañía, y con nuevo disco.

¿En qué grupos militó antes de Medina Azahara?

Con 12 años monté mi primer grupo, con el que imitaba a la gente que más me gustaba: los Beatles, Deep Purple, Los Brincos... Con 17 años ya me hice más profesional, con un grupo que se llamó De pie en la vida. Luego fui a la mili y después me metí en Retorno, y de ahí a Medina Azahara.

Llegó a jugar al fútbol en el Córdoba juvenil. Le podrían haber llamado el Valderrama andaluz, por la cabellera. ¿Por qué colgó las botas?

Sí, sí, puedo parecerme a Valderrama (risas), más o menos. El fútbol siempre fue una pasión, y sigue siéndolo. Lo dejé profesionalmente cuando estaba en el Atlético Cordobés, y fue por una tontería. Estábamos en un partido, yo como defensa, y había un tío del equipo rival que jugaba mucho, un extremo, y en un salto que dimos le di un cabezazo. Me echaron y me metieron tres partidos sin jugar. Al llegar al banquillo me dijeron, no estarás tres partidos, estarás tres meses sin jugar. «Pues ya no vengo más», les solté.

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