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Música

Llàtzer Méndez: "El humor me ha acompañado toda la vida"

El fundador de Ossifar regresa este sábado 23 de octubre a los escenarios con la presentación del disco 'El rei dels Mobylettes'

Llàtzer Méndez, cantante, compositor y guitarrista

¿Cómo llegó al mundo de la música?

Yo tenía una referencia, mi hermano mayor, Gonzalo, siete años mayor que yo. Él tocaba en un grupo, en el circuito de hoteles. Por aquel entonces yo tenía 23 años y era mi única referencia, porque no veíamos de ninguna familia de músicos. Ni yo ni él teníamos formación musical pero sí oído, y la música siempre fue para ambos una pasión. En la empresa en la que yo trabajaba había unos amigos que tenían un grupito. Hicimos una cena de compañerismo y ellos no pudieron venir, porque tocaban, "pero podéis venir a tomar una copa allí", dijeron. Al llegar allí estaban tocando y yo, a bordo de una serie de cervezas, me acerqué a hacer el burro con ellos. Al cabo de un tiempo, uno o dos meses, el bajista, Juan Ramis, me pidió si me interesaba entrar en el grupo, porque Pedro, el guitarrista y cantante, se iba a la mili. Yo no había cantado en mi vida, ni tocado la guitarra, tan solo tres acordes. "No te preocupes, no hay ningún problema", me dijo. Juan y yo fuimos a comprar una guitarra, él la cogió, la probó y dijo que sonaba bien, yo la pagué. Así empecé en el grupo, que se llamaba Detroit. 

¿Qué hitos logró Detroit?

Estábamos en el ranking de los 10 peores grupos de Mallorca pero éramos muy simpáticos, y así conseguimos un contrato en el hotel Formentor, ahí estuvimos un año tocando, con el lujo que había ahí. Éramos muy buena gente y hacíamos canciones muy sencillas, no nos complicábamos la vida porque conocíamos nuestras limitaciones. Hacíamos versiones, el repertorio típico de hotel: pasodoble, éxitos del verano, como Feelings [de Morris Albert]... Corría el año 76/77. La gente del hotel nos quería con locura y ahí conocimos a todo tipo de gente, desde José Luis Uribarri al Algarrobo [Álvaro de Luna]. Fue una experiencia fantástica. Con este grupo estuve unos dos años. 

¿Cuál fue su siguiente aventura?

Después de Detroit, y al cabo de muy poco tiempo, viendo una actuación de unos amigos, de un grupo potentísimo de aquellos años, también de versiones (Pink Floyd, Led Zeppelin, Deep Purple) aunque hicieron algún tema propios, Bríos, no los primeros de Lorenzo Santamaría, sino los Bríos de Honorat Busquets, César Massanet, Lorenzo March, pues resulta que Biel Mesquida era sobrino lejano del teclista, Honorat, fallecido unos años. A Bríos los admiraba muchísimo, con su cantante, Toni Colomar, con voz de tenor, un prodigio, una maravilla. Me presentaron a Biel, que tocaba en un grupo, Aria. El grupo tenía un problema: solo dos de sus componentes tenían coche. Y Biel, como sabía que yo tenía coche, dijo: "Este no canta bien ni toca la guitarra pero tiene coche". Por eso me contrataron, como tercer cantante-guitarrista, y nos lo pasamos súper bien, con Aria, el grupo de Biel. Con Aria estuve otros dos años, hasta que lo dejé. 

Así se forjaría el binomio Biel Mesquida-Llàtzer Méndez.

Con Aria fuimos un grupo un poco distinto a la media. Hacíamos un repertorio bastante raro para aquel tiempo, teníamos, por ejemplo, tres temas de Neil Young, imagínate en una verbena... A partir de ahí mantuve contacto con Biel porque ya habíamos intentado hacer alguna cosita, en el grupo hacíamos un tema que era propio, y con los años surgiría la aventura de Ossifar.

Los tres de Ossifar: Luis Arboledas, Llàtzer Méndez y Biel Mesquida

¿El humor está en su ADN?

El humor siempre me ha acompañado, toda la vida, ha sido mi golf, mi pesca. Lo he llevado a cuestas incluso en mi profesión. Siempre he tirado en algún momento del humor y la ironía. Me ha servido como bálsamo para rebajar tensiones.

En los grupos en los que he estado siempre ha habido tintes humorísticos. 

Otra de sus señas de identidad es su pasión rural.

Nací en Son Macià, pueblecito justo al lado de Manacor. Mi vinculación al medio rural, aunque solo viví allí hasta los 14 años, luego vinimos a vivir a Palma, es tremenda. Tengo muy idealizada mi época de la niñez, aquello era un paraíso, la Mallorca profunda, en el buen sentido. Me costó mucho hacer amigos en Palma porque todo el mundo me parecía imbécil. No veía gente que pudiera competir con la calidad de la gente de allí. 

Recién llegado a Palma, ¿le costó adaptarse?

En aquel tiempo yo era un músico pasivo. Nunca olvidaré la primera vez que vi a los Z-66, en el Teatro Balear. Casi me sacan en camilla, me quedé flipado. Fue mi primer impacto musical y me caí de culo. Qué buenos eran. Me pareció que estaba en Londres, o en Estados Unidos. Para nada me parecía que estábamos en Mallorca y yo venía de Son Macià. Yo no había tenido la suerte de mi hermano, que había visto a los Animals en directo. 

¿Cuál es su primer recuerdo sonoro?

En la casa en la que yo nací había una señora que cantaba muy bien y cosía, y tenía una peculiaridad: cantaba todas las canciones de la misa (Crec en un Déu, Salve Regina) y las interpretaba con un acento de copla. Hoy en día triunfaría. Con un gorgorito muy mediterráneo, era algo surrealista. Yo fui monaguillo siete años. Cuando iba a la iglesia me decía: "Vaya mierda, tendrían que traer a n'Antònia, de solista. Mi madre cantaba muy bien, por lo bajini, tenía muy buena voz y afinaba muy bien, y cantaba lo que oía en la radio, básicamente copla".

Usted canta, pero también toca la guitarra. ¿Cada día la toca mejor?

Soy un guitarrista nefasto. Tengo una relación horrorosa con los instrumentos. Genero mucha música, tengo la música en mi cabeza, pero sin embargo tengo muy mala relación con los instrumentos. Además, nunca les he dedicado tiempo. Estando en Son Macià, un cura joven e inquieto, avanzado, nos trajo de Manacor una vez por semana a un amigo suyo que tenía un grupo en Manacor y que tocaba el piano y el teclado, y nos daba clases. Me compraron una guitarra de souvenir, que aun está por ahí, y con los tres acordes que me han acompañado toda la vida, he hecho como 70 canciones, muchas de ellas con los mismos acordes y bastantes incluso en el mismo orden, lo cual, según Luis Arboledas, es un récord.

Llàtzer Méndez, divirtiéndose por Palma

Luis Arboledas, otro nombre clave en la historia de Ossifar. ¿Cómo se conocieron?

Allá por el 89, después de impulsar la famosa maqueta de Ossifar, dije: esto tiene que tirar para adelante. Así que me busqué la vida y puse en marcha el primer disco, sin Biel, pero sí con Carlos Lambertini, Justo Serrano y el resto... Salió el primer disco y ahí empezaron las primeras actuaciones. En el 90, cuando decido poner en marcha el disco, Tolo Bergas y Toni Isern, que habían estado en la maqueta, cantando alguna canción o poniendo voces, me dicen que ellos han puesto en marcha otro proyecto, y Toni Isern, médico como Luis Arboledas, me dice: "He conocido a un pollo que te podría interesar, es muy burro y ha estado en movidas cómicas". Desde el primer momento vi que era una persona interesante.

Nunca se lo han preguntado. ¿Cómo alumbró Ossifar?

Ossifar se puede decir que nace, de verdad, de verdad, el día que Biel Mesquida y yo, en su casa, un sábado por la tarde, él está afinando la guitarra, hace unos acordes, que ahora, como no está, lo puedo decir, los de Cuando vuelva a tu lado, en clave más abolerada, más bossa, jazz... Cogí un papel y en quince minutos salieron Los Quemelos, desde la primera a la última estrofa. No había mucho alcohol en su casa, salvo una botella de 103, y con un poco de Coca-cola me entró la inspiración, y nos fuimos con ella al Dique del Oeste, nos sentamos con la guitarrita y allí se acabó Catalina (mi poblema) y el 103. Con esto como sello de la identidad de esta historia, y como un inicio más potente de lo que podríamos haber pensado, decidimos que esto podía tirar. Miquel Pieras dijo este grupo tenía que llamarse Ossifar porque sonábamos fatal, el batería tocaba el bajo, el teclista, la guitarra... y aquello era un desastre.

Un desastre con el que se divirtió mucho.

A mí me gusta hacer a la gente feliz, se me nota mucho. Soy generoso, me gusta hacer regalos, que esté la gente bien... Creo que tengo la misma recompensa que cuando Robert Plant cantaba Stairway to Heaven.

¿Qué le ha hecho volver a los escenarios?

Hasta el 2015 que me prejubilo, no empecé a coger la guitarra, que estaba llena de polvo. Lo hice porque ya no tenía ninguna preocupación, la mente en blanco. Antes de eso nunca tuve la más mínima tentación, y estuvo bien. Lo que hago ahora me hace todo muchísima ilusión. He podido hacer las canciones con más libertad. Con Toni Noguera ha sido una bendición, todo consensuado. Toni ha hecho un trabajo excelente, con muy buen rollo y mucho respeto. Me he sentido más importante. Es un pop rock desenfadado, ese es el aire, lo que me apetecía. La actuación del 23 de octubre la espero con ilusión, los chicos de la banda tienen como mínimo la misma ilusión, gente muy experimentada, no notarán tantas mariposas en el estómago como yo. 

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