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Contracorriente
José Luis Guerín Director de cine

«Me gusta mucho filmar la oscuridad, cuando las cosas se intuyen, pero eso ahora es imposible»

El director de cine José Luis Guerín. Rafa Vázquez / FDV

José Luis Guerín (Barcelona, 1960) es uno de los directores de culto del cine español. Obras como Los motivos de Berta, Tren de sombras o la multipremiada En construcción son ejemplos de ello. Esta semana visita Manacor para presentar el jueves su última película, De una isla, e impartir un taller de fin de semana sobre la simbología del paisaje, organizado por el Cinemaclub 39 escalons y con las inscripciones aún abiertas.

¿Qué diferencia el territorio del paisaje?

Que el paisaje tiene un punto de vista, un encuadre… se puede elegir. El taller es una invitación bastante interesante para repensar el cine a través de la realidad del paisaje más allá de la acción. Interpretarlo como parte de la naturaleza.

¿Qué es lo importante en él?

Hay que tener en cuenta qué vemos cuando miramos un paisaje, de qué nos habla. Hay una parte más física del encuadre, cómo te sitúas y de la manera en que interactúas ante un paisaje. Culturalmente eso ha ido cambiando durante la historia. Hablando de pintura y literatura, también hay proyecciones nacionalistas, por ejemplo. La ascensión al Mont Ventoux de Petrarca (poeta y humanista del Renacimiento italiano), las historias ocultas, los motivos visuales impregnados de culturales. En cambio Corot (pintor francés del siglo XIX) es más realista. Después están los románticos como Caspar David Friedrich, donde el paisaje puede significar incluso un estado de ánimo… En el taller habrá que forzar la síntesis, discernir qué cosas están gravitando en el cine, en la pintura y en la literatura.

¿Se encuadra un paisaje por proporciones matemáticas o por intuición?

Pongo el ejemplo de Pissarro (pintor impresionista) cuando tenía que decidir si incluir o no las chimeneas de las fábricas que se veían al fondo… Más que una cuestión de matemáticas importa qué queremos expresar. Recuerdo que cuando filmamos Innisfree (1990) revisitamos los encuadres de El hombre tranquilo (John Ford, 1952), la película en que se basa; con esa decisión tan sencilla ya decides qué queda dentro y qué va fuera, la cantidad de ideas que se transmiten en una decisión tan aparentemente inofensiva es enorme.

También queda paisaje fuera que se intuye.

Trasciende más allá de la fotografía del cine, efectivamente. El que queda sugerido fuera de foco. También existe el paisaje sonoro, cómo lo mostramos. Es la dialéctica entre mostrar y sugerir, los paisajes de la memoria. También pasa con la literatura. En Rousseau el paisaje de la naturaleza es la prolongación del personaje.

¿Cómo ha cambiado la manera de encuadrar ahora que muchas películas se ven fuera de la sala de cine?

Es algo que los cineastas siempre hemos envidiado de los pintores. El pintor elige una escala según lo que quiera expresar. Un cuadro pequeñito tiene otra semántica distinta a la que expresa otro de mayores dimensiones. En el cine no podemos hacerlo. Hasta ahora se podía jugar con la fotoquímica y el formato de la película en 16, 35 o 70 milímetros, de menos a más nitidez. Hoy en día es cierto que la localización cada vez tiene menos que ver. Todo eso se ha informatizado. Los directores ahora eligen un encuadre híbrido para que, si le amputas con el cambio de formato, quede dentro lo esencial. Otro problema es que a mí me gusta mucho filmar la oscuridad, cuando las cosas se intuyen. Ahora es imposible porque eso supone que puedes llegar a verte reflejado en la pantalla del ordenador o del móvil. Es un cambio que lo siento hostil y del que prefiero no ser muy consciente.

¿Hace falta ser experto o tener cierta experiencia para asistir a su taller de Manacor?

No, cualquiera puede estar ahí si tiene curiosidad por las cosas. No es un taller para eruditos, cualquiera que haya sentido algo por el paisaje, que creo que es una vivencia común a todos, puede disfrutarlo. Además no me gusta ir con planes muy cerrados, soy muy permeable a las sugerencias, así que será muy interesante.

Este jueves en el teatro municipal también proyecta su último filme, De una isla. ¿En qué se basa?

Nace como un encargo de la Fundación Lanzarote, que conserva el fondo de César Manrique. Coincidiendo con el centenario de su nacimiento me invitaron a hacer una película. El pensamiento que tenía Manrique sobre el paisaje supone el sustrato de su obra. De una isla es un poema visual.

Conecta pues con la idea del paisaje…

Además de construir carreteras César Manrique reivindicó el paisaje de Lanzarote, que es la más árida de las Canarias, para buscar en ella otras formas de belleza. Diseñó accesos a puntos donde crear miradores, para descubrir espacios negados en principio a la mirada. También diseñó carreteras sinuosas utilizando la topografía, para que los conductores disfrutaran de otras perspectivas de visión.

¿Qué pasará con el cine en salas? ¿Hay futuro?

Creo que pasará igual que con las salas de conciertos, que se convertirán en espacios muy residuales y minoritarios. Creo que se vivió un gran espejismo en la primera mitad del siglo XX, fue una felicidad extraordinaria porque confluyeron el éxito artístico con el popular. Hoy en día ya no es un arte popular.

¿El cineclub es una salida en tiempos de plataformas?

Es desalentador que existan tantos festivales y no se le dé un apoyo más efectivo a los cineclubs, que son los que garantizan una programación aunque no tengan el elemento vistoso de un festival. Es más modesto pero eficaz… un foco de resistencia. Además existe el elemento del criterio, que tiene una relevancia extraordinaria. Es lo único que puede garantizar que las nuevas generaciones puedan acceder a unas determinadas películas.

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