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La pandemia da alas al ‘cozy mistery’, la cara amable del crimen

BritBox/BBC Studios (Unfinished

Angela Merkel deja atrás su carrera de cancillera alemana y se retira con su marido y su perro Putin a un pueblecito, pero se topa con un aristocrático vecino… muerto. La ya nonagenaria reina Isabel II lidia con el cadáver de un joven pianista en una habitación del palacio de Windsor. Sí, dos ilustres y poderosas damas que gracias a la ficción se convertirán, en sendas novelas, en trasuntos de la icónica Miss Marple creada por Agatha Christie en 1930 o, si se prefiere, de la televisiva Jessica Fletcher de Se ha escrito un crimen, encarnada por Angela Lansbury en la friolera de 264 episodios. Miss Merkel. El caso de la canciller jubilada (Seix Barral), del alemán David Safier, y El nudo Windsor (Salamandra), debut de la británica S.J. Bennett, son herederas de la también creadora de Hercules Poirot y, con sus investigadoras aficionadas, se enmarcan en el cozy crime o cozy mistery, subgénero policiaco en las antípodas de las tramas con asesinos en serie, que urde un tipo de novela amable y acogedora que vive un revival en tiempos de angustia pandémica.

Lo abona su coincidencia en librerías esta rentrée junto con El jueves siguiente, la segunda entrega de El club del crimen de los jueves (Espasa / Columna), serie que hace un año iniciaba Richard Osman, popular cómico y presentador televisivo inglés, convirtiendo a sus cuatro también inolvidables ancianos protagonistas, dos hombres y dos mujeres con salidas algo gamberras, en detectives por accidente, además de en todo un fenómeno editorial.

Antes de analizar las claves del éxito de estas nuevas novelas que dan una vuelta de tuerca al cozy crime con novedosos protagonistas (Merkel, Isabel II, una de las ancianitas de Osman fue espía del MI5…) se impone desbrozar las características de este subgénero, con su prototipo en mente: la Miss Marple agathachristiana (cuyas novelas viene recuperando Espasa, la última, también esta rentrée, El truco de los espejos). Apuntar al margen que precisamente Planeta acaba de lanzar también El secreto de Agatha, donde la abogada estadounidense Marie Benecict novela la real y misteriosa desaparición de la escritora británica durante 11 días de 1926, quien al reaparecer alegó un episodio de amnesia.

Origen anglosajón

Volviendo al cozy crime: «Es una etiqueta de origen anglosajón. Una literatura basada en la seguridad de que los casos siempre se resuelven, hay poca sangre y poca violencia. Tienen un lenguaje entretenido, sin excesivas florituras. Es la cara amable del crimen», condensa el escritor y editor de Alrevés Álex Martín Escribà, autor junto a Jordi Canal del ensayo sobre la historia del género negro A quemarropa, del que este año han lanzado el segundo volumen (en catalán, Trets per totes bandes). «Los protagonistas suelen ser mujeres. Sus héroes son intocables, es decir, que nunca reciben, tienen mascotas, y se enfrentan a crímenes domésticos o en pequeñas comunidades —añade—. Tienen como premisa el reto intelectual de resolverlos, como la mayoría de las novelas de la edad de oro del género policiaco, en los años 20 y 30».

Agatha Christie.

Agatha Christie.

A esta tendencia editorial en España se suma la recuperación de un clásico inglés de otra reina del cozy crime, con permiso de Mary Higgins Clark o Dorothy L. Sayers, la prolífica escocesa M.C. Beaton (seudónimo de Marion Chesney; 1936-2019). De ella, Salamandra publicó antes del verano Agatha Raisin y la quiche letal y Agatha Raisin y el veterinario cruel, dos primeras entregas de las 30 que llegó a perpetrar, con títulos que dicen mucho de su tono divertido.

Sin violencia

Pero el éxito del cozy crime en los últimos meses, avanza Martín, «radica en los finales felices», algo en lo que coincide con Inés Planells, antes agente de Richard Osman (1970) y ahora su editora en España desde Ficción Internacional de Planeta. «Ese final feliz, el saber que al final el misterio a lo Agatha Christie, sin violencia, quedará resuelto, es una característica común. En este contexto de pandemia que nos ha tocado vivir a todos, muchos buscan un entretenimiento amable, una evasión. Cuando fuera todo es caos, el cozy aporta unos personajes en un entorno cerrado y te dedicas a preguntarte quién es el culpable. Y en muchos casos es un chute de vitalidad porque, por ejemplo, con el humor de Osman no puedes evitar reír».

De hecho, El club del crimen de los jueves se publicaba hace un año en plena cumbre pandémica y se convirtió en el tercer libro más vendido de la historia de Gran Bretaña (desde que hay registros) por detrás de Don Brown y J.K. Rowling; supera los 2,5 millones de ejemplares, en España suma ya 13 ediciones, se ha editado en 41 países y Steven Spielberg ya tiene los derechos para la versión cinematográfica.

En línea con Martín y Planells se manifiesta también Anik Lapointe, directora literaria de Salamandra. «Quizá ahora, en este mundo de pandemia y pospandemia, los amantes de la novela negra han encontrado en el cozy crime un remedio para los tiempos que corren: se trata de novelas entretenidas, ligeras, aunque inteligentes, bien construidas y con personajes entrañables... donde se hace justicia y todo acaba bien». Es, añade, «el refugio ideal para contrarrestar los sinsabores de la realidad y la angustia ante un futuro incierto... Además, como demuestra la serie de Agatha Raisin el humor es un bálsamo que lo cura todo».

De humor sabe mucho David Safier (Bremen, 1966), el autor de Maldito karma (60 ediciones en español desde 2009), cuyas obras han vendido cinco millones de ejemplares en Alemania. Detalla Safier a este diario algunos de los códigos del subgénero que ha usado: «Una detective amateur, una comunidad cerrada y rural, una mascota, poca violencia y cosas como que el novelista tiene que jugar limpio. Todas las pistas que utiliza el detective para encontrar al asesino tienen que estar ahí para el lector también. También debería poder resolver el crimen, si es tan inteligente como nuestro detective», dice lanzando un guiño.

Las aportaciones particulares de Safier: su humor marca de la casa, con «muchos personajes cómicos» y «sí, el ser la única novela policiaca cozy con Angela Merkel, su esposo Achim como una especie de doctor Watson o Mister Stringer (el viejo ayudante de Miss Marple) y un perro llamado Putin».

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