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Entrevista
Gabriela Canseco Presidenta de la Fundación Paco de Lucía y viuda del músico

«Paco de Lucía encontró en Mallorca todo lo que necesitaba para vivir»

«Disfrutaba con la guitarra, era el sentido de su vida, pero también le hacía sufrir» u «Tomeu Penya le pagó la colaboración en su disco con melones»

Gabriela Canseco, viuda de Paco de Lucía, en su casa de Establiments.

¿Con qué objetivos nace la Fundación Paco de Lucía?

El objetivo principal es preservar y difundir la obra de Paco de Lucía. Hace siete años que falleció y era muy necesario reunir todas sus cosas y mimarlas, cuidarlas como se merecen. Paco no trabajaba para él sino para el flamenco, y lo que quería era ponerlo en el lugar que se merece, darle el estatus que tiene cualquier otra gran música internacional, llevarla a los principales escenarios y que se le diera la importancia que merece acorde a su complejidad y riqueza.

¿El flamenco aún necesita defensa?

Sí, y sobre todo en España. Fuera de España tiene un estatus más sólido. ¿Cuántas veces aun oyes aquí la palabra flamenquito? Eso en el extranjero no existe. En el extranjero el flamenco va directamente a los mejores teatros y figura en los programas de los festivales más importantes. En España hay que luchar todavía por el flamenco. Cuando se habla de defender al flamenco no es solo porque se le menosprecie, sino porque es una música difícil de entender, es sumamente compleja rítmica y armónicamente hablando, y precisamente por eso no es fácil de abordar. Lo que busca la fundación es acercar el flamenco a todo tipo de sensibilidades, y esto incluye programas educativos y de carácter social.

¿Cómo nació la idea de la fundación, en la que tienen cabida no solo sus familiares, como su hermano Pepe de Lucía, también grandes e ilustres amigos?

Nació fruto de la responsabilidad que tenemos toda la familia ante la obra de Paco de Lucía, y también desde la ilusión. Pasó suficiente tiempo para que se asentara todo el lío y lo noqueado que te deja un fallecimiento. Es el primer momento que realmente todos tenemos cabeza para sentarnos y ponernos a trabajar. Teníamos muchos nombres en mente, mucha gente próxima a Paco que nos podía ayudar, y como patronos elegimos a los más cercanos y a los que estaban realmente en ese momento dispuestos a participar: Alejandro Sanz, evidentemente, siempre estuvo muy cerca de Paco; Sara Baras, compañera de toda la vida, una persona que nos está ayudando muchísimo; Narcís Rebollo, el director de Universal, la que siempre fue su casa de discos; y Federico Linares, presidente de EY España, que está realizando un trabajo muy importante sobre el flamenco.

¿Qué valor le daba Paco de Lucía a la amistad?

La amistad era algo muy importante para él. Tenía pocos amigos pero era muy fiel con ellos. Sus amigos lo eran para toda la vida. Elegía a personas con las que conectaba de manera profunda , con las que se podía entender con muchas risas y las palabras justas, con las que podía ser él mismo.

Paco de Lucía, en su casa de Establiments, con sus hijos Diego, Curro y Casilda.

¿Las guitarras también fueron amigas o discutía y se peleaba con ellas?

Una de sus frases famosas es: «La guitarra es una hija de puta». Mantenía una relación de amor/odio absoluto con ellas. Disfrutaba con la guitarra, era el sentido de su vida, pero también le hacía sufrir. Tuvo una relación muy sufridora con la guitarra.

¿Tenía muchas?

Unas cuarenta.

¿Muchas de esas guitarras se conservan en Mallorca?

Se acaban de ir, todas a Madrid. Permanecieron aquí con nosotros todo el tiempo que estuvimos y ahora que me mudé nos las tuvimos que llevar. Estamos pensando varios proyectos con las guitarras, me gustaría hacer una exposición, por ejemplo, y si fuera itinerante, mejor. Las guitarras no deben estar ahí guardadas, tienen que estar vivas, la gente las tiene que ver, y debe haber alguien que las cuide, que las toque, que les cambie las cuerdas, que las mime...

Mallorca, Algeciras, Madrid, Playa del Carmen (México)... ¿Qué ciudades, qué lugares, marcaron para siempre a Paco de Lucía?

Paco tuvo muchas ciudades importantes. Estuvimos mucho tiempo en el caribe mexicano, que era como su paraíso personal; ahí le entraba la inspiración, llegaba y se ponía a trabajar. Mallorca también fue muy importante, porque aquí encontró todo lo que necesitaba para vivir. Cuando llegó a la isla dijo: «Ya no me muevo más, este es mi lugar». En Mallorca lo tenía todo: la seguridad, la tranquilidad, el ambiente que necesitaba... De aquí no se hubiera ido nunca, esto está clarísimo.

¿La fundación tendrá sede física?

Queremos tener una sede física, obviamente. Todavía no existe. Estamos trabajando para abrir una Casa del Flamenco [en Madrid], que no solo sea sede física de la fundación, también un laboratorio para el flamenco, para que sucedan cosas ahí y puedan trabajar las nuevas generaciones. Un lugar destinado a la educación, a la creación, y a su vez sea un museo del flamenco.

Revisando unos papeles.

¿Queda algo por descubrir de Paco de Lucía?

Queda muchísimo por descubrir. Su música es tan compleja... Tú puedes hacer un montón de escuchas y cada vez descubrirás algo nuevo. Por ejemplo, su último disco [Canción andaluza], que se publicó cuando ya había fallecido, no se ha conocido como debería. Hay gente que lo escucha y dice: «¡Ah, copla, qué sencillo!». Es un disco que esconde un mundo de armonías, resultado de un gran trabajo, porque Paco era un loco del perfeccionismo y se había impuesto él mismo la obligación, siempre, de decir algo nuevo.

El dinero, en materia de cultura, siempre es un problema. ¿Cuentan con fuentes de financiación sólidas?

Estamos empezando, y estamos buscando. Nuestro principal objetivo ahora mismo para poder trabajar y llevar a cabo todo lo que planificamos es tener financiación. Hemos contactado con algunas organizaciones privadas, lo público es más complicado, y en esas estamos.

Uno de los primeros pasos está siendo la digitalización del archivo gráfico y audiovisual. ¿En qué fase se encuentra ese ejercicio?

Durará varios años. Estamos en la fase inicial pero ya tenemos una base muy sólida, resultado de nuestro trabajo con la Universidad Autónoma de México y la Universidad de Brasilia, ellos nos han proporcionado un programa que se utiliza para museos y ya está adaptado a la fundación. Ahí meteremos todos los objetos, todo lo relacionado con Paco. Es una empresa muy grande, porque no solo hay que meterlo ahí, primero hay que localizar esos objetos: fotografías, documentos, instrumentos, partituras... Su legado está disperso por muchos lugares.

En ese archivo estarán las fotografías que usted, como fotógrafa, le hizo en distintos momentos de su vida a Paco de Lucía. ¿Qué significaba para usted tomar esas imágenes?

Un reto gordo. Yo empecé a tomar fotografías por él, porque decía que los fotógrafos solo se ven a ellos mismos. «Oh, qué luz maravillosa», decía Paco en boca de los fotógrafos, «y luego te sacan como una mierda», añadía. Esa era su teoría (risas). Así que me pidió que tomara fotos suyas para luego mirarlas entre los dos. Al principio no tenía ni cámara para hacer las fotos. Con el tiempo me metí en una escuela de fotografía y me lo tomé en serio.

Usted siempre fue una apasionada de la fotografía.

Sí, siempre me gustó la fotografía. Yo estudié restauración de arte, y ahí hay una parte muy importante que es la documentación de las obras y de los procesos de restauración que en gran parte se lleva a cabo a través de la fotografía. A través de eso me interesé no solo por fotografiar el proceso de restauración, también todo lo que sucede alrededor. Así surgió mi interés por la fotografía.

Paco, con su hija Antonia Sánchez Canseco.

Paco, con su hija Antonia Sánchez Canseco.

¿Qué busca actualmente en la fotografía?

Conocer mejor las cosas. Cuando fotografío algo es cuando realmente lo miro. Yo soy muy despistada. A las personas puedo verlas y no acordarme de ellas, pero ya si les hago una foto, me acuerdo de ellas para toda la vida. Observo realmente las cosas las cosas cuando las veo a través de la lente, me siento mucho más cerca.

¿Qué tal se llevaba Paco de Lucía con los periodistas?

Con la prensa mantuvo una relación no muy cercana, porque le gustaba mucho guardar su intimidad. En este país la prensa puede ser un poco invasiva, y eso no le gustaba nada. Le gustaban los periodistas serios, que supieran un poco sobre su obra y su vida, y que preguntaran cosas con fundamento. Si veía una persona interesada, hablaba con ella y estaba a gusto.

Dicen que Paco de Lucía añoraba al niño que no pudo ser, porque se pasó su infancia confinado en una habitación aprendiendo punteos, falsetas y rasgaos.

Para él la época más importante de su vida fue la niñez, y bebía de ahí. Nunca hablaba de una niñez perdida, en cambio. Todo en Paco venía de su infancia: su fuerza, la inspiración, su creatividad.

¿Estaba al tanto de las nuevas músicas, las que defienden los artistas más jóvenes, desde el hip hop al reguetón?

Ni se enteraba de que existieran esas músicas. A los flamencos nuevos sí los admiraba un montón, decía que esos niños eran impresionantes y se comían la guitarra. Siempre estaba pendiente de los flamencos jóvenes. El trap y el reguetón nunca le interesaron, a diferencia de la salsa, que le gustaba mucho, igual que la música clásica, la música brasileña, el blues o el jazz.

Musicalmente, ¿Mallorca también le sorprendió?

Era muy amigo de Tomeu Penya, y llegaron a hacer una colaboración en un disco [en el primer single del álbum Paraules que s’endú es vent].

¿Qué papel jugará la isla en la fundación?

Todavía no hay nada en concreto pero Mallorca es un lugar muy importante para Paco y por lo tanto también lo será para la fundación. Haremos algo en Mallorca. Su paso por la isla no puede quedar en el olvido.

¿Cómo se conocieron ambos y qué les trajo hasta Mallorca?

Nos conocimos de casualidad, absolutamente de casualidad. Yo trabajaba en una zona arqueológica y él andaba por ahí. Vinimos a Mallorca porque estábamos viviendo en México, donde éramos muy felices, pero necesitábamos un lugar en Europa que fuera lo más cercano a la naturaleza que a Paco le gustaba tanto. Obviamente debía tener mar porque para Paco, que nació en el mar, era imprescindible. También tenía que tener la tranquilidad y el respeto de la gente, la localización con respecto a sus giras también era importante, un lugar en el que criar a los niños [tuvieron dos hijos: Antonia y Diego], que tuviera tradiciones... Pensamos en varios países y siempre encontrábamos «peros», hasta que surgió Mallorca, que cumplía con todas las expectativas que teníamos. Primero vinimos los veranos, durante cuatro años, a nuestra casa de Campos, y estando tan bien, nos dijimos: «Por qué no nos quedamos a vivir». Con el tiempo vimos que Campos nos quedaba un poco lejos, porque nuestros hijos iban a la Escuela Francesa de Palma. Yo había cursado en una escuela francesa y era una tradición familiar. Pero eran dos horas de camino al día. Nos tocó la construcción de la autovía. Vivir en Campos fue muy bonito. Ahí aprendí a hilar tomates y Paco salía a caminar todas las tardes para ver ovejas. Vivir en el pueblo era muy chulo pero era un poco complicado. Por eso decidimos cambiar de residencia e instalarnos en esta casa [en los límites de Palma con Establiments) que nos enamoró.

¿Qué aprendió Paco de Lucía en Mallorca?

Una de las cosas que recuerdo que le llamó mucho la atención cuando llegamos a Mallorca fueron las fiestas de los pueblos. Eso fue algo que volvió a revivir, después de muchos años. Ese mundo lo vivió en su Andalucía y luego lo perdió en Madrid, hasta que llegó a Mallorca y se reencontró con él, recuperando todas las tradiciones del campo, como la gastronómica, los vestidos, la música... Apreciaba muchísimo todo eso. También le gustaba mucho el carácter mallorquín. Los mallorquines le caían muy bien. Los mallorquines viven su vida pero si entablas amistad con ellos es gente que realmente te acoge. Tuvo muy buenos amigos en Mallorca con los que disfrutaba muchísimo. Con ellos íbamos a pescar, a comer cada año los fideus de vermar, a las matanzas... Se sentía muy querido por la comunidad de amigos que tenía. Por otro lado, en un restaurante nadie venía a darle la lata, por respeto.

¿Qué había detrás del genio?

Paco era una persona común y corriente en su vida cotidiana. Era muy importante para él estar en paz mientras no trabajaba, porque el 80 por ciento de su tiempo era para la guitarra. Tenía una increíble capacidad de concentración y de trabajo. Le gustaban las cosas sencillas, estar en casa con la familia, leer, dar paseos por el jardín, cuidar de sus plantas, o comerse un buen melón, por ejemplo. Eso era muy gratificante para él. Los melones se los daba Tomeu Penya.

Claro, de Vilafranca, tierra de melones.

Así le pagó el disco (risas).

Le debió regalar un melonar, entonces.

Sí, le trajo unos cuantos buenos melones. Encontrar buenos productos de la tierra hoy es un lujo, y ese era el tipo de lujos que Paco se permitía.

¿Se dejó muchos proyectos en el cajón?

Sí, tenía un disco de flamenco puro, él en solitario, por hacer. No lo llegó a empezar pero sí instaló todo su chiringuito para grabar, estaba en eso... Estaba feliz porque el disco anterior había sido muy satisfactorio para él, un disco que siempre había querido hacer, pero no era de flamenco puro. Esos discos, los puros, eran para él los de mayor trascendencia y sobre todo de mayor desafío.

Se dice que Paco de Lucía nunca escuchaba sus discos. ¿Eso es cierto?

Sí. Jamás los escuchaba. Era tan perfeccionista y tan crítico con él mismo que no escuchaba sus discos. Si lo hacía se ponía malo, porque de pronto encontraba algo que podría haber cambiado.

También se afirma que nunca pisó la SGAE.

Nunca lo hizo. Nunca se ocupaba de cosas terrenales.

¿Habla con él a diario?

Paco sigue ocupando un espacio enorme en mi vida. Pienso cada día en él y hablo cada día con él.

¿Sigue muchos de sus consejos?

Sí. Cuando veo una foto suya y le miro a los ojos, siento que pongo los pies en el suelo. . Paco sabía muy bien cómo entender las cosas de la vida. No se andaba con tonterías. Era muy sabio, muy profundo y muy auténtico. Tenía una mirada libre de prejuicios, y yo trato de seguir eso. Y sobre todo, de reírme, que era lo que más le gustaba. Cuando estaba con alguien, al ratito ya estaba de cachondeo. Yo soy más seria y cuando le miro a los ojos, digo: «Es verdad, no todo en la vida tiene que ir en serio».

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