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El amplificador

El amplificador | Llàtzer Méndez: pasión por la diversión

Ossifar le situó en el mapa musical pero antes de fundar el grupo más popular y «querío» que ha tenido Mallorca militó en otras bandas, como Detroit, de «lo peor» de los años 70, o Aria, donde forjó su amistad con Biel Mesquida

El Amplificador | Llàtzer Méndez, cantante, guitarrista, fundador de Ossifar Redacción Cultura

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El Amplificador | Llàtzer Méndez, cantante, guitarrista, fundador de Ossifar Gabi Rodas

Llàtzer Méndez, el fundador de Ossifar, el grupo que puso patas arriba la Mallorca de los años 90, volverá a subirse a un escenario el próximo 23 de octubre, a las 19 horas, en el Quarter General Luque de Inca. La pandemia le trastocó su idea inicial, presentar su nuevo disco, El rei dels mobylettes, en el 2000, pero para nada ha alterado lo que le ha movido desde sus inicios: «Siempre he querido hacer feliz a la gente». El humor, la sátira, la ironía hecha canción, regresan así con un hombre que nunca ha dejado de sonreír.

Son Macià le vio nacer allá por la década de los 50. Aquel pequeño pueblo cercano a Manacor, en el que vivió hasta los 14 añitos, le imprimiría un marcado carácter rural. «Tengo muy idealizada mi época de la niñez, aquello era un paraíso, la Mallorca profunda, en el buen sentido de la palabra. Cuando llegué a Palma me costó mucho hacer amigos porque todo el mundo me parecía imbécil. No veía a nadie que pudiera competir con la calidad de la gente de allí», recuerda.

Los Z-66 de Lorenzo Santamaria le removieron por dentro, para bien. Acababa de llegar a Ciutat y decidió ir a verlos al Teatro Balear: «Casi me sacan en camilla, me quedé flipado. Fue mi primer impacto musical y me caí de culo. ¡Qué buenos eran! Me pareció que estaba en Londres, o en Estados Unidos». En aquel tiempo, su única referencia era su hermano Gonzalo, siete años mayor que él. Ninguno de los dos tenía formación musical, «pero sí oído», y la música siempre fue para ambos una pasión que, en el caso de Llàtzer, empezó a dar sus frutos a finales de los 70, cuando entró en los Detroit. «Estábamos en el ranking de los 10 peores grupos pero éramos muy simpáticos», y así lograron un contrato en el hotel Formentor, donde estuvieron un año tocando. «Hacíamos canciones muy sencillas, conocíamos nuestras limitaciones. Eran versiones, el repertorio típico de hotel: pasodobles y éxitos del verano, como Feelings [de Morris Albert]. Los clientes del hotel nos querían con locura y pudimos conocer a todo tipo de gente, desde José Luis Uribarri al Algarrobo [Álvaro de Luna]». Una experiencia «fantástica» que duraría dos años.

A través de Bríos, grupo que integraban Honorat Busquets, César Massanet, Lorenzo March y su cantante, Toni Colomar, «con voz de tenor, un prodigio, una maravilla», entró en Aria, donde estuvo otros dos años. «Los de Bríos me presentaron a Biel Mesquida [a la postre, uno de los pilares de Ossifar, fallecido en 2003], que tocaba en Aria. Aquel grupo tenía un problema, solo dos de sus componentes tenían coche. Y Biel, como sabía que yo tenía uno, dijo: este no canta bien ni toca la guitarra pero nos lo quedamos».

"Con Detroit estuvimos un año en el hotel Formentor, con canciones sencillas, conocíamos nuestra limitaciones"

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El gusto por Neil Young, un músico que marcó a Aria, y sobre todo el sentido del humor unieron para siempre a Biel Mesquida y Llàtzer Méndez. «El humor siempre me ha acompañado, toda mi vida, ha sido mi golf, mi pesca, mi bálsamo. En todos los grupos en los que he estado siempre ha habido tintes humorísticos», reconoce. Pocas cosas le han quitado la sonrisa a Llàtzer, y una de ellas podían ser los instrumentos. «Soy un guitarrista nefasto», afirma. «Genero mucha música, la tengo en mi cabeza, pero sin embargo tengo muy mala relación con los instrumentos. Con los tres acordes que aprendí hace ya muchos años he hecho como 70 canciones, muchas de ellas con los mismos acordes y bastantes incluso en el mismo orden, lo cual, según Luis Arboledas [el tercer Ossifar], es todo un récord», comenta entre risas.

Llàtzer Méndez, fundador de Ossifar, en la trastienda de Blau, la discográfica que siempre le ha apoyado. | B. RAMON

De Ossifar se ha escrito mucho, aunque pocas veces se ha contado cómo nació realmente aquella bestia escénica. «Fue en casa de Mesquida, un sábado por la tarde. Él estaba afinando la guitarra y tocó unos acordes, los de Cuando vuelva a tu lado, en clave más abolerada, más bossa, jazz... Cogí un papel y en quince minutos salieron Los Quemelos, desde la primera a la última estrofa. No había mucho alcohol en su casa, salvo una botella de 103. Con un poco de Coca-Cola me entró la inspiración, y nos fuimos al Dique del Oeste, nos sentamos con la guitarra y allí acabamos otra canción, Catalina (mi poblema), y también el 103». Era el principio de un grupo al que bautizó Miquel Pieras, otro de los músicos que formaría parte de los Ossifar a lo largo de su aplaudida trayectoria, como Alberto Ruiz, teclista, desaparecido en 2006. A los tres, en Mesquida, en Pieras y en Ruiz, Llàtzer dedicará su concierto del próximo sábado día 23.

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