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Entrevista
Antoni Parera Músico

«Una fiesta es un lugar para reclamar vida»

La Simfònica estrena hoy en el Auditorium de Palma la obra ‘La festa’ del mallorquín Antoni Parera Fons, programada durante la pandemia

El músico Antoni Parera Fons posa para esta entrevista en las instalaciones de este periódico. | P.E.M.

¿A qué fiesta se refiere su composición?

A una fiesta muy personal, muy íntima, muy idealizada y fácilmente reconocible por los múltiples detalles que intento poner. Toda fiesta requiere luz, ganas de festejar, alegría, participación, que sea un hecho compartido, deseado. Pero en una fiesta también puede haber otros elementos como el sonido de una fanfarria, puede que algo de parte religiosa o deportiva, la danza, etcétera. Una fiesta es un lugar para reclamar vida.

¿Cómo surgió la idea de esa obra?

Fue una iniciativa mía, como parte de un tríptico sonoro. Había compuesto otras dos partes por encargo y para acabar de redondear se me ocurrió esa especie de tercer movimiento, que es explosivo. Los tres tiempos tienen algo en común, pertenecen al mismo sistema.

¿Qué hay de música popular en esa Festa?

Era imposible no contar con elementos populares. Están muy presentes en toda mi obra, pues me siento cómodo tomando esos elementos de nuestra cultura musical.

Esta obra estaba prevista para ser estrenada antes de la pandemia.

Incluso se habían hecho ensayos previos. Y, justo dos días antes del estreno, fue cuando se declaró el estado de alarma, con lo que quedó suspendido hasta ahora. Y no deja de ser curioso hablar de una fiesta cuando parece que la cosa va remitiendo, aunque lo digo con cautela.

¿Cómo es conceptualmente esa Festa?

Me gusta decir que es «intra tonal», pues la tonalidad existe siempre, como la gravedad, lo que pasa es que tiene muchas ramas. Uno no puede romper con la tonalidad, está ahí, como la gramática, aunque puedes llevarla a tu terreno y experimentar. El eclecticismo musical es un valor, todo vale, aunque depende de cómo lo utilices.

Antes de empezar a componer, ¿cuál es su disposición ante el pentagrama en blanco?

No tengo ese llamado miedo al folio en blanco, aunque sí que aparece una vez iniciada la composición. Cada día me levanto pensando en lo que compuse ayer, para ver si algo tiene sentido y puede quedar.

¿Valora más la melodía o la armonía?

En el fondo todo es un uno inseparable. Cuando aparece un tema, la melodía, de forma implícita le asigno un sistema armónico que lo ampara y protege, que lo aguanta y que me indica incluso hacia donde debo seguir.

Este verano hemos podido asistir a algunos homenajes al grupo Los Javaloyas, para los que escribió algunas canciones de éxito. ¿Qué recuerda de la época de aquel Tot ja és mort?

La época de Los Javaloyas estuvo llena de emociones. Piense que yo tenía diecinueve años cuando empecé a entregar canciones a ese grupo mítico. A mí, Los Javaloyas me daban mucho respeto y fue un honor que durante años grabaran canciones mías. Cuando me mandaron la primera grabación, lloré al escucharla.

Cuando todavía tenemos en mente la ópera María Moliner, que por cierto se programará en Oviedo esta temporada, ya se nos anuncia otro título escénico con el Arxiduc como referente.

Cierto. Es que para mí son más importantes los personajes, las personalidades fuertes que los temas en sí. En mi caso, para que la ópera tenga sentido, para que tenga ritmo, debe girar en torno a una persona. Y si, como en el segundo caso, el libreto es tan bueno como el que ha escrito Carme Riera, con un lenguaje extraordinario, entonces me satisface mucho componer.

¿Se sitúa diferente ante una obra instrumental y una vocal?

Sin duda, sí. En una vocal las emociones son tratadas desde otra perspectiva, ya que además de lo que se dice debes poder trasmitir lo que el que canta piensa, aunque sea a través de la utilización del silencio. En una partitura, los silencios también son música.

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