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Carles Francino Actor

«Hay que aprovechar el tirón de las plataformas, porque esta locura no durará siempre»

«Trabajar en la ficción de la BBC fue una experiencia bonita, pero trabajar en otro idioma es complicado, un reto más»

Carles Francino en ‘Amar es para siempre’.

Carles Francino en ‘Amar es para siempre’. MANUEL FIESTAS

Aparece en The Mallorca Files, serie de la BBC que emite Cosmo justo este martes. Explíqueme algo.

Lo más importante es el inglés. El expandirse, abrir un poco de mercado. Ahí estamos desde hace algún tiempo machacándolo. Salen algunas pruebas en esa lengua y otras, no. En The Malloca Files hay mucho actor español. Fue una experiencia muy bonita. Currar en otro idioma es más complicado. Un reto más. Y bienvenido sea.

Había dejado la serie Bandolera hace unos años por su ritmo frenético. ¿Sabe dónde se ha metido?

Sí, además no me escondo de eso. En su momento, cuando salió, Bandolera fue una apuesta muy bonita, una serie diaria muy nueva, porque había mucho exterior y color. Y era también de Diagonal TV y Antena 3. Pero estuve un año y me fui porque me costó mucho. Hago un poquito de autocrítica y es cierto que lo gestioné como pude. Ahora, con 40 años, Amar es para siempre me coge en otro punto. Fue una apuesta personal hacer el casting por el momento en el que me encuentro con el oficio. Estoy muy contento. Y muy cansado. 

Amar es para siempre tiene algo común con Hospital Central, que casi todo el mundo ha pasado por ahí.

Faltaba yo y uno más, sí. Y es un lujo, no solo por el currículum, sino por el buen ambiente y el cariño que hay. Desde el minuto uno lo he notado: tanto en el casting como en las pruebas de vestuario. Hay un buen rollo humano que para mí es la clave de esta serie. Y la mayoría de la gente lleva aquí más de 10 años.

Su personaje, Fran, despertará los celos de su primo, Raúl. El será el malo, pero, ¿Fran es tan bueno como parece a priori?

Como en toda buena historia, ni todos son tan malos ni todos tan buenos. Raúl defiende muchas cosas y tiene razón, aunque luego se le ponga como el malhumorado. Pero es el contable y lo hace por el bien de la empresa. Al ser el creativo, mi personaje es el molón. Pero veremos que, como esa serie tiene buenos guiones, no se quedará solo en eso.

Por su edad tendrá pocos recuerdos vividos en primera persona de la década de los 80.

Pocos, sí. Además, las imágenes que tenemos de los años 80 son unas y en la serie estaba empezando la década. Todo eso de la Movida madrileña y sus looks se irá viendo de fondo. Pero aquí empezamos en el año 80, con lo que las cosas van de otra manera. Desde luego, lo tienen muy bien cuidado a nivel de imagen y de historia.

Jon Plazaola recordaba los juguetes. ¿Le ha pasado lo mismo?

Los juguetes que van saliendo, algunos diseñados por nosotros y otros de los que se habla, son con los que jugábamos de niños y eso es muy bonito. Una de las cosas que empiezan a llegar son esas maquinitas pequeñitas con pilas, y que se veían fatal, con las que jugábamos. Y esos puzles de 2.000 piezas. De todo. Además, en todos los escenarios nuevos vamos viendo los juguetes de los que se habla. El telespectador hará un recorrido muy bonito.

¿Hay feeling con Plazaola?

Sí, y es importante, porque casi todas las escenas las vamos a tener juntos. Es fácil congeniar con Jon, porque es un vasco maravilloso que da los buenos días a todo el mundo. Es un tío entrañable y adora su oficio. Nos lo vamos a pasar muy bien.

Recordará con cariño Hospital Central, pues esa serie le dio popularidad.

Para mí fue un cambio, ya que me vine a Madrid a hacer esa serie. En Barcelona había hecho teatro, trabajé en Ventdelplà (TV-3) y di el salto aquí. Y noté más la popularidad. 

Luego vino la serie Víctor Ros y supuso un paso más. Pero ya desde Bandolera le reconocerían por la calle.

Supuso algo muy bonito, aunque siempre me acuerdo de esa serie maravillosa que era Punta Escarlata. Lo que pasa es que era cuando la fusión entre Telecinco y Cuatro, nos metieron de verano y de noche... Pero esa fue mi primera serie como protagonista. Víctor Ros fue, claro, TVE-1, dos temporadas y fue preciosa. Una experiencia muy dura. En cuanto a ser popular y que te reconozcan, por ahora he tenido suerte. No sé por qué, pero vivo tranquilo. Hay compañeros que se han tenido que esconder. Yo, no.

Otro hito ha sido Las chicas del cable. Con las plataformas es como una especie de teletrabajo: llegan a todo el mundo sin salir de casa.

La primera vez que empecé a comprender cómo van las plataformas fue con Víctor Ros, porque tras emitirla en TVE, estuvo en Movistar+, en Amazon Prime y creo que en Netflix y HBO. Si no estuvo en todas, sí que en casi todas, y uno empieza a entender ese concepto. Cuando me lo ofrecen, aunque te dan pocas pistas de los personajes, porque esa es la manera de trabajar de la productora, acepté. Luego resultó que el personaje era un bombón, un poco loquito, pero estaba muy bien. Pero hay chicos y chicas que han comenzado en las plataformas directamente con series que dan la vuelta al mundo. Hay que acostumbrarse y aprovechar el tirón, porque esta locura no durará siempre.

¿Tener el mismo nombre que su famoso padre no es un problema?

Me va perfecto, no hay ningún problema. Aunque aún hay gente que se confunde. En Instagram salía en un medio las nuevas caras de Amar es para siempre y aparecían la de Jon, Carlota (Baró) y la de mi padre. Me lo tomé como algo divertido y puse un post en Instagram en el que decía: «¡Felicidades, papá!» Cuando eres pequeño y tu padre es famoso, ves que la gente cuchichea. No quieres que te acompañe al colegio, porque todo el mundo te mira. Pero cuando creces, es un orgullo.

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