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CINE. CRÍTICA

Solo un álbum de citas

La segunda película del israelí Navot Papushado recuerda a John Wick, a Atomic Blonde, a Kill Bill, a Drive, a Leon: El profesional, a Sucker Punch, a Aves de presa y al díptico La redada. No contiene ni una sola escena que no resulte familiar, y en parte por eso se muestra incapaz de dotar de una mínima carga dramática tanto sus coqueteos con el melodrama como sus momentos de violencia.

Mientras acompaña a una joven matona forzada a proteger a una niña huérfana perseguida por la mafia, la película enumera asuntos como relaciones maternofiliales disfuncionales y visiones dispares de la institución familiar, pero en todo caso Papushado usa la escueta peripecia argumental como mera excusa para contemplar cómo su protagonista, a solas o secundada por un grupo de aliadas, va despachando a los malos. Algunas de las secuencias de acción son vistosas, pero no lo suficiente para compensar la falta de interés de la historia y los personajes, los excesos expositivos, el desperdicio de personajes potencialmente interesantes y la falta de credibilidad de sus ínfulas feministas.

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