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Música crítica | True Velvet

Noche de placer extremo, de música en estado puro y con eso que solamente consiguen algunos grupos musicales de cámara y con instrumentos originales: sonido de terciopelo, claro pero difuminado, afinado, pero con ese color a pátina antigua que lo hace único.

Así suenan los miembros de la Akademie für Alte Musike Berlin, que el pasado sábado pusieron el punto final a la edición del Festival de Pollença, que este año ha celebrado sus sesenta años de vida, por todo lo alto, todo sea dicho.

El grupo alemán, que como pudimos comprobar los asistentes a esa función enorme, posee un gusto exquisito, pues a la musicalidad y a un sonido envuelto por ese terciopelo sonoro añade una elegancia y una camaradería únicas. Como decía mi compañera y acompañante: «Se nota que tocan a gusto unos con otros». Cierto, solamente con ese ahora tú y luego yo, con esa alternancia en protagonismos, sin líderes claros (incluso el concertino, Bernhard Forck, cedió el papel a otros músicos en calidad de solistas de violín) pero sabiendo y reconociendo en cada obra quiénes mandan ahí, se pueden ofrecer esas seis obras que constituyen una de las opus más grandiosas del repertorio de todos los tiempos. Sí, los Conciertos de Brandemburgo son eso, joyas de la historia universal del arte, que suenan bien tanto con instrumentos modernos como con antiguos. Ahí está parte de la grandeza de ese Amazonas musical que es Bach (bach, en alemán, significa arroyo).

Cada uno de los seis conciertos tiene un orgánico diferente, esto es, tienen una estructura y unos instrumentos que varían en cada caso. Eso implica que, si bien sobre el escenario tengamos unos pocos instrumentistas, el grupo en sí debe ser numeroso, pues los cambios son constantes. Solamente los músicos que forman el continuo, la base sobre la cual se constituye cada concierto, son fijos, los demás van y vienen: ahora salen los oboes, ahora desaparecen los violines, ahora aparece la trompeta natural, se marcha el fagot, entran las flautas… así para cada una de las seis obras. Es por eso que raramente suelen ofrecerse todas en un mismo programa.

Debemos pues agradecer doblemente a los organizadores del festival, primero por traer a esta formación de gran nivel y segundo por esta integral bachiana.

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