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Maria João Pires: “Los artistas debemos implicarnos para defender la democracia y el planeta”

La pianista portuguesa participa esta noche con un recital en el claustro de Sant Domingo y para el que ha vendido todas las entradas en las celebraciones del sesenta aniversario del Festival de Pollença

Maria Joao Pires, pianista: "la música es el cosmos" Bernardo Arzayus

Para Maria João Pires, la música es una manera de conectar con el universo. “La música”, dice, "tiene ese poder, el de transportar hacia el cosmos”. Durante los recitales no piensa, en sentido estricto, sino que “mi cabeza se integra totalmente en lo que está sucediendo alrededor del piano”.

Medita bien antes de confeccionar un programa, decide según su propia historia del momento y también según como puede establecer el diálogo entre las obras: “Me gusta, sobre el escenario, establecer una especia de diálogo entre compositores, como si ellos se expresaran mutuamente sus pensamientos sobre la música”

Para el concierto en Pollença ha elegido un programa con obras de Schubert, Debussy y Chopin. Preguntada sobre el porqué de esos nombres, la pianista contesta: “No siempre es fácil combinar cosas que parecen evidentes. Muchas veces crees que algunas obras combinarán con otras y en realidad eso no sucede. Así que a la hora de elegir un repertorio me inclino más por los aspectos técnicos y emocionales de las partituras. Schubert y Debussy combinan y conectan muy bien, entre otras cosas, por la pulsación. Sus maneras de ofrecer el sonido pianístico me encantan. Y por lo que a Chopin se refiere, pensé que ¿dónde mejor tocarlo que en Mallorca?”

Pires es una pianista que goza del fervor del público, cosa que consigue además de tocando muy bien, empatizando con él. “El artista y el público”, dice, “debemos ser hermanos, no enemigos, y a mí me sale esa relación de hermandad de forma natural, lo siento de veras. Y es que, en el fondo estamos al mismo nivel, de igual a igual. El artista da y el público, con su escucha, también se entrega. La buena escucha es activa. Artista y público debemos ser conscientes que vivimos juntos un momento”.

La idea de dedicarse al piano no le vino de parte de su familia, su padre murió antes que ella naciera y su madre, aunque tocaba el piano, no le presionó en absoluto. “Quizás fue más mi hermana la que me enseñó las primeras notas. Pero realmente me interesé sola”. De niña transformaba el tocar el piano en un juego, un pasatiempo y “tocaba una misma nota muchas veces para descubrir su sonido y familiarizarme con él”.

Y es que ella quería estudiar medicina, pero muchas personas, no del entorno familiar, le aconsejaron que se dedicara a la música, pues se le daba bien. Al principio pensaron que sería difícil que pudiera conseguir permisos y becas para estudiar en el extranjero, debido a pertenecer a una familia contraria a la dictadura portuguesa, con algunos miembros incluso encarcelados. Pero al final no fue así y pudo salir a estudiar.

Recuerda haber tenido una infancia difícil. La ausencia del padre marcó sus primeros años. Otra experiencia que recuerda con impacto fue la de la muerte de la violinista Ginette Neveu a la que ella había visto la noche anterior a la de su muerte. “Cuando al despertar mi hermana nos dio la noticia fue muy impactante, había ido con mi madre a escucharla la noche anterior y horas después supimos la noticia de que su avión, rumbo a los Estados Unidos, había sufrido un accidente. Desde entonces me dediqué a intentar sacar con el piano el sonido que ella sacaba con su violín”.

Maria João Pires, este lunes, en el claustro de Sant Domingo de Pollença. Bernardo Arzayus.

De su generación no hay muchas mujeres pianistas del mismo nivel, pues, según cuenta “estábamos condicionadas por la cultura de la época y las mujeres debíamos concentrarnos a hacer las tareas de la casa y preocuparnos de la educación de nuestros hijos, que por otra parte llevaba conmigo en mis viajes, siempre que no tuvieran colegio. Tuve la suerte de tener a mi madre que cuidaba de mis pequeñas cuando ellas no podían venir conmigo. Hoy, afortunadamente, la cosa ha cambiado, aunque falta camino por recorrer”. Respecto a la discriminación de género, Pires asegura que afortunadamente no la ha vivido, pero que es una lacra que debemos eliminar. “En la música y en el arte hay menos machismo que en otras áreas, pero me consta que hay todavía muchas mujeres que sufren desprecio por el hecho de serlo”, afirma.

Durante un tiempo dejó de visitar Portugal pues quiso crear allí un gran proyecto musical y pedagógico y no se sintió respaldada: “No vi interés en que aquello funcionara y consideré que era una injusticia y me distancié. Me costó, pero el tiempo acabó resolviendo el conflicto y ahora vivo mucho tiempo en Portugal”.

Sobre lo de que sus manos son pequeñas ella dice que es cierto, que nada de ser una leyenda urbana. De hecho, afirma que hay partituras de Brahms y Rachmaninov que se le resisten, que no puede tocar debido a ello: “Para mí, tener las manos pequeñas es un hándicap”, afirma, “al que además se le añade un dolor que hace que deba parar de tocar a menudo”. Tocar el piano es, para ella un esfuerzo. Le gusta decir que sus manos “no son pianísticas”.

Volviendo al tema de la pedagogía, opina que la desidia que muchos achacan a la juventud no es en absoluto culpa de los jóvenes, sino que “son la misma sociedad y la escuela, las que desmotivan a los muchachos. Si una generación joven no funciona, el problema lo ha creado la generación anterior, que no ha sabido poner los mecanismos adecuados”. Maria Joao Pires no cree que organizar concursos y preparar a los estudiantes de música para que los ganen sea bueno, pues lo que hace es “aumentar la competitividad y un artista no debe ver el arte como una competición, sino como algo sagrado, el arte es parte del alma”.

La pianista ha sido y es una persona comprometida con su tiempo, de hecho, unas líneas comerciales de su discográfica, Deutsche Grammophon, hicieron que se alejara de ella por un tiempo. “La ética es un valor que debemos defender por encima de todo”, dice, y añade: “Los artistas debemos implicarnos política y socialmente, a todos los niveles, para defender la democracia, los derechos humanos y la protección del planeta”.

Todavía le quedan obras por explorar: “Me gustaría profundizar en algunas sonatas de Schubert o el Concierto de Ravel”.

Además de conciertos y recitales de música clásica, Maria Joao Pires suele ofrecer fusiones con otros tipos de música, así que grabó un disco de fados con Carlos do Carmo y se mueve bien en otros proyectos que unen el piano clásico con el jazz. “Me gusta dar conciertos”, dice, “en los que yo toco la parte más académica de una obra y otros improvisan sobre ella, al ritmo de jazz”.  

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