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Chus Burés Orfebre y diseñador

«Un diseñador que trabaja con ordenador es tan válido como un orfebre tradicional»

El artista catalán expone desde el lunes su nueva exposición de joyas ‘30 años en Mallorca’ en su estudio de la calle Portella

El orfebre Chus Burés, ayer, junto a algunas de sus joyas en oro y plata en su casa de Palma. Guillem Bosch

Disrupción, originalidad y perfeccionismo. Quizás estos son los tres términos que mejor definen las creaciones de Chus Burés, el catalán que ha sabido crear diseños capaces de cautivar a un público intergeneracional de la mano de materiales tan especiales como atrevidos. El artista y diseñador, que vive a caballo entre Madrid y Nueva York tras haber residido en países como Marruecos, Tailandia o Japón, presenta en la isla su exposición 30 años en Mallorca, que se inauguró este lunes y podrá visitarse hasta finales de mes. El inagotable artista reúne en esta cita algunas de sus últimas series de orfebrería en oro y plata combinada esta vez con materiales reciclados, gemas y piedras preciosas, así como también objetos encontrados. Recibe en su casa de Palma a este periódico para transmitir su concepción del arte así como las claves de la perennidad de su obra a pesar del correr de los tiempos.

¿Qué contiene su estilo artístico para poder ser calificado de anticonvencional o incluso transgresor?

El estilo no consiste en repetir siempre las mismas formas ni los mismos materiales, considero que el estilo subyace en el trabajo que desarrollas a lo largo de toda tu carrera. Cada colección tiene sus formas porque cada idea te pide unos materiales diferentes.

¿La ambición es condición sine qua non para el diseñador?

La ambición entendida positivamente es necesaria porque si nos relajamos no conseguimos nada y creo que hay que plantearse metas, conseguir logros aunque sea duro. Para mí, es la única forma de llegar a hacer algo realmente novedoso.

¿Y la libertad soñadora?

Todo creador posee intrínsecamente esa libertad, todos soñamos y queremos perseguir un sueño en la vida. Yo ahora mismo me siento todavía con esa ilusión inicial, mantengo la curiosidad que tenía al principio y ahora veo que surgen nuevas maneras de imprimir más basadas en métodos tecnológicos, y todo eso me interesa mucho. Trabajo con orfebres realmente contemporáneos que casi todo lo hacen a través del ordenador, apenas utilizan sus manos y considero que eso es tan válido como un buen orfebre tradicional.

En esta línea, ¿ha sentido en algún momento miedo al fracaso por la incomprensión de la sociedad actual hacia las claves creativas de sus diseños que tanto triunfaron en los 80 y 90?

Tengo la inmensa suerte de tener colecciones que he diseñado hace más de 25 o incluso 30 años y todavía se venden y han sido best seller en París, como Infinity Lines. Voy encajando con los tiempos y con los cambios porque creo que mis diseños se adecúan muy bien a todo ello.

¿Y a la inversa, por ser usted quien no casa con las reglas actuales del arte?

La sociedad evoluciona inevitablemente, así como cambian los gustos y la forma de consumo del arte. Soy una persona que se adapta de forma natural a los tiempos, hasta el día de hoy tengo clientela de generaciones muy jóvenes, hijos de antiguos clientes, que han nacido rodeados de buena decoración y colecciones de arte. Sentirme actual es algo que me hace sentir muy feliz.

¿Siente más satisfacción trabajando la orfebrería que el diseño de moda?

Siempre he sido artista de pequeño formato y mi trabajo ha estado muy ligado a la indumentaria corporal. Creo que nunca me atrevería a hacer una colección de moda pero sí he hecho, y me encanta, pequeñas incursiones en el mundo de las artes decorativas, como una colección de alfombras que hice en Marruecos o cerámicas que hice trabajando con grandes ceramistas del norte de Tailandia.

¿Sigue innovando en la heterodoxia con la que trata la materia y que tanto le ha diferenciado de otros artistas o se ha ido acomodando con el tiempo?

Sigo en esa idea de elegir los materiales a mi gusto porque cada idea requiere un material concreto y yo me defino como una persona multimatérica desde siempre. De hecho, en mi caso, mis coleccionistas valoran más la idea que el material con el que elaboro las piezas. Lo que priorizan ante todo es el alma de la joya y el diseño que subyace.

¿Cual es su relación actual con Mallorca? ¿Algún proyecto en mente con Miquel Barceló?

Mallorca tiene una magia especial, cuando estás en la Mallorca profunda sientes una extraña vibración que solo había sentido antes en Tailandia. Además, tengo una conexión y una química muy fuertes con la isla. Con Miquel colaboré en el año 2006 cuando vivíamos en París, es un gran profesional pero de momento no tenemos planeado nada.

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