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Crítica de música | El Evangelio según Lucas

Así se lee en el Evangelio: «Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se puso brillante, y su vestido blanco y resplandeciente» Lucas 9, 29.

El texto anterior pertenece al capítulo del Evangelio de San Lucas en el que éste explica la transfiguración de Jesús en el monte Tabor.

Dos mil años después, otro Lucas, el oboísta y director Lucas Macías, escribió la otra tarde/noche, otro capítulo en el que la transfiguración también salió a relucir (nunca mejor dicho) y por partida doble: primero porque consiguió que las secciones de cuerdas de nuestra Simfònica pasaran del barroco más sentido al dodecafonismo incipiente, sin sobresaltos y en cuestión de minutos, como si eso fuera la cosa más natural del mundo; y segundo porque dirigió una versión de La Noche Transfigurada de Schönberg realmente electrificante.

Macías ha pasado, también en poco tiempo, de ser uno de los oboístas más valorados del mundo a tener una agenda llena como director de orquesta. Un paso que solamente pueden llevar a cabo unos pocos, pues es pasar de tener un concepto unilateral de la partitura a tenerlo global.

La versión del Concierto para oboe BWV 1055 de Bach, que no es otro que la transcripción de uno para clavecín (¿o es al revés?) fue realmente extraordinaria, muy personal en lo que al solista se refiere y con aires barrocos en el conjunto de cuerdas y clave.

Por la misma senda de calidad se movió la Suite Holberg que Edvard Grieg escribió en 1884 siguiendo los cánones del estilo All’antico, o lo que es lo mismo, el estilo barroco, como homenaje al intelectual noruego Ludvic Holberg, nacido dos siglos antes.

Y como colofón, esa gran obra de arte que es la Verklärte Nacht shonbergiana, un auténtico clímax musical, basado en un poema homónimo de Richard Dehmel. Aquí el director optó por una versión nada trágica pero sí luminosa de la Noche, pasando de la oscuridad nocturna a la luz crepuscular, de la Nacht a la Nachmittag, pues de entre las notas de la orquesta de cuerdas salían a relucir verdaderos destellos de luz.

Y al final, mientras se escuchan los aplausos, cerca de la Misericòrdia, y tal como se lee en el poema de Dehmel: «Una pareja atraviesa la prominente y serena noche».

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