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Crítica de arte | Una exposición para escuchar

‘La condición vocal’ se puede visitar en el Solleric. | AINA FERRERO HORRACH

‘La condición vocal’ se puede visitar en el Solleric. | AINA FERRERO HORRACH

Esta es una exposición, esencialmente, para escuchar. El singular y envolvente espacio «Dipòsit» del Casal Solleric acoge estas semanas una propuesta artística que se dirige a la conciencia del visitante a través de uno de los sentidos quizá más subestimados: el oído. La artista Laura Llaneli (Granada, 1986), formada en el conservatorio de música y Licenciada en Bellas Artes, se especializa en el trabajo que explora el arte sonoro, maridando las que se le suponen que son sus dos principales especialidades; esto es, la experiencia sonoro-musical, y las artes visuales. Acompañada de un contundente discurso teórico de la comisaria Marta Ramos-Yzquierdo, la muestra, que se titula La condición vocal, y está formada por cuatro instalaciones en principio inéditas, analiza los patronos sonoros que han marcado algunas estructuras y convenciones sociales.

La dualidad de la voz, intangible y frágil a la vez que ostentadora de una potencialidad tan grande como para poner a prueba algunos fenómenos físicos sorprendentes, se trata en la video instalación If it doesn’t work you just look like a crazy lady screaming (el título ya merece la pena), una de las piezas más divertidas de la muestra; en ella se hace un contrapunto entre la idea del grito de las protagonistas femeninas de las películas de terror como acto paralizante, y el hecho de empoderarse de este grito femenino como una ostentación de fuerza, incluso destructora. Prefiero no dar más pistas para alimentar una curiosidad que solo pueda ser satisfecha visitando la muestra.

Otra de las piezas más interesantes, por lo actual de la reflexión que contiene, es la instalación Hace tiempo que no te susurro. Una serie de largos tubos de cartón son el residuo material que queda de una acción colectiva en la que los participantes se susurraron con la ayuda de estos mismos tubos, cada uno en un extremo de ellos, aludiendo a la presente imposibilidad (o más bien, gran dificultad) de susurrar en tiempos de pandemia y mascarilla.

Una exposición para escuchar

La instalación Screamqueens: dos ondas de grito, la última del recorrido, rompe con la idea de una muestra vertebrada esencialmente en la intangibilidad de la voz. Hubiera sido valiente atreverse con una propuesta exclusivamente para los oídos sin incluir ningún objeto artístico que contente la comodidad del espectador.

En otro orden de cosas, da la sensación de que artista y comisaria han querido legitimar la muestra con una lectura de género, a mi parecer un poco forzada. La propuesta tiene ya la suficiente solvencia conceptual como para tener que justificarse bajo un discurso feminista. Parece una obviedad que lo repita, pero, no hace falta que una obra artística hecha por una mujer tenga que tener un discurso feminista para ser interesante. Ahí lo dejo.

Aunque es cierto que, como es habitual últimamente, el aparato teórico que acompaña la muestra es más ambicioso que la materialización artística en sí, en general se trata de una propuesta original para la que quizá la zona «Dipòsit» se le queda demasiado pequeña. Una se queda con ganas de seguir indagando sobre la condición vocal y ver como la artista acaba de desarrollar con mayor profundidad el potencial artístico-conceptual que queda latente.

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