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José María Sicilia: «La ciencia explica y razona los sentimientos, en cambio el arte los transmite»

Una exposición inédita del artista madrileño de la generación de los ochenta y con casa en Sóller que presenta sus últimas reflexiones o «traducciones» sobre el medio pictórico

El pintor José María Sicilia.

La Locura de Ver es el sugerente título de una de las tres series que constituirán la exposición de José María Sicilia, a inaugurar el próximo día 15 de julio en la galería Baró del carrer de Can Sanç de Palma. «Hay que ver siempre, y más. Y tocar, que es más que ver», es lo que responde Sicilia, al preguntarle sobre la tendencia global de convertir los museos en experiencias virtuales.

José María Sicilia (Madrid, 1954) pertenece a la generación de los años ochenta que rechazaba el formalismo minimalista dominante para reivindicar la importancia del significado y de las visiones no dogmáticas de las cosas.

Su contribución ha desafiado los límites de la cultura occidental y ha hecho innovaciones sorprendentes. Desde sus primeras exposiciones, su pintura llamó poderosamente la atención de los circuitos internacionales más selectivos elevándole a la categoría de «genio en vida».

En el momento presente, sus reflexiones sobre el medio pictórico le han llevado a crear lo que denomina traducciones. Sus nuevas obras son resultado de programas informáticos del experimento de Young de 1801, diseñados según sus requerimientos. Lleva más de una década realizando sonogramas basados en investigaciones realizadas por científicos británicos durante la Segunda Guerra Mundial que traducían cantos de pájaros en esquemas gráficos, con la idea de crear nuevos lenguajes cifrados blindados al espionaje.

Mediante ese proceso, a Sicilia le surgen obras textiles de apariencia abstracta, y bordadas por máquinas, cuyo origen tiene que ver con la física cuántica, la ornitología, la arquitectura, la política, la óptica, la música o la filosofía. «Pintar es solo hacer marcas, con dientes o uñas, saliva o pigmentos. No debe existir una brecha entre el arte y la ciencia, el conocimiento de una y otra deben ir unidas. Para esta exposición he realizado pinturas sobre seda realizadas mediante la técnica del bordado con hilos de seda. Reflexiono, en una primera parte, sobre la locura del ver, la naturaleza de la luz y que la realidad no es más que una ilusión. La segunda, sobre las relaciones entre el ser humano y el animal, a través de traducciones informáticas de conversaciones entre humanos y animales, con el fin de devolver al ser humano a su condición de animal. Una tercera parte habla del canto de un gorrión. Una reflexión sobre cómo el tiempo nos devora, cómo el instante nos va dando tumbos. Tenemos que adorar el tiempo», explica.

Sicilia ha dicho que «las imágenes vehiculan un no saber» y, también, que son fósiles, porque encierran energía e información, y una voluntad de comunicar o transmitir.

Dice encontrarse en su mejor momento. «Sigo y obedezco mi voz interior, considerado cada vez más como un acto de rebeldía.  Prosigo con las reflexiones sobre la luz que empecé a finales de los 80 y las flores. También con el desastre del tsunami y Fukushima, desarrollando talleres en los que, acompañado de psicoterapeutas y profesores, guiamos a grupos de niños para que expresen artísticamente sus recuerdos ligados a ese día. Este año hemos alquilado tres tumbas en Minamisoma y Fukushima para hacer instalaciones sobre lo perdido». 

Sicilia cuenta en su ADN con la saga de los Fernández-Shaw, los grandes libretistas de la zarzuela que escribieron títulos míticos como La Revoltosa o La Verbena de la Paloma. Por ello, ha creado en Madrid la fundación El Instante, con la vocación de situar la zarzuela en el siglo XXI a nivel musical, temático, conceptual y escenográfico. Con ella, este 2021, José María Sicilia ha estrenado Se Vende, una zarzuela sobre la corrupción, la censura, la covid y el nacionalismo. Trata de un grupo de chicas y chicos que chatean consumiendo anuncios, Instagram, Twitter, series de televisión, donde se venden políticos y celebridades. Ya está metido en la segunda zarzuela, Raja la Alondra y Oirás su Música, que vuelve a tocar temas como el nacionalismo y la esquizofrenia.

En Mallorca continúa también su trabajo. «Aunque vivo en Irlanda, la fundación sigue trabajando en Sóller y a pesar de la pandemia hemos tenido dos actividades, una de ellas fue, precisamente, proyectar los sueños de la gente sobre la covid del 2020 y sus interpretaciones», declara.

Su momento creativo lo describe como un momento de inspiración y expiración. «Todo es respirar, es lo mejor que puedo hacer mientras trabajo, con la mejor música o el mejor silencio. No sé bien qué es arte, si es la verdad y que la verdad es lo falso o la belleza. O si el arte es cosa del pasado, o no hay definición, ya que el arte es abierto, ambiguo e impreciso. Como la vida que es otro misterio. Todos vivimos en un naufragio permanente, nacemos en un medio extraño y peligroso, y como seres sensatos, intentamos sobrevivir».

Quizás por eso encuentra tan interesante la idea de las personas que trabajan en inmersión y solo salen a la superficie para respirar. Un poco a la manera de Miguel Adrover.

A la pregunta de proyectos pendientes responde «que el mañana siempre está pendiente» y se queja de que la industria cultural española aporta 690.000 empleos, un 3,2% del PIB, mientras recibe en términos de financiación pública del PIB un 0,06 del Estado, algo que considera «sorprendente y lamentable». 

A pesar de tal situación, parece que la inversión privada en cultura no cesa en Baleares, considerado por muchos un efervescente punto estratégico cultural. Razón por la que los artífices de Baró Palma, la pareja compuesta por la catalana María Baró y el holandés Enno Scholma, que ya cuentan con Baró House en Madrid y Baró Galeria, una de las galerías de arte más conocidas de São Paulo, con la que han estado presente en las grandes ferias del mundo, como Frieze, Miami Art Basel o ARCOmadrid, desembarcan en Palma con la espectacular exposición de Sicilia.

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