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Noevdad editorial

Tarantino vuelve al Hollywood de 1969 en su debut como novelista

Su primer libro, ‘Érase una vez en Hollywood’, es una excitante prolongación y complemento de su película de 2019

Tarantino, con Leonardo DiCaprio, durante el rodaje de ’Érase una vez en... Hollywood’.

Conviene dejarlo claro. Este libro no es una estricta novelización del filme 'Érase una vez en Hollywood', el último rodado hasta la fecha por Quentin Tarantino, y, de cumplir su palabra, la penúltima de sus películas, ya que dijo muy convencido que, después de realizar su décimo largometraje, se retiraría del cine para dedicarse a escribir; 'Érase una vez en Hollywood' es el noveno. Si deja el cine para dedicarse a la literatura, también saldremos ganando, porque esta novela es excelente y demuestra, una vez más, que además de tener una capacidad innata para crear imágenes fluidas y perdurables, Tarantino es un espléndido constructor de tramas y escritor de diálogos.

Su primera novela, que llega a las librerías españolas este martes de la mano de Reservoir Books, y de Columna, en catalán, es el complemento ideal para aquella película sobre el Hollywood de 1969. Los personajes principales son los mismos, y se repiten, desde ángulos distintos, algunas de sus situaciones. Pero Tarantino aprovecha el mayor y flexible espacio que le brinda una novela -de 390 páginas- para profundizar en los protagonistas y explicar cosas determinantes de su pasado.

Elocuencia salvaje

El libro arranca con una conversación trepidante entre el actor Rick Dalton y el productor Marvin Schwarz, encarnados por Leonardo DiCaprio y Al Pacino en el filme. Es lo más parecido al despegue de algunas de sus anteriores películas: la misma elocuencia salvaje y gusto por el diálogo preciso que en los inicios de ‘Reservoir dogs’ o ‘Malditos bastardos’.

En este primer capítulo se habla de esos directores poco conocidos tan del gusto de Tarantino (Paul Wendkos, el mejor director de filmes de acción según Rick), pero también de Sergio Corbucci, Ishiro Honda, Lee van Cleef, Sergio Leone, ‘viejales’ como Stewart Granger y Glenn Ford o la serie B de Republic Pictures. Tarantino tiene el mismo ingenio que el desplegado en sus películas cuando habla de cine o hace referencias cinematográficas. El productor le pasa a Rick la crítica sobre una de sus películas aparecida en ‘Cahiers du cinéma’: “Es una buena reseña, está muy bien escrita. Deberían pedir que te la tradujeran”. Rick la coge, pero sabe que nunca pedirá que se la traduzcan.

Tarantino sigue la estructura de capítulos alternos, algo que empleó en la construcción fragmentada de ‘Reservoir dogs’ y que, ya en 1992, reivindicó como una estructura literaria que le influenciaba mucho. El capítulo dos vuelve atrás en el tiempo para contarnos aspectos significativos de Cliff Booth, el doble de escenas de acción interpretado por Brad Pitt. Y ahora descubrimos su cinefilia, algo imposible de imaginar viendo el filme. Le gusta el cine europeo y japonés. Le gusta el Jean-Paul Belmondo de ‘Al final de la escapada’ y casi todos los filmes de Akira Kurosawa con Toshiro Mifune, pero odia a Resnais, Antonioni, Bergman, Fellini y Truffaut.

El capítulo gira en torno a una proyección de ‘Soy curiosa’, el filme-escándalo sueco de 1967. Cliff invita a la secretaria del productor a verla. "Yo no voy al cine a leer", dice ella, refiriéndose a los subtítulos de las películas extranjeras. A Cliff, un tipo duro capaz de enfrentarse al mismísimo Bruce Lee, en recordada escena del filme, no le importa. Es más, prefiere esas películas, que ve en un cine todos los domingos por la tarde, a las de Hollywood. Con Cliff, Tarantino realiza una especie de autorretrato de él mismo como cinéfilo de aquellos años.

Dilema vigente

La novela mezcla filmes inventados con reales: Cliff asegura haber trabajado en ‘Confidencias de mujer’, dirigida por George Cukor en 1962. Se repiten algunas anécdotas de la película de Tarantino, como la posibilidad que tuvo Rick de sustituir a Steve McQueen en ‘La gran evasión’, pero añadiendo una partida de billar entre los dos actores, el real y el imaginado por Tarantino. El famoso lanzallamas del final de la película tiene también cabida en la novela, aunque de otra forma. El dilema de Rick entre ser segundón de series televisivas o protagonista de producciones rodadas en Italia continúa vigente en la novela. Tarantino añade nuevas músicas: Sharon Tate escucha el primer disco en inglés de François Hardy. Profundiza en Charles Manson y su clan. Y siguen muy presentes Tate y Roman Polanski. Tarantino escribe que el director de ‘La semilla del diablo’ siempre le dice a Warren Beatty que “la vida es demasiado corta para no conducir un descapotable”.

Un único inconveniente. Cuando leemos una novela fantaseamos con los rostros de sus personajes, les otorgamos los rasgos que deseamos. Aquí es imposible: DiCaprio, Pitt, Pacino, Margot Robbie o Margaret Qualley están muy presentes.

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