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Con ciencia | Cereales

La humanidad descubrió casi al mismo tiempo el arte de escribir —y llevar las cuentas por escrito, de paso—; la agricultura —la basada en cereales cultivados fue la primera de todas— y su correlato en cuanto habilidad para domesticar, la ganadería: la religión en forma jerárquica —con los sacerdotes como garantes e intérpretes del poder de los dioses—: la vida urbana como anticipo de los imperios hidráulicos descritos por Karl Wittfogel y todo lo necesario para mantener esa fórmula de convivencia —por llamarlo de alguna forma— que incluye desde los ejércitos a la esclavitud.

Semejante retahíla de novedades tuvo lugar en el Creciente Fértil, la región de Oriente Medio bañada por los ríos Tigris y Éufrates, sobre todo, pero también por el Jordán y hasta el Nilo. Allí se irían sucediendo los imperios, desde Mesopotamia al Egipto faraónic, que inauguraron la Historia de la que se conserva testimonio escrito .

Como es natural, una revolución de semejante calibre, quizá la más importante en todo el devenir del linaje de nuestra especie, no tuvo lugar de golpe ni por medio de invenciones y medios de gobierno simultáneos. Un caso de especial interés es el del templo de Göbekli Tepe, cuyas ruinas se alzan en lo alto de una montaña del sur de la actual Turquía, cerca de la frontera con Siria. Con 11.600 años, es considerado el más antiguo del mundo. Pues bien, pese a que contaba, como es obvio, con sacerdotes y también con estructuras arquitectónicas admirables, los indicios arqueológicos lo relacionan con bandas de cazadores-recolectores que no disponían aún de técnicas agrícolas o ganaderas.

Sin embargo, la revista Nature acaba de recordar los estudios llevados a cabo en el templo de Göbekli Tepe por Laura Dietrich, investigadora del Instituto Arqueológico Alemán en Berlín. Junto con sus colaboradores, Dietrich publicó el año pasado un trabajo en el Journal of Archaeological Science que analizaba el papel de los huecos de piedra utilizados como contenedores, de hasta 165 litros de capacidad, y las vasijas talladas en piedra que anteceden a la invención de la cerámica. Los autores, tras un análisis integrado que incluyó desde el examen de las marcas microscópicas en las herramientas al análisis del ADN conservado dentro de las vasijas, concluyeron que quienes se reunían en Göbekli Tepe contaban en su dieta con abundantes cereales recolectados de la vegetación digamos salvaje con los que se hacían gachas, papillas e incluso cerveza para acompañar la carne procedente de la caza.

Siendo así, esos cereales que constituyen el fundamento de la agricultura —desde el trigo a la cebada— se convierten en la clave de un aprecio por tales semillas que antecede no sólo a los cultivos controlados sino a la propia cerámica que permitió cocinarlos.

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