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Elisa Victoria: «Aprendí que es mejor escribir como si nadie te fuese a leer»

La escritora sevillana presentó ayer su último libro, ‘El Evangelio’, en los Cines Rívoli de Palma en un acto organizado por la librería Rata Corner

Elisa Victoria, en la entrada del Brondo Architect Hotel de Palma.

Elisa Victoria, en la entrada del Brondo Architect Hotel de Palma. Guillem Bosch

Elisa Victoria (Sevilla, 1985) se dio a conocer al gran público con Voz de vieja. Ahora publica El Evangelio, un libro sobre las expectativas y la educación en la transición de la adolescencia a la adultez. La autora explica que, cuando estaba acabando la veintena, pensó que podía ser interesante escribir sobre qué significa ser joven: «En ese momento solo había escrito un libro y no tenía muy claro cómo hacerlo. Cuando salió Voz de vieja, me pregunté qué sería lo siguiente y vi la oportunidad de retomar esa idea. Tenía más perspectiva por la edad y era más fácil entender el momento porque lo veía con perspectiva».

Confiesa que este libro ha tenido más alcance y, por tanto, un mayor número de lectores: «Eso te altera porque el contexto te condiciona. Antes no me sentía observada, pero con este libro he notado que había gente que lo estaba esperando». Defiende que esto es positivo, pero a la vez le genera cierta presión sobre cómo va a ser el recibimiento. «Tener público es positivo, pero para la creación no tanto. Me costó recuperar el espíritu de escribir como si nadie me estuviese mirando. Aprendí que es mejor escribir como si nadie lo fuese a leer», apunta.

Referente a la sexualidad, la escritora explica que la edad de la protagonista era importante porque «se puede no tener vida sexual con 20, 30 ó 50 años»: «Era un tema que quería tratar con naturalidad. Era clave no entrar en lo erótico. Las primeras veces suelen ser conflictivas por torpeza o falta de comunicación». Argumenta que buscaba incidir en las conversaciones que tiene la protagonista con su amiga porque se mezclan las cuestiones sexuales con otras sin mayor importancia. Habla de aquellos entornos seguros en los que pueden tratar temas más personales con mayor ligereza y espontaneidad.

Las cuestiones de clase, transversales en toda la narración, aportan más información al contexto y permiten entender mejor a la protagonista. «La clase define cómo va a ser cada situación. La protagonista está examinando el sistema al completo, principalmente cómo los niños se forman dependiendo de la educación que reciben». Cuenta que quería hablar sobre la idea de que si te lo propones puedes conseguir cualquier cosa, «como si todo dependiera únicamente de tu esfuerzo». Esto, matiza, son «eslóganes baratos que no son realizables y que sirven para que los ricos piensen que los pobres lo son porque no se esfuerzan». De esta forma, entiende que la falta de posibilidades condiciona la existencia, como pasa con las becas: «Quienes no las necesitan no entienden lo importantes que pueden llegar a ser».

Victoria concluye con una reflexión sobre el tiempo: «La gente de clase alta no está acostumbrada a esperar. Suelen ser más impacientes porque no saben qué significa tener que organizar tu vida para poder ahorrar o tardar dos horas en llegar a un sitio porque dependes del autobús».

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