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'Jo, punk', el documental que retrata el movimiento contracultural en Mallorca

El director mallorquín Dani Cuesta, junto a Offline Producciones, prepara un largometraje documental sobre la escena punk en Mallorca basado en los testimonios de los músicos y bandas que formaron parte de ella y la nutrieron: «Siempre que haya injusticia, habrá punk»

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El director Dani Cuesta.

¿El punk ha muerto? ¿Cómo fue la escena en Mallorca? Estas y otras preguntas son las que tratará de responder el documental Jo, punk. Dirigido por Dani Cuesta y producido por Offline Producciones, cuenta con la colaboración de IB3. En él se narra la evolución del movimiento en la isla desde 1980 hasta la actualidad. Cuesta explica que ya se encuentran en la fase final y prevén que esté listo en otoño: «Por la covid tuvimos que parar al principio, pero ahora lo estamos retomando todo». Estas últimas semanas han estado grabando los ensayos de bandas como Guadaña para incluirlos en el documental. [Vea aquí la galería].

El director asegura que este proyecto constituye una retrospectiva de lo que ha sido y es la escena punk en Mallorca. Querían abordarlo en un sentido amplio. «Trabajamos principalmente a través de los grupos, pero también queremos hablar de los motivos y el contexto que llevaron a la aparición del punk», confirma. La escena punk ya existía en las calles antes de que llegaran los grupos y estos fueron consecuencia de una inercia: «Los motivos varían según la década, porque no era lo mismo 1980 que los 2000. A pesar de ello, hay mucha transversalidad y algunos personajes incluso continúan en activo». En el documental también aparecen los primeros medios contraculturales surgidos en esa época como Ràdio Activitat, fanzines, La Nueva Libertad, el movimiento anarquista y cómo evoluciona hacia una politización más marcada a partir de 1990 con la aparición de movimientos okupas. Cuenta que los espacios son fundamentales para entender el movimiento y sus implicaciones. Lugares como el Kasal Llibertari, la Femu, Son Pardo o zonas como Gomila, donde se ubicaban locales como El Barco.

«La idea principal es un proyecto de largometraje documental, pero queremos ramificarlo para ofrecer otros recursos como una página web en la que se podrán consultar los contenidos audiovisuales», concreta Cuesta. El origen fue la colaboración con Tomeu Canyelles en otros trabajos. Tras leer su libro ¡Esta es nuestra guerra!, decidieron que era una buena oportunidad para ponerlo en imágenes. El documental es distinto al libro en el enfoque y el tratamiento, pero su trabajo previo les sirvió para empezar desde un punto concreto. Además, la participación de Canyelles en la elaboración del guión aporta una visión más amplia del movimiento: «Nosotros, como contadores de historias, teníamos un interés en conocer la escena punk en Mallorca porque es bastante opaca y, en algunos puntos, poco conocida. Existió y existe una gran escena, con muchos grupos y muchas historias, que estaba oculta. El documental está compuesto por los testimonios de aquellos que formaron parte del movimiento». El largometraje cuenta con más de 30 entrevistas porque la intención del director es elaborar un relato que esté configurado por los protagonistas de aquellos años, de ahí que sus vivencias y sus pensamientos tengan un peso mayor en la narración.

Cuesta confiesa que la escena tiene «una parte privada con muchos espacios minoritarios» porque, a pesar de que aquí ha habido grandes eventos como conciertos de Los Ramones o La Polla Récords, la escena local era más pequeña: «El contenido visual y fotográfico ha estado oculto durante muchos años hasta que han llegado las redes sociales. Ahora puedes grabar un concierto con el móvil y tienes ese archivo. Antes era diferente. Hubo gente que durante esa época se dedicó a grabar los conciertos en VHS o algunos hacían fotografías en los conciertos. Los grupos a veces tenían a gente que los acompañaba y les tomaban algunas fotos».

Desde el primer momento tuvieron claro que querían partir de personajes y grupos concretos como Cerebros Exprimidos, Bad Taste, Guadaña o Eskoria, referentes de la escena en Mallorca. Estos, explica, funcionan como hilo conductor a pesar de que aparecen muchas otras bandas: «Cerebros Exprimidos, por ejemplo, fueron los primeros en adquirir una gran relevancia. Bad Taste cambió la filosofía del punk por su fuerte politización y porque vivían como cantaban. Guadaña es otra banda transversal que a día de hoy sigue tocando». Cuesta defiende que la intención principal es «contar la evolución de esa escena desde muchos ámbitos distintos» porque también debían aparecer movimientos paralelos al punk como el anarquismo o los okupas. «Aquí, a diferencia de lo que podía pasar en otros lugares, todo el mundo se conocía y colaboraban de una u otra manera. Ha sido un aprendizaje continuo de los más jóvenes gracias a lo que habían conseguido los que estaban antes. Había mucha colaboración y algunos artistas cambiaban de banda a medida que iban pasando los años», apostilla.

La realidad de la isla, marcada por el turismo, definió al movimiento en Mallorca de forma clara: «Hay que tener en cuenta lo que supone vivir en una isla. En la península puedes coger una furgoneta e irte de gira sin mayor problema. Aquí dependes del transporte marítimo y aéreo». El cineasta argumenta que esta evidencia marcó mucho a los grupos mallorquines, sobre todo a la hora de conseguir conciertos o enseñar su música en otros sitios. «Al ser un lugar pequeño y con estas características, la colaboración entre los integrantes de la escena era algo muy normal. El do it yourself, el hazlo tú mismo, es uno de los lemas del punk», añade. 

La escena, lejos de estar muerta, sigue teniendo sus espacios de creación y aún existen grupos que tocan en distintos lugares. Las noticias de que bandas como Bad Taste o Eskoria vuelven a grabar dan buena cuenta de ello. Cuesta entiende que no es lo mismo que en los años 80, pero sigue habiendo actividad: «El contexto actual, a pesar de las diferencias con las décadas anteriores, facilita que el punk pueda volver a ponerse de moda en cualquier momento. No tanto el look, sino lo que simboliza. Si hablas con todos aquellos que han creado y pertenecido a esa escena, te dicen que ellos entienden el punk como reivindicación, ser contestatario, no agachar la cabeza, rebelarte contra la injusticia. Siempre que haya injusticia, habrá punk». Declara que las letras pueden ser más o menos agresivas, pero la esencia se mantiene. A modo de constatación, recupera una frase de uno de los integrantes de Bad Taste: «Ir en bicicleta a trabajar es ser punk. No tiene que ver con la indumentaria o con motivos materiales, sino con la esencia».

Mucha gente trabajó y luchó para que la escena ocupara el lugar que merecía. Cuesta incide en la importancia de las bases que se crearon para los que vinieron después: «Los músicos y grupos que entraron en los 2000 ya tenían unos contactos y unas redes que facilitaban hacer conciertos y giras fuera de la isla. Hay una necesidad de que esto no pare y que continúe. Al fin y al cabo, son creadores, y cada uno tiene su soporte. La visión general es de continuidad, de que se siga trabajando para que los grupos sigan teniendo oportunidades».

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