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En contra

Jordi Amat: «Todo lo que toca el procés se convierte en mierda»

Jordi Amat (Barcelona, 1978) nace un 12 de octubre, «por lo que estaba predestinado a no ser independentista». Remató su excelente ‘La conjura de los intelectuales’ con ‘El hijo del chófer’, que marcará una época. Va más allá de Alfons Quintà para radiografiar el pujolismo y el juancarlismo

Jordi Amat, autor de 'El hijo del chófer', libro del año pasado y vigente presentado por Llibres Ramon Llull

Jordi Amat, autor de 'El hijo del chófer', libro del año pasado y vigente presentado por Llibres Ramon Llull B. Ramon

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Sabía usted que estaba escribiendo el libro del año?»

No soy tan pretencioso, y tampoco sé muy bien por qué ha ocurrido. Muchos buenos libros no logran repercusión, y otros conectan con una necesidad. Nunca ha sido tan obvio como en Patria, el relato que la sociedad estaba esperando.

Alfons Quintà crea TV3, ‘El País Catalunya’, ‘El Observador’ y el ‘caso Banca Catalana’.

Al hablar con los popes de la época, me recriminaban que «tú que escribes sobre temas más o menos serios, por qué te dedicas a explicar la vida de Quintà». Les repasaba esa letanía para demostrar que es una historia truculenta pero que merecía ser contada. Pocos periodistas fueron tan importantes en Cataluña entre los 70 y los 80.

¿Un hijo de chófer no tiene derecho a triunfar?

Claro, pero Quintà triunfa porque es hijo del chófer de Josep Pla, una posición que le lleva al conocimiento entonces muy limitado de las élites económicas. Y el odio que sentía por su padre fue decisivo en su ambición.

El omnipresente Josep Pla, autor sagrado hasta de Quim Torra en ‘Les hores greus’.

¿Has tenido el coraje de leerlo? Tengo ganas de desengancharme de los libros del procés, inútiles y adictivos. Según un catálogo oficial, hay unos 700 títulos.

¿Y volviendo a Pla?

Es difícil explicar el siglo XX mallorquín sin Juan March, y la mejor versión del siglo XX catalán la cuenta Pla.

¿Qué diferencia a Quintà de un Pedro J. o un Cebrián?

No los conozco, pero me parecen caras de una misma moneda, la del asesor de príncipes, donde el poder de tu medio te permite llamar al presidente del Gobierno y asesorarle sobre nombramientos de ministros. No era el objetivo de Quintà, poseído por la ambición del déspota.

Desengáñese, un buen director es un tirano.

Una de las tesis del libro es que, en contra del rigor deontológico, los cínicos sí sirven para este oficio, y es ingenuo pensar lo contrario.

¿La vida de Quintà prefigura al asesino de su pareja?

Pregunta jodida esta. Los psicólogos y psiquiatras que consulté se refieren a rasgos psicopáticos, está el rumor de que había matado a dos personas, Àngel Casas reconocía que habían fallado con un hombre horrible. Y la sentencia, «ha pasado lo que tenía que pasar».

¿No le asustaba dar tantos nombres en el libro?

Tuve la ventaja de que es muy difícil que alguien te hable bien de Quintà, igual que ahora te cuentan todos historias chungas del Emérito, un ídolo caído. En 2014 termina un mundo, con el hundimiento del Rey Juan Carlos y del Virrey Jordi Pujol.

¿Pujol compró a Quintà y a otros periodistas?

«Comprar» es muy bestia, me parece excesivo, pero a Pujol le fascina el periodismo y es consciente de que un poder político necesita un brazo mediático. También le atraen los malos como Quintà o Prenafeta. Así se construye la mirada determinante y hegemónica de la óptica nacional catalana, a través de un medio de masas de calidad como TV3, más sutil que un adoctrinamiento.

Hubiera preferido que habláramos más de ‘La conjura de los irresponsables’.

Todo lo que toca el procés se convierte en mierda. Con los indultos volverá la intoxicación. No habrá lealtad de Estado, al PSOE le falta coraje, el PP aprovechará la medida para acosar al Gobierno y el independentismo no aceptará que el indulto es el reconocimiento de la derrota.

A usted lo colocan en el pelotón de equidistantes.

Sí, y preferiría estar entre los ecuánimes, aunque incluso a mí me cuesta no atender la llamada del tam-tam patriótico. Hay que deconstruir la cultura nacional.

Compartía usted cabecera con la caída Pilar Rahola.

Soy colaborador de La Vanguardia y no soy insustituible. Sé cuál ha sido la reducción en el sueldo de colaboradores, y mi nivel no era para nada comparable con el de Rahola. Para mí la decisión de la empresa llega al cruzar los datos del número de lectores con los ingresos de la columnista.

Revele el primer párrafo de su obituario de Pujol.

Cuando Pujol y su esposa se contagiaron de covid, empecé a escribir las necrológicas. «Es la figura más destacada de la segunda mitad del siglo XX en Cataluña, un profundo conocedor de la mecánica de la política a diferencia de la mayoría de políticos catalanes. Creó una nueva clase dirigente, y estableció un pacto fáustico con el poder que acabó por devorar su propio mito».

Sirve sin cambiar una coma para Juan Carlos I.

Sirve.

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