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Un vestuario iconoclasta para el regreso de la ópera al Teatre Principal

El equipo de sastrería de la sala palmesana trabaja a contrarreloj para ajustar trajes de protagonistas, coro y figurantes

Preparan el vestuario de la ópera Il trovatore en el Principal B. Ramon

En la escena del campamento gitano de la ópera Il trovatore, que en dos semanas llega al Principal, un cuerpo de baile danzará con una estética contemporánea que complementa toda la liturgia del drama de Azucena, ambientado en el siglo XV. En otro momento de la obra, una de las facciones de los guerrilleros incendia el teatro con las mantas térmicas que les cubren el cuerpo. En el traje de la soprano y prometida de Manrico, Leonora, destaca la imagen de la Virgen Dolorosa, mientras que las uñas del coro, largas y doradas, simbolizan las aureolas de los mártires, aunque también son un guiño a la modernidad. Buena parte del vestuario y el resto de la escenografía darán una imagen iconoclasta de la obra de Verdi, que se representará el 26, 28 y 30 de este mes y supone el regreso por todo lo alto de la temporada lírica en la sala de Ciutat. (Vea aquí la galería).

Al frente del vestuario está el reconocido figurinista Jesús Ruiz, que ha trabajado en alrededor de 80 óperas, algunas en templos tan consagrados como el Festival de Salzburgo, el Teatro Colón de Buenos Aires, el NCPA de Pekín y el Théâtre du Châtelet de París. Lleva «una intensa semana» en el teatro palmesano ultimando la vestimenta y complementos con el equipo de sastrería, María, Ana Belén, Azahara y Juan. Trabajan en la sexta planta ajustando los trajes recién llegados del Teatro Villamarta de Jerez y más de uno se debió de llevar una sorpresa al comprobar lo que había en una de las cajas: «La orfebrería litúrgica del coro de gitanos combina las piezas de oro con los restos de los cadáveres que han ido quedando por el camino y por eso tienen huesos y trozos de cráneos», en palabras del responsable, que avanza que «Azucena adoptará la forma de macho cabrío».

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Un vestuario iconoclasta para el regreso de la ópera al Teatre Principal

Deja claro que el argumento del clásico de Verdi se respeta al máximo, pero señala que «en la ópera es práctica habitual hacer cambios en la ambientación en los títulos más conocidos, darles un nuevo punto de vista, y por eso el montaje de Il trovatore que ha ideado de la directora de escena, Marta Eguilior, ha conjugado el mundo legendario en el que se desarrolla la trama con una visión moderna e iconoclasta», afirma el diseñador de vestuario. Y pone el ejemplo de la escena del campamento gitano, donde quieren simbolizar la imposibilidad de liberarse del dolor «mediante una iconografía a base de exvotos, espiritualidad y fanatismo». El coro, de 40 personas, se convierte en «una ceremonia de oficiantes de una extraña misa de dolorosos recuerdos y remordimientos», tal como relata. Completarán la impactante escenografía la labor del responsable de iluminación y audiovisual, David Bernués.

Negro, rojo y dorado

La mayor parte del vestuario ha sido creada expresamente para la obra bajo la dirección de Jesús Ruiz, con profusión de bordados artesanales y minuciosos detalles en los trajes de riguroso negro de los gitanos. Del mismo color se visten los militares, el rojo es para los protagonistas y el dorado lo copan las alhajas, pero también hay blanco, el de las cofias de las monjas, inspiradas en las que se llevaban en la Edad Media, y que «son como ángeles que bajan a la tierra», compara. Y una parte de la vestimenta procede del fondo del Teatro Villamarta, «muy bien conservado y que sorprendería a muchos talleres de vestuario», tal como añade el figurinista. De cada prenda principal han traído diferentes tallas, porque «hay que tener en cuenta que el plantel de solistas, coro, figuración y cuerpo de baile es diferente en cada lugar y en la ópera no hay límite para la emoción ni la medida corporal de los intérpretes», bromea sobre la «auténtica boutique de época» que el equipo de sastrería está ajustando a contrarreloj.

La importancia del próximo estreno de Il trovatore radica no únicamente en que es uno de los libretos más conocidos de Giuseppe Verdi, sino que será la primera ópera tras la cancelación de la temporada debido a las restricciones por la pandemia. El Teatre Principal sí pudo estrenar La flauta mágica el año pasado, aunque el resto del programa tuvo que posponerse. El director de la sala, Josep Ramon Cerdà, destaca que es una de las pocas en todo el mundo que está ofreciendo espectáculos líricos. Los mallorquines podrán asistir a una intrincada y novelesca trama con un trío amoroso y sorpresas que no les dejarán indiferentes, sin contar las del vestuario.

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