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Nuria Giménez Lorang Cineasta

Nuria Giménez Lorang, directora de 'My Mexican Bretzel': «Los silencios permiten escucharnos a nosotros mismos»

«Desde el principio tenía muy claro que no me apetecía hacer un documental al uso de mis abuelos, pero tampoco sabía lo que quería», sostiene la cineasta, que este jueves ha presentado su documental en Palma

Nuria Giménez Lorang, ayer, en el Centre Cultural Sa Nostra durante el ciclo Cinema d’Autor que organiza la Universitat.

Nuria Giménez Lorang, ayer, en el Centre Cultural Sa Nostra durante el ciclo Cinema d’Autor que organiza la Universitat. Manu Mielniezuk

Nuria Giménez Lorang, con My Mexican Bretzel, su primera película tras el corto ‘Kafeneio’, ha sido reconocida con dos nominaciones a los Goya a la mejor dirección novel y mejor película documental, y ha sido premiada en los festivales de Gijón, Rotterdam y D’A. La cineasta participó ayer en el ciclo Cinema d’Autor, organizado por la UIB.

La combinación de fragmentos del diario de la protagonista con imágenes filmadas por su marido durante sus viajes de placer entre la década de los 40 y los 60 dan como resultado un metraje que ha sido alabado por la crítica y en festivales cinematográficos. De My Mexican Bretzel han dicho que es «una obra redonda» y «una gema escondida».

¿Había mucho material de Mallorca en los vídeos con los viajes de sus abuelos?

Las 50 bobinas que encontré en su casa de Suiza tienen más de 29 horas de imágenes en total. De Mallorca hay diez minutos de un viaje que realizaron en 1968. En Menorca también filmaron unos diez minutos de otra visita en el año 1958. Es bastante tiempo, porque en aquella época no se acumulaba tanta imagen como ahora, cada plano estaba mucho más pensado. No aparecen en la película, pero se ve una imagen de playa, el hotel Formentor, un faro con rayas anchas blancas y negras en un cabo... Las bobinas están separadas por años y en uno podían visitar hasta cuatro o cinco lugares distintos y a veces es difícil saber dónde es.

Califican la película como «misteriosa». ¿Es lo que sintió cuando descubrió su tesoro?

En general, las imágenes de los archivos suelen estar envueltas de misterio y es lo que me pasó, ya que al no venir acompañadas de un sonido y ser de otra época que yo desconocía totalmente, puedes completarlas como tú quieras. Me pareció muy bello, muy atractivo, y me dio libertad para crear lo que yo quisiera.

¿De ahí surge la originalidad por la que ha sido reconocida?

Tanto la libertad como poder jugar son dos aspectos básicos del proceso creativo. Disfruté muchísimo de la libertad total que tenía a la hora de trabajar y de la parte lúdica, es decir, cómo me relacioné con el material.

Al inicio del metraje advierte: «La mentira es otra forma de contar la verdad». ¿Quiere dejar claro que no es un documental?

Desde el principio tenía muy claro que no me apetecía hacer un documental al uso de la vida de mis abuelos, pero tampoco quiere decir que supiera lo que quería crear con estas bobinas. Fui descartando y descubriendo lo que buscaba a medida que iba avanzando en el proceso. Lo ideal es ver la película sin saber nada, excepto que aparecen imágenes de archivo muy bonitas y que es la historia de una pareja durante 25 años en la década de los 40, 50 y 60 del siglo pasado. La mirada de él combinada con las palabras de ella a través de su diario, la dualidad entre lo masculino y lo femenino, imágenes y texto... Eso es lo que buscaba, ese contraste.

Otro aspecto revolucionario son los silencios. ¿Qué dicen?

Decidí que buena parte de la película fuese en silencio porque quería dejar espacio a la imagen, que pudiese desplegarse por sí misma dentro de ese silencio. Es muy diferente de cuando ves una película con palabras o música, la imagen llega de forma distinta. Me interesa mucho esa relación. Los silencios en general permiten escucharnos a nosotros mismos, pero esa conexión se ha perdido en gran medida y creo que es muy importante recuperarla.

¿Por qué afirma que el espectador debe llenar los agujeros?

Utilizo varios recursos a nivel formal y narrativo, entre ellos los silencios, con el objetivo de dejar espacios vacíos para que cada uno los rellene como quiera. A mí, como espectadora y lectora, me gusta que me den la libertad de imaginar una creación que en parte está abierta.

¿Los textos del diario diluyen o refuerzan las imágenes?

Interactúan, dialogan, encajan unos con otros. Hay un contraste entre unos vídeos que muestran una aparente felicidad, con un gran bienestar y privilegios, y el texto, que se contrapone con el fin de reflejar lo que hay debajo de las imágenes, y eso es lo que me interesa, es decir, lo que subyace tras la felicidad. Cuando miraba las bobinas las primeras veces, solo veía lo que había en primer plano, pero luego me fui fijando en el fondo, los pequeños gestos, las muecas, etc. Ahí es cuando realmente recibí la información de las imágenes que buscaba, las cosas que no son tan visibles y que son importantes.

Los sonidos también.

Los utilizo bastante como voz y con ellos expreso emociones. Tienen una función expresiva, más que descriptiva.

¿Los reconocimientos hacen más fácil o más difícil pensar en una nueva película?

Las dos cosas. Por una parte, suponen un impulso para iniciar otro proyecto cinematográfico, tienes más ganas porque te ha ido muy bien y has disfrutado con el proceso; aunque por otra parte, impone bastante. He trabajado con mucha libertad y no quiero perderla en el futuro. Si hago otra película, me gustaría que fuese desde ese mismo lugar, porque de lo contrario no tendrá ningún sentido para mí hacerla.

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