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Almudena Sánchez: «He querido contar una enfermedad como la depresión de forma literaria»

La escritora mallorquina publica hoy en Random House la autobiografía fragmentaria ‘Fármaco’, donde bucea en los motivos de un estado depresivo que la paralizó en 2017

La escritora mallorquina Almudena Sánchez (Palma, 1985).

Fármaco se cruzó en la vida de Almudena Sánchez un gélido mes de febrero de 2017. Aún no tenía forma de libro, pero sí los síntomas de una depresión. «Hubo un día que no me pude mover del sofá y me di cuenta de que algo me pasaba», relata a este diario la escritora mallorquina. Fue diagnosticada de depresión. «En esos momentos, tenía en preparación otros libros, uno de relatos y otro sobre la adolescencia, pero este tema fue haciéndose tan presente que se apoderó de mí y empecé a escribir sobre él», explica acerca de Fármaco, la autobiografía que acaba de publicar en Random House.

«Me preguntaba por qué me estaba pasando, dado que no me había sucedido nada concreto, no había ningún motivo aparente que hubiera podido desencadenar tal estado. Me intrigaba mucho la situación», confiesa. A la hora de abordar el tema de la depresión, Sánchez tenía claro que ni quería elaborar un libro técnico ni redactar un volumen de autoayuda. «Buscaba un libro híbrido que se pudiera leer como literatura», cuenta. «Quería contar una enfermedad mental de forma literaria», abunda.

Las pequeñas notas que iba tomando las pasó a ordenador. Al principio, el ritmo de escritura era lento debido a los estragos de la patología. «Pero en 2020 ya estaba mejor y le puse una línea narrativa [fragmentaria] a todo aquello», comenta.

«Este libro sí es una autobiografía porque todo es verdad, aunque es cierto que quizá hay emociones elevadas y recuerdos distorsionados, así es la memoria», reconoce.

La línea narrativa le llevó a escarbar en su infancia. «La depresión es algo físico e incluso genético, de acuerdo que tiene una explicación biológica, como es la falta de una serie de sustancias en el cerebro, pero yo pensaba que también debía haber causas externas», sostiene. En ese mirar al pasado, cayó en la cuenta de que siempre había sido la rara de la clase, una niña apartada. «Vivíamos en el Port d’Andratx, en un sitio aislado, rodeado de naturaleza y con animales», evoca. «Era una niña emotiva y social, pero no llegaba a un entendimiento con la gente, por lo que se producía una incomunicación constante. Ahora ya me sucede menos. Pienso que todo esto en un niño produce una indefensión enorme, es una indefensión ante el autoritarismo de tener que ser de una manera normativa», subraya.

«Al final he escrito sobre una serie de cosas que tenía enquistadas y espero haber sido sutil con todo el mundo», reflexiona. «Y lo hago desde la infancia, un terreno muy salvaje, muy vallado a la vez por las normas. Una época que al final es la búsqueda de la identidad».

«Cada vez conozco a más gente de 30 años con depresión, gente que conoce el fracaso por lo que le vendieron sus padres sobre el mundo, personas sin un proyecto de vida».

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