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Con ciencia | Herencias

El uso extensivo de las técnicas para la recuperación de material genético antiguo desarrolladas gracias a los trabajos de Svante Pääbo, al frente hoy del Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology de Leipzig (Alemania), han permitido hazañas científicas como la de poder hacerse con el genoma completo de una especie que figura entre nuestros ancestros pero de cuyo fenotipo nada se sabe. Una ignorancia que lleva al extremo de no haber podido recibir nunca una denominación técnica al estilo de la nuestra, Homo sapiens, porque las reglas de la taxonomía linneana obligan a caracterizar al menos algunos de los rasgos fenotípicos; a falta de su género y especie, llamamos a esos seres «denisovanos». Pero el conocimiento detallado de su código genético permite hacer comparaciones con las poblaciones humanas actuales y detectar qué huella dejaron gracias a las hibridaciones que se producirían en su momento entre los «denisovanos» y los humanos modernos que estaban colonizando Asia y Oceanía.

El último ejemplo lo ha aportado el equipo dirigido por dos investigadores, Etienne Patin y Luis Quintana-Murci, pertenecientes a la Unidad de Genética Evolutiva Humana en el Instituto Pasteur del CNRS (París, Francia) —el equivalente a nuestro Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Con Jeremy Choin —integrante también de la misma unidad del CNRS— como primer firmante se ha publicado en la revista Nature un trabajo en el que se describe la obtención del genoma de alta cobertura de 317 individuos pertenecientes a 20 poblaciones de la región del Pacífico que coincide con el área de Oceanía que se cree que corresponde a los territorios ocupados por los primeros humanos modernos que llegaron a ese continente.

El interés de un estudio genético tan amplio se deriva de que la población actual de Oceanía es la que presenta en todo el mundo los niveles más altos de herencia combinada recibida de los neandertales y los «denisovanos». Dicho de otro modo, los flujos de población han respetado esa herencia antigua, desaparecida casi ya en el Este de Europa y el Oeste asiático, que es de donde proceden esos ancestros remotos. Pero la herencia que se conserva indica diferencias importantes entre los distintos grupos del Pacífico. El trabajo de Choin y colaboradores concluye la presencia de mestizajes independientes entre las poblaciones arcaicas de las tres especies («denisovanos», neandertales y humanos modernos) que legarían a los únicos que quedan de ellos, nuestros congéneres de las poblaciones oceánicas actuales, ventajas adaptativas considerables. Los autores indican, por lo que hace a la herencia neandertal, ventajas para el metabolismo, la pigmentación y el desarrollo neuronal, mientras que los «denisovanos» legaron beneficios relacionados con el sistema inmunológico.

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