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Cautela ante el criptoarte

El mallorquín Pau Waelder, experto en arte digital, explica que el nuevo sistema para registrar obras, llamado NFT, está provocando una burbuja y aboga por discernir «lo que merece la pena»

La pieza que el artista Beeple ha creado con un collage de 5.000 imágenes, una cada día, y que se ha vendido en Christie’s por 58 millones de euros.

La pieza que el artista Beeple ha creado con un collage de 5.000 imágenes, una cada día, y que se ha vendido en Christie’s por 58 millones de euros.

El dibujo animado de un gato volador que deja la estela de un arcoíris (el gif Nyan Cat) ha sido vendido por casi 500.000 euros; el primer tuit de la historia, enviado por el cofundador de Twitter, se ha subastado por 2,4 millones; y la prestigiosa casa Christie’s ha adjudicado su primera obra de arte íntegramente digital por más de 58 millones. Los tres ejemplos son NFT (No Fungible Token), «un nuevo sistema para registrar una obra, que no tiene nada que ver con un estilo o una tendencia artística, pero como lo llaman criptoarte se presta a confusión», explica el experto en arte digital Pau Waelder. «Los NFT son como las criptomonedas inventadas en 2008 con la particularidad de que cada uno es único, no existe otro igual, por lo que muchos artistas han empezado a crear archivos digitales (imágenes, gifs, vídeos...) y les han asignado un NFT», tal como detalla el mallorquín.

¿Y para qué? «Quien posea este certificado de autenticidad es el propietario de la obra y la puede vender como en el mercado del arte tradicional, en el que cada cuadro tiene su correspondiente certificado. La diferencia con el arte digital es que uno no tiene la pieza colgada de la pared, sino en un archivo que antes (cuando no había NFT) se podía reproducir tras ser subido a internet. Para los artistas era un grave problema, porque ¿cómo demostraban que tenían la obra original y quién iba a pagar por ella si todo el mundo se la podía descargar?», pregunta retóricamente Waelder. Con esta explicación previa aclara una de las razones de las cifras astronómicas que se han desembolsado estos días en el mercado del arte: «Nadie compra un original que se puede obtener gratis, sino que quiere una pieza única». A este motivo añade que «tiene mucho más valor algo conocido o de un artista famoso que una obra que solo ves tú y tus amigos».

Nyan Cat, adquirido por cerca de 500.000 euros.

Nyan Cat, adquirido por cerca de 500.000 euros.

Ahí radica el éxito de Nyan Cat, que hace una década se convirtió en un fenómeno en internet y ahora un inversor ha comprado su NFT. En cambio, el récord que ha marcado en Christie’s la venta de Everydays: The First 5000 Days, del artista conocido como Beeple, se debe a que ha sido adquirida por una empresa dedicada a la compra de NFT. «A partir de una operación millonaria, se genera otro mercado», como argumenta Waelder, que reconoce que «este nuevo fenómeno tecnológico ha generado una locura absoluta y ha pillado por sorpresa al mundo del arte contemporáneo, que de repente se ha encontrado con gente invirtiendo millonadas por un archivo digital».

Burbuja vs. calidad

El también comisario de arte cree que «la situación actual es una burbuja donde se han metido ilustradores, expertos en 3D y gente a la que le gusta coleccionar imágenes curiosas», que se han mezclado con artistas «consolidados, con obras de calidad y que llevan exponiendo y vendiendo arte digital desde hace años». Esta democratización, debido a que «cualquiera puede vender NFT y todo el mundo ha visto con esto dinero fácil», ha provocado el boom. Por ello, el experto anima a «realizar una selección para ver lo que realmente merece la pena, lo que tiene un trabajo serio y un concepto detrás, frente a lo que dentro de seis meses no tendrá ningún valor», resume.

Otra obra digital de Beeple, que se ha hecho millonario.

El galerista Frederic Pinya, de Pelaires, también achaca el éxito a que «cuando se habla de dinero y se dan cifras astronómicas, todo el mundo pone los ojos en ello». Sin embargo, opina que es muy pronto para valorar el criptoarte. «Es signo de un cambio, como los que se están produciendo a otros muchos niveles, ya que el arte es un reflejo de lo que sucede en nuestro entorno», pero no teme por el futuro de las galerías físicas porque «no se puede comparar estar ante una obra con verla en una pantalla, que no transmite lo mismo. Hay que ser muy cauto cuando hay novedades». Waelder espera que los NFT «dejen de ser titulares para pasar a ser notas a pie de página, algo estable, ya que permite registrar los trabajos, pero no hay que olvidar que el arte no tiene nada que ver con esto».

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