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Joan Bibiloni: «Sin diversión, experimentación y curiosidad, no hay creación»

Su último trabajo es ‘Collage’, un ejercicio de manipulación de audio que contiene cinco partes, tres de las cuales ya se pueden escuchar en las redes, y que «probablemente» saldrán en formato vinilo y cedé

Joan Bibiloni se enfrenta a Collage, “un ejercicio de convivencia vital”

¿Cómo se encuentra de salud, tras dos operaciones recientes?

Bien. Tuve dos operaciones por cálculos renales coraliformes que me imposibilitaron mantener un ritmo ‘duro’ para tocar la guitarra. Me afectaba a un tema puramente postural, no intelectual, aunque luego también toca el intelecto. Ayer mismo, no hace dos meses, estuve ejercitando con la guitarra, y pienso seguir haciéndolo.

Su nueva aventura es un ejercicio de intimidad, una serie sonora resultado de horas y horas de trabajo en el estudio, confinado, como siempre lo ha estado.

Collage es un ejercicio de convivencia vital conmigo mismo. De mirarme en el espejo, de escuchar mucha obra propia.

¿Dónde se puede escuchar?

De ese ejercicio han salido cinco partes de las cuales tres ya están subidas en las redes, Damunt Sa Roca y Peces rítmiques de Silencio Roto/Silencio Roto Rythmical Beats, y la última, Inspirational uncomposition (Inspiración sin nombre), desde el pasado viernes. Una pieza que no será la banda sonora de un anuncio de cervezas o de cava con estrellitas. Es otra cosa, no tiene nada que ver con eso. Pido paciencia para escuchar esta música, primero porque hay mucho material, todavía tengo pendientes Onírica y Calaix de sastre/Unsorted stuff, y después de esto, ya veremos qué sale, porque estoy a veces, o casi siempre, nadando a contracorriente.

¿Se ha planteado darle una forma física a estas cinco ediciones temáticas?

Está previsto hacer un resumen y es probable que salga una edición doble en formato vinilo y cedé.

Joan Bibiloni, oculto tras
su guitarra, el instrumento
que le ha acompañado toda la vida. |  ANITA SANCHO

Joan Bibiloni, oculto tras su guitarra, el instrumento que le ha acompañado toda la vida. | ANITA SANCHO

¿Por qué ha decidido nadar hacia la orilla de la manipulación sonora?

Debido a esas operaciones y a tonterías como que los años pasan nació precisamente Collage. La manipulación de audio fue y es de las pocas actividades que puedo realizar con más comodidad física y que es compatible con mi 52 por ciento de minusvalía y da mucha libertad creativa, además de ayudarme a tener familiaridad con los orígenes de todo. Hay que cocinar con lo que hay en la despensa, ahí se descubren muchas cosas. Se convive con el espíritu de supervivencia sentimental, emocional, intelectual...

¿Y qué tiene en la despensa?

Pues eso, canciones y sesiones de estas canciones y de músicas instrumentales, para documentales y mil otras cosas las cuales por suerte pueden convivir de una manera sonora, como lo he hecho, manipulándolas con un programa de edición de audio, cortándolas, como si hubiera abierto una caja de fotos y hubiera empezado a recortar, como un collage. Collage es un ejercicio de manipular audio, diverso, diferente, sorprendentemente sorprendente, casualmente casual, con el que he ido jugando, creando, pegando, sin orden, desafinándolo, reverberándolo, construyendo ambientes... La manipulación sonora no es algo que haya inventado yo, muchos han convivido con ella.

Como los Beatles, un ejemplo de maestría con los efectos de estudio.

Los Beatles se dedicaban a hacer locuras con sus canciones, con cintas al revés y tijeras, y resulta que fueron número 1. La manipulación del audio está a la orden del día, unos lo hacen con más gracia, y otros no, y yo me he tirado al rollo más locuelo.

¿‘Locuelo’?

La pieza que estrené el pasado viernes, Inspirational uncomposition, insisto, no va a ser la campaña de ninguna marca de cerveza, con todo el respeto a quienes hacen ese tipo de anuncios y componen su música. A mi edad, aunque esté equivocado, digo las cosas por su nombre y esos anuncios me parecen una gilipollez.

¿Cómo debemos entregarnos a su nueva obra musical?

Se puede escuchar, pero sin darle importancia. Se tiene que escuchar de arriba a abajo, pero no con una liturgia diagonal. Por suerte aun hay gente que lee libros, y también hay gente que escucha sonidos. Tienen que leer esta música con el mismo interés y actitud con la que pueden leer un libro. Pueden ponerse unos auriculares y no hace falta que enciendan incienso. Simplemente unos auriculares y... pa dentro. 21 minutos, y ya verán si se cagan en este señor o no.

Maldito el día que perdimos el hábito de escuchar música.

Lo perdimos, sí. La gente no tiene tiempo para estas cosas, salvo una gran minoría, a la que hay que intentar llegar.

Todo esto lo concibe como un juego. ¿Sin diversión no hay creación?

Sin duda. Sin curiosidad, sin experimentación, sin ánimo, sin mensaje, sin coratge, no hay creación. Yo estoy todo el puñetero día dándole. Tengo tantas cosas pendientes. Ayer mismo acabé otra cosa. Esto es algo mío que voy haciendo, nace de la necesidad, de la impronta, de que si yo saco un poco de pan del horno cada día tengo la sensación de que vale la pena vivir. No es que me ponga un poco existencialista, porque existencialista lo he sido toda la vida. Cuando me pongo los auriculares y empiezo a cojonear se me van todos los males, ¡y mira que tengo! Con la música uno se encuentra ligeramente mejor, es una maravilla.

«Sin diversión, experimentación y curiosidad, no hay creación»

«Sin diversión, experimentación y curiosidad, no hay creación»

Dice un amigo suyo, el pianista Andreu Riera, que su propuesta es «un auténtico masaje sonoro que relaja y activa todas las neuronas».

Es probable, pero para que un masaje sea dado tiene que haber un emisor y un receptor. Carlos Agustín hace un ensayo muy preciso sobre la tercera obra de Collage, Inspirational uncomposition, que habla sobre la danza de Shiva, de la construcción y la destrucción, de las dos caras de la vida, de la balanza. Quienes han escuchado esta pieza me dicen que inquieta y tranquiliza al mismo tiempo. Compatibilizar esas dos sensaciones, estos dos estados de ánimo en uno, no es fácil.

A mí me ha evocado un sinfín de imágenes.

Sí, pero la evocación va a cuenta tuya. Hay miles de imágenes para una música y miles de músicas para una imagen.

¿La experimentación siempre ha sido una constante en su oficio?

Sí. El cortar/pegar siempre ha sido una constante. Antes de ir a vivir a Palma, cuando estaba en Manacor, yo ya tenía un Revox. También lo tuve en los años del Centro de la Guitrarra, en donde vivía. Cuando me iba a Londres, volvía con unas cuchillas y regletas, para cortar cinta y pegarla. En aquel tiempo hacía mucha edición cortando cinta. De hecho hay una pieza mía, no en este Collage, una especie de rap de Deborah Carter, que lo hice con trozos de cinta, el sampler aun no existía. Era una versión ‘disco’ de The Tug, canción de Papi are you ok?

El estudio, un laboratorio en el que crear y dejarse sorprender.

Todo vale. En un estudio puede haber una toma de una pieza que quede magistral y no la toques, eso es lo que hay, y así se queda. Luego está lo otro, la manipulación: tocar, girar, mover, poner cap baix-cul alt... Aun no he encontrado una aplicación de eso que llaman plugin con la que puedas manipular en digital lo que yo, a veces, he manipulado en analógico. Es como si vieras, oyeras, en cámara lenta pero con una calidad de 35 mm de cine. Recuerdo con nostalgia el botoncito various speed del multipistas analógico. No me consta una aplicación en digital, tan fiel como esta. Si alguien sabe si existe, que me lo diga, me alegraría la vida.

¿Recuerda la primera vez que pisó un estudio?

Tenía 15 años y lo hice de suplente. El cantante hacía la mili y no podía viajar a Barcelona. Me estrené en los estudios de EMI. Fui con el Grupo 15, uno de los grupos que había por la zona de Manacor. Aun recuerdo el olor del avión Caravelle que me llevó hasta Barcelona, y también el olor de aquellos estudios. Recuerdo cantar La lluvia, el parque y otras cosas, de The Cowsills, con mi acento manacorí. La canción quedó muy profesional, pese a que la canté sin auriculares, con un solo monitor.

Joan Bibiloni.

Joan Bibiloni.

¿Le asalta la melancolía al revisitar antiguas grabaciones?

La verdad es que he convivido y me he emocionado muchas veces, no creando un estado de nostalgia enfermiza, al contrario, de simpatía, de agradecimiento, de un recreo y de una reactualización de ese recuerdo. El reencuentro con unos amigos: Wally Fraza, Jorge Pardo, Larry Coryell, Javier Mora, Concha Buika, Paquito d’Rivera, Alfonso Pérez y tantos otros. Ha sido como volver a acariciarles otra vez, me ha llenado de satisfacción. El hecho de que el 99 por ciento sean cosas grabadas no ha quitado que yo me pusiera en contacto con Jorge Pardo, Javier Mora, Tolo Servera, en Llorençet Barceló y Alfonso Pérez, el pianista que está todo el día detrás de Alejandro Sanz, para pedirles complicidad. Pardo, por ejemplo, me envió una flauta y me dijo: haz lo que te salga de los cojones. Todos los demás, aparte de Jorge, también aceptaban que les manipulara... confían en mí...

Un músico, Jorge Pardo, al que conoce desde sus inicios.

A Jorge Pardo, nombrado el mejor músico de jazz de Europa en varias ocasiones, le produje, con placer, su primer trabajo en solitario. A Jorge le conocí porque con su hermano Jesús, cuando nos íbamos Pepe Milán y yo a tocar por Madrid, estábamos muy conectados. Milán y Bibiloni fue una especie de acontecimiento musical que gustó a mucha gente. Cuando escuché a Jorge, que por aquel tiempo tocaba más la flauta que el saxo, me dije: este tío es una maravilla.

Pardo está en su Joana Lluna, del que ahora se cumplirán 40 años. ¿Qué significó para usted aquel trabajo?

Con Joana Lluna descubrí que podía hacer canciones en mi idioma. También, la capacidad de síntesis a través de canciones. Yo venía del rock, del Centro de la Guitarra, de tener una Gibson Les Paul a comprarme una Martin D35. Y me tiré a la acústica porque me di cuenta que con la eléctrica era un guitarrista aceptable pero me ponían una acústica en la mano y no sabía qué puñetas tocar.

¿Alguna vez ha sentido la desidia en su trabajo?

No, lo único que he sentido es ‘impotencia’. A veces he tenido la sensación de que si hubiera estudiado un poco más aun podría manejarme mejor en el medio, pero es lo que hay. Desidia, nunca, al contrario. Sí he convivido con elementos externos, ajenos, que sí podrían haberme provocado desidia u otra emoción que pusiera en peligro seguir siendo músico, artista.

En corto

¿Produciría un disco a Valtònyc?

¿Por qué no? Le diría que me mandara el repertorio y si me gusta... A quien me hubiera gustado producir es a Lola Flores porque hacía unos rap de cojones.

¿Le daría el indulto al rapero Pablo Hasél?

Por supuesto, como también se lo daría a quienes hacen apología del fascismo. Sin embargo, a estos no los han encerrado. Todo el mundo tiene derecho a opinar. 

«Mantengamos la esperanza viva porque sin ella nos hundiremos». Palabra de Lennon.

«Los humanos somos seres muy crueles. Nuestra raza es como para renunciar a ella». Esta, creo que es mía.

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