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Crítica de cine | ‘Pequeños detalles’: reciclaje ‘noir’

Denzel Washington en 'Pequeños detalles'

Denzel Washington en 'Pequeños detalles'

Si Pequeños detalles hubiese visto la luz en los 90, cuando su guion fue escrito, tal vez habría sido capaz de exhibir cierto toque de distinción. Estrenada ahora, en cambio, esta historia de una pareja de detectives antagónicos que persiguen a un asesino solo logra recordarnos otras películas mejores, en buena medida porque explota los clichés del género con tanto descaro que por momentos parece una parodia de la que, eso sí, alguien ha extraído los chistes. Mientras trata de transitar entre la intriga policial y el thriller psicológico, más concretamente, el director John Lee Hancock evidencia sufrir un empacho tan grande de películas de David Fincher que bordea el cólico. No solo toma prestado el pesimismo de Zodiac, causado por la transformación del deber profesional en obsesión personal, sino también tantos elementos estéticos, argumentales y simbólicos de Seven que, al final, casi se echa de menos la aparición en escena de una cabeza metida en una caja.

Hancock, es cierto, deja clara su habilidad a la hora de generar suspense y componer imágenes sugestivamente noir, y muestra un bienvenido interés en la inteligencia y la meticulosidad requeridas para cazar a un criminal -o al menos requeridas varias décadas atrás, cuando los teléfonos móviles aún no existían-; pero todo eso se ve saboteado por una narración que se las arregla para resultar predecible y a la vez ilógica, por las prisas que Hancock denota a la hora de explorar las complejidades morales de los personajes, y por la torpeza con la que acerca los comportamientos de algunos de ellos al absurdo con el único fin de proporcionarnos un inverosímil giro final.

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